Una nueva galería de héroes se está fabricando para los hondureños de parte de quienes asaltaron la democracia: se trata de aquellos que, al amparo de las metrallas y de la noche, se hicieron del poder de la nación en contra de la voluntad soberana del pueblo.
 
Encabeza esta lista de nuevos patricios, nada menos que el señor Quintín Soriano, alcalde de la ciudad de Choluteca, quien, opuesto al derecho constitucional del pueblo a la rebelión y de no deber obediencia a los usurpadores del poder, ha respondido al repudio popular, armando a sus seguidores con machetes y pistolas, armas que utilizaron para enfrentarse, él mismo, Soriano, al frente de sus huestes -pistolas y machetes en mano-, a quienes rechazaban al candidato liberal golpista Elvin Santos.
 
Indudablemente, el señor Quintín nos ha dado una lección a todos. Ha demostrado, por enésima vez, que la impunidad reina en este país. Porque las imágenes presentadas en la televisión son harto elocuentes: nos muestran a un testaferro enfrentado, con el apoyo de la policía y de los militares, a las masas que luchan por la libertad y por el imperio de la constitución. Claro, para sus devotos, Quintín no amenaza a nadie, únicamente usa el mecanismo de las pistolas y los machetes para impedir la voluntad popular. El y sus secuaces pretenden seguir en el papel de representantes de más de siete millones de hondureños sin querer entender que el pueblo catracho ya despertó y tiene ahora sus legítimos interlocutores, sus auténticos líderes. Son estos los que nos llaman a hacernos un solo nudo para legitimar sus actos delincuenciales, sin entender que el pueblo sabe que no las cosas no son así, que realmente somos dos nudos, uno de la minoría oligárquica que tiene secuestrada la patria y el otro, del pueblo que quiere por fin su independencia y su libertad.
 
El otro prohombre de esta nueva era es el señor Marco Antonio Andino. Su más reciente acto de civismo, que lo coloca, según los golpistas, a la altura de Dionisio de Herrera, fue comprar las conciencias de unos pobres muchachos integrantes de la Banda y del grupo de palillonas del Instituto Central. Igualmente, en este tiempo de gran avance en los medios de comunicación, un video muestra a esta sacrosanta figura entregando la mesada a una chica estudiante del Central en pago por haber traicionado a sus compañeros, a sus profesores y a su institución. Nos demuestra, con esta acción, el diputado Andino, su fervorosa vocación “magisterial” destinada a formar a los futuros ciudadanos mentecatos, de mente torcida, que ponen sus conciencias al servicio de los intereses antinacionales por un plato de lentejas. Es indudable que estos jóvenes, mañana dispuestos a hacer cualquier barbaridad a cambio de unas cuantas monedas, recibirán el repudio de sus jóvenes compañeros, propensos siempre, por razones de su edad fundamentalmente, a amar la justicia y la honradez y a repudiar la deshonestidad.
 
Sin embargo, los más importantes del altar de los golpistas son los militares: expertos en reprimir al pueblo indefenso, en romper cráneos y costillas de los manifestantes con sus garrotes, en disparar contra los manifestantes que se amparan en su derecho ciudadano y constitucional de repudiar a los salteadores de la nación, han dejado dispersa, en todo el territorio nacional, la sangre de los mártires de la Resistencia Nacional: Obed Murillo Mecía, Pedro Mandile Muñoz, Róger Bados, Róger Abraham Vallejo Soriano y muchos otros más. Estos antihéroes, hace unos años, fueron incapaces de defender al territorio nacional y a los hondureños de la barbarie de los invasores salvadoreños, son los que asesinaron y torturaron a miles de hondureños al mando del sicópata Álvarez Martínez; los que, al amparo de la noche, derrocaron al Presidente Zelaya, también, como los muchachos del Central, a cambio de una jugosa y millonaria mesada. Destaca, entre estos valientes, el comisionado Flores, quien al escuchar, durante la celebración del 15 de setiembre, la intervención patriótica del Regidor de la Municipalidad de El Progreso, Bartolo Antonio Fuentes, electo por el pueblo, no vaciló en llamar a sus gendarmes, en un acto de abuso mediante la fuerza bruta, para que lo golpearan y lo enviaran, atado de manos, preso.
 
Sumado a estos heroicos actos de los militares en contra del pueblo indefenso, luego de las fatigas que les causa el estar, día tras día, tras los manifestantes de la resistencia, el señor Micheleti les premia con la condecoración que más les engrandece: les ordena no disparar si llegara el caso de que tropas extranjeras invadieran el territorio nacional, acto de cobardía con el cual llenarían sus pechos de condecoraciones-chapitas, colocadas en sus pechos de cobardes, en ceremonias fastuosas de autobombo. ¡Vaya carajo! Valientes en contra del pueblo armado de patriotismo, pero sumisos y cobardes frente cualquier tropa invasora.
 
Vendrán, quizás, soldados de otras patrias hermanas a cumplir el papel que nuestros héroes no han sabido cumplir: defender la soberanía nacional y la voluntad mayoritaria del pueblo hondureño.