“Lo característico de la vida actual no son la inseguridad y la crueldad, sino el desasosiego y la pobreza”: George Orwell (1903-1950).
 
Tremenda suspicacia, pero sobre todo desconfianza, es la que genera entre los ciudadanos mexicanos el hecho de que sus datos personales, confiados a una institución del Estado como es el Instituto Federal Electoral que emite la credencial para votar —y a su vez funciona como identificación personal para todo tipo de trámites—, o depositados en cualquier otra dependencia, como el Registro Vehicular o la licencia para conducir, estén a disposición de cualquier comprador en el antiguo barrio de Tepito, conocido centro de venta de fayuca en la Ciudad de México.
 
Se sabe que en ese espacio que pelea por su cultura —en otro tiempo semillero pugilístico y ahora comercial—, ubicado rumbo al norte del zócalo a la distancia de unas 10 manzanas, se consigue de todo tipo de mercancías “chuecas y derechas” como mercado negro que es. No es ningún secreto para los capitalinos y menos para las autoridades policiacas, locales y federales.
 
Pero lo que resulta increíble es que listados completos de datos, con santo y seña de todos los mexicanos —credencial con fotografía, datos como direcciones, números telefónicos y hasta fichas policiacas de identidad— estén a disponibilidad en un solo paquete de quien pueda pagarlos a un precio de 12 mil dólares (153 mil pesos), como lo denunció el lunes una investigación de El Universal.
 
Se trata no sólo de un delito que, como ha dicho la titular de la Fepade, Arely Gómez González, la PGR investigará de oficio, sino de una tremenda falla de las dependencias de gobierno y del Estado, como el responsable de salvaguardar los datos de las personas que confían su identidad para efectos de registro, archivo y todo tipo de trámites, como ocurre con el manejo de datos del IFE.
 
Recuérdese que ya en mayo de 2003 se descubrió que a finales de 2001, la empresa Choice Point le vendió al gobierno de Estados Unidos bases de datos de uso exclusivo del Estado mexicano. Por las indagatorias se determinó que la empresa Soluciones Mercadológicas en Bases de Datos, vendió en 335 mil dólares a Choice Point la base de datos del padrón electoral del IFE, con información de 58 millones de identificados y votantes inscritos.
 
Entonces el IFE demandó a los traficantes por los cargos de revelación de secreto, delito de tipo electoral y además por traición a la patria. Pese a que se dictó sentencia condenatoria en contra de cuatro personas involucradas, y un tribunal condenó a una de las implicadas a un pago de mil 658 millones 589 mil 135 pesos por el daño causado al IFE, un juez federal les dictó “suspensión definitiva” y obtuvieron su libertad en enero de 2004, con tan sólo el pago de una fianza de 96 mil pesos. En otras palabras, que el delito cometido en contra de los mexicanos quedó más o menos impune, y los datos del padrón en manos de estadounidenses.
 
Si entonces, desde luego, el riesgoera grande, ahora lo es todavía más por los problemas de la coyuntura nacional. Pero resaltemos tan sólo dos que son circunstanciales: 1) la cercanía del proceso electoral que se realizará en varios estados, donde nadie dudaría un manejo turbio de datos oficiales como los de la credencial electoral; 2) la delincuencia desatada que tendría en sus manos datos completos en caso de plagio, de robo a casas habitación, negocios, coches u otro tipo de delito.
 
La información está disponible en tres memorias externas de 160 gigas cada una, dice la nota de El Universal. Como “uno de los archivos denominado Casetas Telmex, con los números de todos los teléfonos públicos del país, les permite (a las corporaciones policiacas) rastrear llamadas relacionadas con secuestros o extorsiones, un trámite que les tomaría unos cinco días, si lo hacen ante la compañía”.
 
Según datos recabados por la reportera del caso, “otro archivo incluye datos de las policías del país, con fotografía de sus elementos, número de placa y lugar donde están adscritos”. Sobre esta información, según palabras de la fuente consultada: “Los delincuentes ya saben con quién llegar, a quién amenazar, pues cruzando datos con la lista del padrón electoral obtienen hasta sus domicilios y ubican a su familia para presionarlos”.
 
Está disponible también, “la identificación de todo el parque vehicular del Servicio Federal, donde está incluido el transporte de carga. Ahí se detallan marca, modelo, placas y tipo de carga que transportan, desde electrodomésticos y abarrotes hasta material explosivo y las rutas”. Incluye la población carcelaria. Tamaña amenaza.
 
Porque eso no es todo, pues “la información la han adquirido tanto grupos del crimen organizado como agentes policiacos que la utilizan para trabajar, ya que en sus corporaciones no tienen esa disponibilidad de datos”. Por eso, por el origen ilícito, el mercado negro de Tepito, es que levanta suspicacia que la venta de la información ciudadana tendrá mal uso. Y no es de pensar mal, es que de entrada se habla de algo que anda mal. Se trata de un ilícito que atenta contra la seguridad de las personas, no sólo de la ciudad de México sino de todo el país.
 
Por eso, como lo han dicho algunos especialistas, los datos en manos del gobierno no son confiables. Por eso, salta luego luego la interrogante sobre el destino del Renaut. Tan sólo porque no previó el registro de los homónimos. Nació con una legislación torcida, o por lo menos de corto alcance.
 
Por tanto es urgente el resguardo de los datos. Como dice el especialista en temas de seguridad de la UAM, José Luis Pyñeiro, “el primer paso sería que hubiera servidores públicos que pudieran ser responsabilizados de este manejo, pues actualmente la ausencia de estos controles estrictos nos de elementos para suponer que puede haber un uso discrecional o comercial de la información”.
 
O como dice el presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita, que “si los datos salieron del instituto se presentarán las denuncia correspondientes”, a la “escandalosa y preocupante” venta de base de datos en Tepito, como califica la titular del IFAI, Jacqueline Peschard. No es para menos el asunto.