El gobierno de facto de Honduras cada vez más expresa su esencia déspota y antidemocrática. Ha violentado el orden constitucional, se han robado las libertades, incluidas la de expresión y de prensa; reprimen a la población y tratan con saña a las mujeres.

Esos usurpadores no acatan las leyes ni las garantías fundamentales. Tampoco reconocen la legislación internacional y el respeto debido a las sedes diplomáticas. Se han enfrentado con todo contra todos. Una de sus primeras acciones fue cercar a los medios independientes. La prensa hondureña que no responde a los intereses de los empresarios mediáticos que respaldan a los usurpadores fue atacada de inmediato.

Las radios recibieron represalias de todo tipo: cortes de electricidad, cercos, allanamientos, capturas, confiscación de equipos. Los corresponsales de Telesur han sido reiteradamente atracados y ahora la agresión sufrida por los colegas Alberto Cardona y Rony Sánchez, corresponsales de Guatevisión y Televisa, los retrata de cuerpo entero.

El contexto es correspondiente con el autoritarismo golpista, ya que los colegas cubrían el cierre de dos medios de comunicación, el Canal 36 de televisión y Radio Globo. Los agredidos denunciaron los golpes que recibieron y el daño que hicieron los policías a la cámara de televisión con la que habían grabado.

El Gobierno guatemalteco reaccionó de manera correcta. El vicepresidente Rafael Espada, en funciones presidenciales, fijó la posición oficial en términos de repudio y condena a la agresión. Esta posición se envió a la ONU, a la OEA y a la CIDH. El mismo embajador permanente guatemalteco en la OEA lo dio a conocer en una sesión extraordinaria del Consejo Permanente. El procurador de los Derechos Humanos guatemalteco también se pronunció al respecto, en respaldo a los periodistas agredidos.

Es de esperarse una condena continental y mundial y que se aumente la presión sobre los golpistas para que se restablezca el orden democrático en Honduras.

Esta violencia autoritaria nos debe servir aquí para reflexionar sobre la defensa, a veces descarada y otras encubierta, que han hecho los sectores conservadores sobre los sucesos en Honduras.

Pese a la casi unanimidad mundial que respalda y promueve la vuelta a la democracia, incluido Estados Unidos, que en otros tiempos apoyaba estas acciones, en nuestro país esos sectores se han esforzado en justificar las acciones ejecutadas por Michelleti y seguidores. Esta obcecada posición está motivada por el terror “antipopulista” que tienen y el pánico al “diablo” Chávez, cuya influencia creen descubrir en cualquier manifestación social o política de orientación popular. Temen tanto al “contagio” que justifican cualquier acción que tienda a prevenirlo.

Cuando las oligarquías en América Latina recurrieron a los militares para, según ellos, salvar las democracias frente al fantasma comunista que veían en los movimientos revolucionarios o populares, siempre el resultado fue la represión, la violación a los derechos humanos y la instauración del militarismo.

Las excentricidades de Manuel Zelaya y su giro discursivo hacia la defensa de los intereses populares ha alertado a los conservadores criollos, al punto de simpatizar y aun defender esa opción golpista, pero con todo lo sucedido, ¿podrán aún apoyar a esos ladrones y usurpadores de la ley, el orden y las libertades?

Guatemala, 30 de septiembre de 2009

 

– Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, es directora de la Agencia CERIGUA.

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