La conquista de América fue la más grande operación de colonización jamás emprendida, su Independencia, la mayor gesta de descolonización jamás culminada.  Tras ésta, los países liberados comprendieron, como lo haría después el Movimiento de los No Alineados (MNOAL) la necesidad de la unidad.  Las colonias inglesas se consolidaron como Estados Unidos.  Bolívar liberó lo que ahora son seis países.  Con tres de ellos constituyó el enorme bloque de la Gran Colombia, y en 1826 intentó consolidar una unión entre los pueblos americanos en el Congreso Anfictiónico de de Panamá, como muralla contra los intentos de Reconquista de la Santa Alianza, instrumento de colaboración económica y árbitro de las comunicaciones gracias al proyectado Canal de Panamá.  Estados Unidos preservó su unión, expandiéndose a costa de sus vecinos hasta convertirse en la primera potencia del mundo.  América Latina se dividió, fragmentando lo que habían sido cinco virreinatos y cinco capitanías en 25 países, cuya debilidad permitió que fueran dominados.

Emancipación política y dependencia económica

En América Latina se planteó, antes que en el Movimiento de los Países No Alineados: que tras luchar por la emancipación política hay que hacerlo por la económica, estratégica y cultural.  Costeamos las armas para nuestras Independencias con demoledoras deudas externas que hipotecaron nuestro futuro.  Haití debió indemnizar a los antiguos propietarios de esclavos con el equivalente de 20.000 millones de dólares actuales.  La Gran Colombia inició su vida debiendo 10 millones de libras esterlinas, deuda que se repartió cuando a su vez la gran unión se fragmentó en tres países.  Estados Unidos asumió el proteccionismo como invariable camino hacia el desarrollo económico.  América Latina suscribió tratados de libre comercio que le prohibieron la protección de sus industrias y exportaciones y no frenaron el disimulado proteccionismo de las potencias.  Para América Latina la Independencia política equivalió, como para muchos de los No Alineados, a una rotación de metrópolis. 

Estados Unidos, de colonizados a colonizadores

América Latina experimentó, como luego los Países No Alineados, que algunas colonias liberadas pueden oprimir a otras.  Desde finales del siglo XIX Estados Unidos intentó imperar en el hemisferio valiéndose de la Doctrina Monroe, de medio centenar de intervenciones armadas, y de organizaciones como la Unión Panamericana desde 1899, o la Organización de Estados Americanos desde 1945.  Desde esa fecha, un Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca nos obligó a intervenir militarmente contra supuestas agresiones “extracontinentales”, cuya evidencia sería la inclinación del país víctima hacia cualquier política socialista o progresista.  A la conferencia fundacional del Movimiento de los No Alineados en Bandung en 1955 no asistió ningún país latinoamericano.  América Latina y el Caribe parecían el “Patio Trasero” de Estados Unidos. 

América latina y el caribe desafían la hegemonía

A dos años apenas de la Conferencia de Bandung, desde 1959 Cuba enseña cómo se puede cohesionar a un pueblo para resistir dos intervenciones militares directas y un indefinido bloqueo apoyándose en el juego bipolar pero sin ceder la soberanía.  Tras numerosas tentativas sofocadas por la intervención abierta o encubierta de Estados Unidos en Chile y Centroamérica, triunfa otra revolución socialista en Nicaragua, persiste una insurgencia invencible en Colombia y a la vuelta del siglo inobjetables victorias electorales llevan al poder a movimientos socialistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y a candidatos progresistas en Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Argentina y Honduras.  Países como Venezuela, Bolivia y Ecuador recuperan el pleno control sobre sus industrias de recursos naturales y desarrollan políticas de gasto social, alfabetización y educación y salud gratuitas.  El ALCA queda completamente derrotado, mientras se fortalece el Mercosur.  Se crea la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), y con el Consejo Suramericano de Defensa, el Banco del Sur, para relevar al Banco Mundial y al FMI, y el Sucre, el Sistema Unificado de Compensación de Reservas.  La previa alineación se rompe, al extremo de que la Cumbre de 2006 del MNOAL se celebra en La Habana, y en la actualidad son miembros de dicho Movimiento 31 países latinoamericanos y caribeños.  Venezuela mediante el ALBA (Alternativa Bolivariana para América) propone una nueva alianza basada en la colaboración mutua y en la integración regional y no en el interés económico, y abre una política multipolar orientada hacia la colaboración del Sur con Sur, hacia el G-77, los mercados africanos y asiáticos y los integrantes del MNOAL. 

La unipolaridad contraataca

Estados Unidos responde con una agresiva política de Gran Garrote: moviliza la IV Flota hacia el Caribe, establece dos bases militares en Curazao y Aruba, siete bases en Colombia y dos más en Panamá, propicia y legitima un golpe de Estado en Honduras, financia a la oposición de los gobiernos progresistas y ocupa militarmente Haití.  Una vez más, intenta resolver militarmente problemas económicos, sociales, políticos y culturales que no sabe cómo manejar.

La No alineación responde

Las consideraciones anteriores ratifican la perenne validez de la idea que anima al Movimiento de los No Alineados.  La caída del mundo bipolar hace evidente que la diversidad de culturas y de Estados tiene todavía vigencia.  La precaria situación de muchos de los países descolonizados frente a las grandes potencias que todavía pretenden ejercer plena hegemonía y no se resignan al concepto de un mundo multipolar requiere todavía de una liga que permita intercambiar puntos de vista, diseñar estrategias y afirmar el derecho a la supervivencia, a la independencia y a la soberanía de la inmensa mayoría de los países y de los habitantes del planeta. 

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