Si continuarán o no las excavaciones en busca de restos de detenidos desaparecidos por la dictadura cívico-militar en Uruguay, sin dudas es decisión de las nuevas autoridades de Gobierno legítimamente electas mediante elección incontestablemente democrática, extendida en el tiempo y reafirmada por la segunda vuelta.

El derecho de los familiares y de la sociedad a continuar procurando esclarecer los hechos y saber dónde están los compatriotas secuestrados y asesinados por sus ideas políticas, es libre como el viento.

No dejar de indagar es algo más que el acto de excavar y alude a la profundidad de la búsqueda que se intensifica en senderos diversos conducentes siempre a la verdad. Seguir escudriñando y dando a luz lo que está oculto bajo un manto de impunidad es símbolo no solo de que estamos vivos y en nosotros vive nuestra lucha, sino de que vivirán los derechos de los humanos a no dejar morir por inanición la memoria como parte fundamental de la vida.

Esa intensa significación de no ceder a la tentación del olvido, aparente comodidad que nos hace cómplices, es el único antídoto contra el germen del autoritarismo basado en la fuerza de las armas de toda índole que anda por allí sin disimulo aunque al filo de la ilegalidad.

Este 2010 nace a la tradición oriental uruguaya con gobernantes de origen popular en un segundo período de Administración y eso nos brinda un marco de igualdad de todas y todos ante las leyes y de leyes con ponderación de equidad. Eso es  alentador. Estamos en un régimen democrático de derecho y de hecho. Hay garantías del respeto al uso de las prerrogativas legales y del cumplimiento de las obligaciones. Si hay dificultades para acceder a las libertades que nos ofrece un sistema republicano de regulación del Estado, seguro serán satisfactoriamente sanjadas.

Entretanto, la fuerza del dolor y el amor unida en lazos de sangre y tierra compartida en sacrificios de algunos para bien de muchos, en recuerdos de aquellos que se dieron por la causa y lograron para ella la eternidad, no por su martirio sino por la alegría de brindarse al máximo que nos enseñaron a disfrutar, despaciosamente camina hacia atrapar uno a uno a los culpables y cómplices de los crímenes contra la humanidad realizados durante el terrorismo estatal del gobierno de facto.

Tengamos siempre presente que la legislación nace de la demanda colectiva y esta no se agota en una ley inmoral. Lo que no debe morir es el reclamo y la apelación a la Justicia. Más tarde o más temprano de allí surgirán los mecanismos y esa es nuestra ventaja.

De todas formas “nada podemos esperar sino de nosotros mismos” dijo el Padre de la Patria Don José Artigas.

La dignidad de esta pequeña porción del mundo al oriente del Río Uruguay que heredaremos a nuestros hijos exige compromiso.

Si no saneamos esa parte de la historia que a todos duele de diferente manera, nunca podremos encontrar la reconciliación social.

Los africanos yorubas usan este simple proverbio: “La mentira puede correr muchos años. La verdad la alcanza un día.”