El Consejo de Defensa Sudamericano cumple un año. Se trata de una iniciativa inédita, de una pieza clave para el futuro regional. Sin embargo, aún no ha mostrado avances significativos.
 
Hace apenas algo más de un año, el 11 de marzo de 2009, los ministros de Defensa de los 12 países de Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR) pusieron en marcha, en Santiago de Chile, el Consejo de Defensa Sudamericano, organismo para promover la cooperación entre las distintas Fuerzas Armadas, generar operaciones de paz conjuntas y dar transparencia a los gastos militares. 

En nacimiento del Consejo fue forzado por una situación traumática para la región que requería señales claras para su no reiteración futura: En mayo de 2008, Colombia ejecutaba una intervención militar no autorizada en territorio ecuatoriano en la que resultó muerto Raúl Reyes, número dos de la guerrilla colombiana FARC. 

Desde entonces poco se ha sabido del Consejo de Defensa Sudamericano, a pesar de que no han faltado condimentos para complicar la situación militar sudamericana

El “sentido común” pareciera indicar que cualquier intento de integración regional en el ámbito de la defensa y de la seguridad no se podrá obtener mientras no se consiga que los Estados aspirantes a la integración estén consolidados fronteras adentro de sí mismos, interconectados por una infraestructura aceptable y con un adecuado nivel de integración política. 

Además podría decirse que la integración se facilitaría si los Estados mantienen entre sí una avanzada vinculación en las esferas de infraestructura y generación energética. 

Sin embargo, el establecimiento de las condiciones anteriores podría demorar años y no es posible pensar en que las eventuales amenazas simplemente se sentarán a esperar

Por un lado parece aconsejable trabajar aceptando que los proyectos demandarán una estrategia sin tiempo para el desarrollo, pero por el otro las medidas y los acuerdos básicos no deberían retrasarse, para enviar señales claras al resto de la comunidad internacional en el sentido de que hay acuerdos de defensa y que dichos acuerdos son capaces de generar la resistencia inmediata a cualquier agresión

Con pocas excepciones, los países de Sudamérica no deberían tener dudas acerca del sentido general que convendría adoptar en materia de Defensa Regional Integrada. 

El actual escenario internacional que pone en riesgo la conservación de los recursos naturales dentro de sus soberanías, lo que debería alcanzar para ser la base de una estrategia común. 

La aparición de publicaciones que dan como consumada la perdida de la Amazonía como territorio nacional brasileño; los avances de la inteligencia estadounidense sobre la zona de la Triple Frontera; la reactivación de la IV Flota; el avance británico sobre las Islas Malvinas o el recalentamiento progresivo de la frontera entre Colombia y Venezuela, son algunas razones que justifican la confluencia de Estrategias Nacionales en materia de defensa. 

Las amenazas de naturaleza transnacional requerirán de soluciones multilaterales y es ahí donde la integración se vuelve fundamental para su neutralización efectiva. Si no es posible consolidar materialmente Fuerzas Armadas integradas, al menos sí deberían acordarse cuestiones de solidaridad de defensa y publicitarlas ante el mundo

No se pueden construir alianzas sin superar desconfianzas mutuas y sin tener intérpretes que comprendan enteramente por dónde pasan los detalles de la unión. En el caso Sudamericano, la permanencia de ideas ancladas en conceptos fundados en la supremacía nacional, sumadas a chispazos bélicos del pasado, contribuyen también al retraso en el desarrollo de la integración militar

La perdida de la salida al mar de Bolivia en manos de Chile; la cuasi guerra entre Chile y Argentina por cuestiones limítrofes en el canal Beagle; las diferencias entre Argentina y Uruguay; el control económico del Río Paraná o simplemente las inercias nacionales de seguir creyendo en conflictos pasados, contribuyen a la desconfianza; fuerzan a un lento ritmo de marcha en la integración en todos los ámbitos y sensiblemente en el área de la Defensa. 

Si tenemos en cuenta la experiencia de integración militar europea, debe ponderarse que esta se basa en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). A la fecha, la defensa de la Unión Europea no ha podido prosperar como proyecto propio sin poder desprenderse de la fuerza militar de Estados Unidos

Su organización ha debido contemplar el reparto del poder militar de cada país, asignando roles definidos dentro de la concepción de la guerra moderna. Así, a Gran Bretaña le ha tocado en suerte desarrollar la capacidad de guerra antisubmarina o a Alemania en rol de minado o anti minado del Mar del Norte, mientras que el rol preponderante de ataque desde portaaviones o bases en tierra le ha quedado reservado a Estados Unidos

Para una integración militar pareciera que los integrantes de la alianza deben renunciar al todo de la guerra y contentarse con cumplir un rol de partes. Con desconfianzas a cuestas o problemas latentes… ¿serían capaces los países de Sudamérica de superar “egos” y aceptar un reparto así? ¿Están en condiciones intelectuales de metabolizar la nacionalidad sudamericana por sobre todas las cosas? 

La gran ventaja reside en que, en comparación con otras experiencias integristas de defensa y seguridad regional, Sudamérica tiene los objetivos delante de su nariz

Siguiendo con las comparaciones, la mayor parte de los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no pertenece ni a la OTAN ni a la Unión Europea (UE); seis de los países miembros de la UE tampoco pertenecen a la OTAN (Austria, Chipre, Finlandia, Irlanda, Malta, Suecia). No obstante, una confusión parece instalada entre las tres estructuras y esta apunta a extender el perímetro geográfico de la organización militar y a confiarle misiones de “estabilización” que exceden ampliamente sus talentos y su jurisdicción. 

Invocando la idea de un planeta sin fronteras, el Parlamento Europeo dictó una resolución, en febrero de 2009 acerca del rol de la OTAN en la arquitectura de seguridad. 

Dicha resolución contemplaba que en materia de “fenómenos como el terrorismo internacional, la delincuencia organizada, las amenazas cibernéticas, la degradación ambiental, los desastres naturales y otros”, debía estrecharse la asociación entre la Unión Europea y la OTAN. 

Mientras tanto, los intentos por crear una unión de defensa europea extra OTAN han fracasado y los que siguen en curso no son significativos. 

Sudamérica no debe soportar la intromisión de la OTAN y se encuentra en el momento justo de aprovechar las experiencias ajenas para instrumentar soluciones propias. 

Además cuenta con la clara experiencia argentina que supo capitalizar en leyes la diferencia entre seguridad y defensa, cuestión nada menor en la que hasta los europeos parecen confundirse a pesar de miles de años de historia militar a cuestas. 

La creación del Consejo de Defensa Sudamericano proporciona a la región de una herramienta, en principio, de inestimable valor disuasivo y dadas las circunstancias, deberían acelerarse los pasos que impulsen una integración completa que se manifieste en términos de doctrina, medios y personal. 

No será lo más prolijo, pero las amenazas no esperan 

 
– Diego Ghersi | Desde la Redacción de APM
APM | Agencia Periodística del Mercosur | Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Universidad Nacional de La Plata. http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=4607