Mientras se discute en Copenhague cómo reorganizar las actividades humanas que aceleran los cambios climáticos en escala planetaria y ponen en riesgo la vida de gran parte de los habitantes de la Tierra, no se puede mantener en segundo plano la cuestión del hambre, que volvió a expandirse en el mundo a partir de 2005. La solución de este problema obsceno está íntimamente vinculada a los cambios climáticos. La reunión de la cumbre convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura – FAO, a mediados de noviembre, en Roma, mereció poca atención de los países ricos, cuyos jefes de Estado, excepto el de Italia, sede del encuentro, se abstuvieron de participar.
 
¿Pero cuál es el tamaño del problema? En 2009, la FAO estima que el número de personas subalimentadas es de mil millones, o sea, uno de cada seis habitantes del planeta. Asia participa en ese total con 640 millones de “hambrientos”; África y Medio Oriente, con 310 millones; América Latina, con 53 millones y, créanlo, los países ricos, con 15 millones. Actualmente, cada seis segundos un niño muere de hambre en el mundo y las perspectivas de corto plazo son asustadoras. Según Olivier de Schutter, Relator de la FAO sobre el derecho a la alimentación, “todas las condiciones para una nueva crisis alimentaria (sic) e los próximos dos años están reunidas; no se trata de saber si ella va a ocurrir, sino de saber cuándo” (Fuente: Le Monde, 16/11/2009). A pesar de la afirmación del Relator, la debilidad política de la FAO puede ser constatada al verificar que las proyecciones de reducción del hambre, consensuadas con los países miembros, son revistas sucesivamente y cada nueva previsión es peor: en 1991, fue establecida como meta la reducción por la mitad el número de 840 millones de desnutridos, hasta 2015. En 2005, la meta para 2015 fue elevada de 420 a 750 millones, pero, en lugar de una reducción del número de desnutridos, lo que ocurrió fue un crecimiento para mil millones de personas. (Ver figura abajo, publicada en el periódico conservador Le Figaro, de 16/11/2009.) Además, el encuentro de Roma terminó sin que los países ricos asumiesen compromisos con las demandas de Jacques Diouf, Secretario General de la FAO hace 15 años, sea en términos de aportes financieros solicitados, sea en relación a la propuesta de “Hambre cero”, primera de las Metas del Milenio, establecidos en el año 2000. Irónicamente, hay entre 500 y mil millones con problemas de salud causados por alimentación excesiva o inadecuada. Muchas de esas personas son pobres y sólo tienen acceso a alimentos que “matan” el hambre, pero que no son suficientemente nutritivos y provocan obesidad y otras enfermedades.
 
“La desnutrición aumenta nuevamente”
 
 


Durante el encuentro de la FAO, la Vía Campesina y otras organizaciones sociales realizaron un evento paralelo, en el cual intensificaron la defensa del concepto de “Soberanía alimentaria”, en contraposición a la “Seguridad alimentaria”, divergencia que trasciende la cuestión semántica. En la práctica, la “seguridad alimentaria”, como es entendida por los gobiernos representados en la FAO, consiste en disponer de nuevos recursos financieros para intensificar la llamada “Revolución Verde”, cuyos fundamentos son el desarrollo intensivo de monocultivos en grandes áreas de tierra –comprendiendo la irrigación y el uso de adobos químicos-, el uso de semillas seleccionadas, que rápidamente se confundió con el de semillas genéticamente modificadas, combinado con el uso de agrotóxicos, producidos y controlados por un número reducido de empresas.
 
En cambio, la propuesta de “soberanía alimentaria” reafirmada por organizaciones que congregan pequeños agricultores, trabajadores rurales sin tierra, pobladores de los montes y selvas y pescadores artesanales, entre otros grupos, se apoya en el “derecho humano fundamental para todos los pueblos, naciones y Estados de definir sus propios sistemas y políticas de producción de alimentos”, de forma que asegure el acceso a una alimentación adecuada y saludable para todos, que respete la diversidad cultural de los pueblos, incluyendo los saberes y hábitos tradicionales, alimentarios y lingüísticos. Las organizaciones presentes en el encuentro paralelo redactaron el documento “Políticas y acciones para erradicar el hambre y la desnutrición”, disponible en el portal www.eradicatehunger.org en castellano, francés e inglés, que presenta de forma meticulosa y abarcadora los mecanismos del sistema dominante de oferta de alimentos, así como las alternativas para la superación del problema del hambre en el planeta. En el documento son abordadas: a) las deficiencias y limitaciones del proceso dominante de suministro de alimentos a la población mundial; b) la visión conceptual de soberanía alimentaria; c) las formas de acceso a una agricultura de bases sustentables; d) la relación entre medio ambiente, cambios climáticos y agrocombustibles; e) la relación entre mercados, políticas de precios y subsidios agrícolas; f) el papel de los Estados e instituciones internacionales.
 
El otoño de la Revolución Verde
 
Hasta comienzos del siglo XXI, la Revolución Verde fue enaltecida como responsable por la transformación de la India de país fuertemente dependiente de la importación de alimentos para la de nación campeona mundial en la producción y exportación de arroz, trigo y otros alimentos, aunque haya millones de hindúes desnutridos. El tiempo que las técnicas empleadas funcionan como verdadero doping de las tierras arables hindúes, que poco a poco pierden su fertilidad. Si, en un primero momento, los agrotóxicos funcionan como defensivos contra algunas plagas agrícolas, a lo largo del tiempo favorecen al fortalecimiento de éstas, al surgimiento de nuevas plagas, a la destrucción de microorganismos, parte de la flora y de la fauna responsables por la fertilización natural del suelo, además de afectar a los insectos polinizadores que contribuyen con la productividad de los cultivos. De esta manera, se torna necesario el uso creciente de adobos químicos, para compensar la caída de la productividad, con el consecuente aumento de los costos de producción. Al mismo tiempo, la irrigación intensiva tuvo el doble efecto colateral de bajar significativamente el nivel de la capa freática y de salinizar las tierras. A su vez, la utilización de “semillas seleccionadas”, controladas por pocas empresas, está reduciendo la diversidad de los cultivos y la propia biodiversidad ambiental.
 
En consecuencia, innumerables agricultores hindúes se ven incapaces de cumplir los compromisos con los bancos que financiaron la “modernización” de la actividad agrícola que desenvolvían. Algunos venden sus tierras, cuya propiedad está concentrándose de forma acentuada, y otros optan por el suicidio, cuyos índices crecen entre los pequeños agricultores, mientras los índices nacionales siguen la tendencia opuesta.
 
El sistema de suministro de alimentos dominante en el mundo demuestra ser un poderoso combustible para el calentamiento global. Se estima que un tercio de los gases de efecto invernadero devengan de la agricultura y de la pecuaria, básicamente, como resultado del uso intensivo de adobos químicos derivados del petróleo, de la expansión de la industria de la carne y de la destrucción de la cobertura vegetal para producción de mercaderías agrícolas, transportadas a distancias cada vez mayores: es fácil comprar arroz hindú en un supermercado brasileño, así como limón mexicano en una ciudad del interior de Francia.
 
Beneficiarios del sistema internacional de alimentación
 
Se debería preguntar a quién le interesa un sistema productivo que deja mil millones de personas en situación de penuria alimentaria y que contribuye con el calentamiento global. Bien, las nueve grandes empresas transnacionales del sector de alimentos multiplicaron sus lucros en el período en que se agravó la crisis alimentaria. Entre 2006 y 2008, la Monsanto, la Cargill, la Syngenta y la Bayer triplicaron sus ganancias. ¡La Potash Corporation, mayor empresa de fertilizantes del mundo, facturó US$ 5 mil millones en 2008, cuando en 2006 había facturado “sólo” US$ 1 mil millones! (Fuente: Vía Campesina: “Agricultura sustentable en pequeña escala está enfriando la Tierra”, traducción directa de “Small scale sustainable farmers are cooling down the Earth”.)
 
Hay otros apostadores en el juego del hambre. En el encuentro paralelo de Roma, las organizaciones de trabajadores centraron esfuerzos en denunciar la política que está siendo adoptada por diversos países del mundo, cuya producción agrícola es insuficiente para alimentar a los respectivos pueblos, y que están arrendando o adquiriendo tierras agrícolas en países pobres de Asia, África y América del Sur. Los principales “compradores” son Arabia Saudita, Corea del Sur, India, Japón y China. Los principales países cuyas tierras están siendo utilizadas para la producción y exportación de alimentos son Sudán, Indonesia, Uganda, Filipinas y Argentina, naciones donde expresivos contingentes poblacionales tienen dificultades alimentarias. Debido al retorno a esa forma colonial de producción agrícola (o de globalización del latifundio), empresas y bancos de los países ricos –tales como Goldman Sachs en los Estados Unidos, Louis Dreyfuss en Holanda y Deutschbank en Alemania- producen informes sobre oportunidades y riesgos de inversiones y facilitan la compra de tierras agriculturables. En otras palabras, cuanto mayor es la necesidad de alimentos, más rentables serán las inversiones en adquisición de tierras. Es razonable esperar la reacción de los pueblos de los países cuyos territorios están siendo cedidos, inclusive en que las tierras estan siendo vendidas en  las bolsas de valores internacionales. No es por casualidad que Arabia Saudita, uno de los países líderes en el uso de tierras extranjeras para la producción de alimentos, “generosamente”, patrocinó el costo total de US$ 2,5 millones para la realización de la Conferencia de la FAO en 2009.
 
 “Comercio internacional de tierras agrícolas”
 
Brasil desperdicia alimentos
 
En Brasil, pese a la aplicación del Programa Hambre Cero y otras iniciativas de la sociedad, aún se cuentan 14 millones de subalimentados. Uno de los caminos para recorrer para superar el problema es la reducción del alto índice de desperdicio de alimentos en el País.
 
De acuerdo con estudios de la EMBRAPA –Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria, publicados en la revista Desafios, septiembre/octubre de 2009, del total de desperdicio de alimentos en el país, 10% ocurren durante la cosecha; 50% en el manoseo y transporte; 30% en las centrales de abastecimiento; y los últimos 10% se reparten entre los supermercados y los consumidores.
 
El Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas –IBGE estima que 67% de las cargas brasileñas sean transportadas por la red de carreteras, la menos ventajosa para largas distancias. El desplazamiento del centro de gravedad de las áreas de producción de granos de las regiones Sur y Sudeste para la región Centro-Oeste, junto con las pésimas condiciones de las carreteras brasileñas, hace que el costo del transporte de una saca de soja de Mato Grosso hasta el puerto exportador llegue a cerca del 50% del valor del grano. Un estudio de la Compañía Nacional de Abastecimiento –Conab sobre las zafras que van de 1996 a 2002 estima las pérdidas de grano en cerca de 10% de la producción, lo que correspondía a 9,8 millones de toneladas. El desperdicio se agrava por la deficiencia en las estructuras de almacenamiento y refrigeración de productos perecibles, tratándose de un país de clima tropical.
 
– Sérgio Barbosa de Almeida es ingeniero. Fue presidente del Sindicato de Ingenieros del Estado de Rio de Janeiro.

 

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