El escenario electoral colombiano del próximo año comienza a clarificarse. El más probable es en el cual el Presidente Uribe aspire a ser elegido para un tercer mandato –suponiendo que la Corte Constitucional le de el aval al proyecto de referendo y que los votantes requeridos apoyen este proyecto el día que se coloque a su decisión-.
 
Frente a este escenario electoral las fuerzas políticas o los líderes de opinión que se oponen a esta posibilidad continuista, no tienen sino una opción: unirse para presentar una única y sólida candidatura presidencial que se oponga a la del Presidente-candidato. Jugar a la idea que presentan candidaturas independientes en la primera vuelta y se unirían para la segunda es apostarle a que con alta probabilidad Álvaro Uribe les gane en primera vuelta y no haya la segunda oportunidad.
 
Ahora bien, lograr esa candidatura de unidad de los sectores opuestos al continuismo uribista no resulta una tarea fácil, por la diversidad de posiciones; solamente un programa de transición al posturibismo muy amplio podría unirlos para esa opción. Deberían poder confluir allí los candidatos del Partido Liberal, el Polo –que parece haber cedido, aún su ala más radical, a una eventual candidatura de convergencia-, los llamados ‘tres tenores’ que al parecer llevarían una candidatura a nombre del Partido Verde Opción Centro, la candidatura de Germán Vargas Lleras de Cambio Radical, la candidatura de Martha Lucía Ramírez y por supuesto la candidatura independiente de Sergio Fajardo. Estas diversas fuerzas políticas aisladas se convertirían sólo en candidatos testimoniales frente a un Presidente-candidato con altos índices de aprobación y con el aparato gubernamental apoyándolo. Por el contrario, unidos podrían conformar un bloque, no antiuribista, sino para una transición posturibista, que requerirá la participación de varias fuerzas políticas en un eventual gobierno de este tipo, como lo han planteado entre otros, el propio Sergio Fajardo. Si convergen en un programa de transición y con una buena estrategia electoral, podrían tener la opción de despertar a sectores apáticos y convertirse en una real opción de triunfo electoral.
 
El escenario menos probable es en el cual finalmente no participe Álvaro Uribe por una tercera candidatura –seguramente porque no aprueben el referendo por alguna circunstancia- y en ese caso el uribismo tendría el desafío de encontrar un candidato de unidad entre el del Partido Conservador –Noemí Sanín o Andrés Felipe Arias, los más opcionados- y el del Partido de la U, que tiene como opción prioritaria a Juan Manuel Santos; considero que el campo uribista ya no tiene a Germán Vargas Lleras como una posibilidad para representarlos. Si no logran ir con un candidato único, sus opciones de triunfo se disminuyen sensiblemente, a pesar de que pudieran tener el apoyo implícito o explícito del aparato del gobierno.
 
Las fuerzas políticas no uribistas tienen igual desafío que en el primer escenario, aunque pudiera haber un cierto margen de maniobra para una primera vuelta electoral y una segunda. No es previsible que candidatos como los del Partido Liberal, el Polo o Cambio Radical tengan de manera independiente suficiente apoyo electoral para estar seguros de superar positivamente la primera vuelta electoral; quizá podría ensayarlo el candidato Sergio Fajardo, pero con un alto grado de incertidumbre. Por el contrario un frente unificado, diverso, no polarizante en sus discursos y propuestas, se puede convertir en una fuerte opción para los votantes que ya estén fatigados del uribismo y no quieran una continuidad sin Uribe.
 
Si en este segundo escenario no se unen ambos campos, el uribista y el de los opositores de la continuidad, podemos llegar a una situación de alta incertidumbre, con una media docena de candidatos en primera vuelta y una segunda vuelta bastante impredecible, lo cual no sería saludable para nuestra democracia.
 
– Alejo Vargas Velásquez es Profesor Universidad Nacional.