Dos documentos de la Secretaría de Energía, clasificados por la Presidencia de la República como reservados, plantean el reconocimiento de que la principal carga económica para el buen funcionamiento de Luz y Fuerza del Centro no es el contrato colectivo de trabajo con el Sindicato Mexicano de Electricistas, sino la compra de energía a la Comisión Federal de Electricidad.
 
En Informe de la desincorporación mediante extinción del organismo descentralizado Luz y Fuerza del Centro y en Diagnóstico de Luz y Fuerza, Benjamín Contreras Astiazarán, subsecretario de Electricidad, reconoce lo que especialistas documentan: el pago de la energía a CFE duplicó el costo total de operación de LFC y, por lo tanto, las transferencias presupuestales.
 
Queda al descubierto, así, el despropósito de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa –quien vende barata la electricidad a Guatemala mientras en el centro de México se multiplican los apagones y las tarifas persisten a la alza–, de someter a reserva durante uno y 12 años, respectivamente, el Informe y el Diagnóstico. La eficacia del golpeado periodismo independiente representado, en este caso por La Jornada, hizo fracasar la censura presidencial respaldada por Francisco Javier Ramírez Acuña, el temprano destapador, gris secretario de Gobernación y ahora presidente de la mesa directiva de San Lázaro.
 
Como documentan especialistas ignorados por los consorcios televisivos y radiofónicos, es la Secretaría de Hacienda encabezada por Agustín Carstens Carstens la que impone las políticas y las tarifas de LFC. Y el señor dispuso que Luz y Fuerza le compre el kilowatt hora a $1.53 a la CFE y lo venda a los industriales a 89 centavos, mientras que la gran mayoría de los consumidores no comerciales lo paga a $1.20. Más aún: El gobierno le condonó la deuda tres veces a CFE y a LFC nunca.
 
Los documentos de Energía van más allá de los términos económicos y financieros, le advierten al grupo gobernante que los “costos asociados desafortunadamente son inevitables” y auguran que la liquidación de 44 mil 600 trabajadores “podría implicar riesgos inminentes a la integridad física de las personas y de sus bienes, como resultado de disturbios sociales que pudieran generarse por estas medidas”.
 
Pero también abona el subsecretario, a favor de la extinción, que “la problemática financiera y operativa de Luz y Fuerza no podría remediarse. Ésta es una realidad contundente”.
 
Aduce para ello el crecimiento del número de plazas laborales a partir de 1998, con Ernesto Zedillo Ponce de León cuando eran 35 mil; con Vicente Fox Quesada 41 mil, hasta llegar a la cifra actual con quien devino en presidente del desempleo. Contreras no establece diferenciación entre jubilados y en activo, además oculta los espléndidos sueldos de los directivos. Fija en 15 por ciento del presupuesto el costo de la nómina, salarios más prestaciones, en tanto que el SME lo cuantifica en “ni siquiera el 7 por ciento”. La disparidad es de más del doble y alguien miente. Pero si nos atenemos a las cifras de Javier Lózano Alarcón, el más fiel golpeador de Calderón, los electricistas del Mexicano ganan 6 mil 600 pesos mensuales en promedio y la dirigencia del sindicato informó que 20 mil trabajadores están por debajo de ese promedio.
 
Y lo anterior para una actividad productiva que implica trabajar “con línea viva, con mecha”, como dicen los que saben. Es un trabajo que por el estrés de exponer la vida provoca envejecimiento prematuro, diabetes y cánceres cerebrales.
 
Al grupo gobernante lo anterior le tiene sin el menor cuidado. Le preocupa, seguramente mucho, que la información que alimenta el debate y la movilización exhiba su objetivo político central: quitarse de encima a un opositor.
 
www.forumenlinea.com