Dentro y fuera de México se habla mal del país, del gobierno. Se habla mal en ambos casos, por el propagado tema de la influenza, la grave crisis de seguridad que enfrenta el país, sobre los riesgos que corren los capitales instalados en nuestro territorio por la guerra contra el crimen organizado, además del riesgo de ser secuestrado, levantado o asesinado. Se habla mal de México porque el número de pobres que a la fecha es de cerca del 80% de la población total del país. No obstante el gobierno del Presidente Calderón tiene la más alta responsabilidad de esa mala imagen y, peor aún, de la mala imagen de su gobierno, aún cuando usan escandalosas partidas presupuestales públicas (dinero de los contribuyentes) para formar imagen personal y no la del país. Pero no se trata solo de la imagen del país, sino de la necesidad imperante de que las cosas que funcionan mal cambien; que lo regular mejore. En cambio, habrá una mayor carga fiscal -nos guste o no- porque los ínclitos legisladores federales ya los aprobaron. Lamentablemente el gobierno insiste una y otra vez -como si así pudieran cambiar la realidad de las cosas- que en México ¡no pasa nada! y hace uso del aparato de comunicación de masas para insistir que ¡nunca pasa nada!
 
No obstante cuando surge un movimiento ciudadano que pretende enviar su mensaje a la sociedad, a la clase gobernante, lamentablemente, el mismo se enfrenta a la obstaculización de los encargados de la comunicación del gobierno quienes usando recursos gubernamentales, de los contribuyentes, bloquean la emisión de mensajes, de las propuestas, las criticas o, incluso, las denuncias contra malos servidores públicos. Pero eso ya está pasando de moda. Se ha vuelto anacrónico, porque la sociedad civil se está transformando en una sociedad que cada día asume con mayor madurez, con responsabilidad, el perfil de los ciudadanos libres; el perfil de los que no están de acuerdo con las ataduras con lo viejo y caduco. Es una sociedad que no está dispuesta a tolerar que pasen décadas o siglos para liberarse de decisiones mezquinas, posiciones fascistas o autoritarias que sólo retrasan el desarrollo del país y sus habitantes.
 
La sociedad civil (la que no pertenece al gobierno o las plutocracias partidistas) está más atenta que nunca; está al tanto de los que no pagan impuestos y viven de los que sí los pagamos; es una sociedad actuante que lucha por el despertar de los más desprotegidos, de los desamparados; es una sociedad que, lamentablemente para los malos gobernantes, está atenta sobre como se conduce el país en lo social, económico o político. Es una sociedad que detecta y percibe diáfanamente como el gobierno con recursos públicos trata de disfrazar la realidad con “infomerciales” televisivos o de radio y prensa las permanentes crisis económicas, crisis de gobernabilidad, o crisis de representatividad, pero nunca hacen nada de fondo que acabe con los riesgos de que eso se transforme en un riesgo mayor para la estabilidad del país.
 
Ahora que viene la discusión sobre el presupuesto de gasto público de la federación -los gastos del gobierno en todos sus niveles- esperamos que sin artilugios legaloides, de una vez y para siempre, se reoriente el gasto; que se recorten y reasignen -auténticamente- los gastos que más dañan a la sociedad; aquellos gastos que de una u otra manera permiten privilegios para unos cuantos en comidas, gastos de telefonía, oficinas de lujo, guardaespaldas, helicópteros, aviones de lujo, asesores de todo tipo, pero sobre todo aquellos que se han encerrado, “encriptado” o como dicen los contadores “cueveado” maliciosamente a través de fideicomisos que no es posible sean revisados por la Auditoría Superior de la Federación y, por lo tanto, demandan la reforma de leyes de forma inmediata so pena de que sean usados con fines electorales o para beneficio de unas cuantas personas. ¿Y usted, cómo la ve?
 
– Francisco Velasco Zapata es Politólogo. Miembro del Consejo Nacional de Operación de Parlamento Ciudadano de México