La actual coyuntura política que vive el país, sin lugar a dudas ha ido debilitando los procesos existentes, incrementando la pobreza de la gran mayoría y sacudiendo las arcas de la elite feudal que en parte ha financiado el golpe, siguiendo los mandatos de Disneylandia.
 
 Por supuesto que la guerra de desgaste que han impuesto los asesores militares del régimen ha tenido algunos logros, pero es indudable que el golpe ha actuado como un catalizador y revelado las verdaderas posturas de buena parte de los hondureños.
 
Un proyecto de país que nunca ha existido, se siente que aflora en las posturas asumidas por la resistencia versus a un proyecto de familias dedicadas al saqueo y la explotación como se ha venido efectuando durante siglos.
 
Es importante tener en mente que el golpe de Estado comenzó desde hace años y ha sido acogido por los periódicos de la oligarquía como una de sus metas primordiales. El papel que han jugado una gran cantidad de periodistas no está lejos de las lecciones dictadas por Judith Miller desde New York Times de como manipular la opinión pública y confiscar su imaginación.
 
La guerra de Irak fue creada desde la redacción de los grandes medios estadounidenses. De igual manera desde el Wall Street Journal se ha venido satanizando al movimiento popular de América Latina. Periódicos como La Tribuna, El Heraldo, La Prensa, la red de HRN y Radio América y los canales de Televisión de los magnates teletónicos han servicio de caja de resonancia a los intereses de los asaltantes del erario público.
 
 Así que por más acreditaciones y bendiciones que reciban los columnistas de parte del movimiento popular, el hecho que sus columnas sean publicadas en los diarios golpistas, no dejan de ser una réplica de las voces de sus amos.
 
 Sí algo positivo ha surgido de este capítulo ominoso de la historia de nuestro país, es el clamor popular de repudio a los partidos tradicionales, que cada día se ven más cercanos a su desaparición. Otra maravillosa lección es haber comprendido que el pueblo hondureño está muy lejos de la sumisión esperada por los amos del norte.
 
 A pesar que hemos sido el estereotipo de la república bananera durante un siglo, se escucha las seguetas rompiendo las cadenas de la sumisión y pasividad. No es sólo el clamor del pueblo en las calles el indicativo que la resistencia se mantiene, y minimizar los esfuerzos realizados por miles de personas que en los últimos meses han repudiado el dominio del imperio. Hay muchas formas de lucha que no se registran en los medios de comunicación de la clase dominante.
 
 Si la campaña electoral ha confundido a algunos como un abandono de las metas trazadas, pues tengan por seguro que la asamblea constituyente nadie la detiene.
 
 Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH