Pregunta: las aguas del Silala ¿son o no manantial? No, no. No se apresure a responder. La respuesta tiene implicaciones políticas ¿no lo sabía? Trataré de explicarme, porque ciertamente no he logrado entender tal implicación. Todo curso de agua, proviene de una fuente: deshielo o manantial. Hasta ahora no se me había ocurrido que, si son del primer origen, tienen un tratamiento geopolítico distinto a aquellos otros que surgen de un manantial. La verdad, no encontré la explicación. Busqué en diccionarios, los comunes y los especializados, en tratados, convenios y tradiciones.
 
En vista de tal intríngulis, decidí dedicarme exclusivamente al tema en cuestión: las aguas del Silala. Entonces, la pregunta, adquiere cierto sentido. Se trata de establecer si un país, donde está el manantial tiene la propiedad absoluta de las aguas que corren a partir de allí, sin importar el curso que sigan. Claro que, de inmediato, uno debe preguntarse qué diferencia hay con los cauces que provienen de deshielos. Es que, en ese caso, ¿ya no son de propiedad total del país donde se asientan los nevados?
 
Menuda discusión puede armarse con este único argumento. Pero no nos adelantemos, pues hay otras cuestiones que se anexan a la anterior. Supongamos que no ponemos en cuestión que, las aguas provenientes de manantial, son mías, solamente mías y nada más que mías; cambien “mías” por “mi país” y verán que la diferencia es la misma que hay entre los mapas genéticos del ser humano y del ratón: sólo un 0,001 %. Agreguemos el hecho de que luchamos contra la colonización española que nos marcó fronteras artificiales sobre las que se proclamaron nuestras repúblicas. Bastarían tales argumentos para echarle tierra al espinoso asunto de la utilización de aquellas aguas por tales y cuales países.
 
Hagamos otro esfuerzo. No tomemos en cuenta ninguno de estos argumentos. Digamos claramente que Chile usó aguas bolivianas durante más de cien años sin reconocer ninguna compensación. Digamos que hay una deuda histórica a la que no podemos renunciar. Sostengamos firmemente que los chilenos son los malos y nosotros los buenos.
 
Con estos criterios, analicemos el borrador de acuerdo inicial que han trabajado las comisiones de los gobiernos de Santiago y La Paz. Pasemos por alto las consideraciones y detengámonos en el artículo 2: “El presente Acuerdo Inicial –dice el texto- considera el sistema hídrico del Silala o Siloli que fluye superficialmente a través de la frontera desde el Estado Plurinacional de Bolivia hacia la República de Chile. Considera, asimismo, que del volumen total de aguas superficiales que actualmente fluyen a través de la frontera, un porcentaje corresponde a Bolivia y es de su libre disponibilidad, y que los estudios científicos servirán de base a las decisiones que se adoptaren en el futuro a este respecto, de acuerdo a lo que establece el artículo 6”.
 
Primera conclusión: Chile reconoce que un volumen de agua del Silala a determinar mediante estudios científicos es de libre disponibilidad de Bolivia. ¿Cómo se harán tales estudios? De acuerdo a lo establecido en el artículo 6 del mismo convenio. Lo que dice tal artículo es: “Las Partes establecen, de conformidad con el artículo 2, que del volumen total del agua del Silala o Siloli, que fluye a través de la frontera (100%), el 50% corresponde, inicialmente, al Estado Plurinacional de Bolivia, es de su libre disponibilidad y lo podrá utilizar en su territorio o autorizar su captación para su uso por terceros, incluyendo su conducción a Chile. Este porcentaje podrá ser incrementado a favor de Bolivia, en función de los resultados de los estudios conjuntos que se lleven a cabo en el mercado del presente acuerdo”. En otras palabras, de partida Bolivia es propietaria de la mitad, volumen que se aumentará una vez realizados los estudios correspondientes.
 
Es decir, en cuanto se firme este Acuerdo Inicial, comenzamos a cobrar por la mitad del agua que corre por el cauce del Silala. Hace 5 años, el metro cúbico de agua se cotizaba, a nivel internacional, en 0.75 dólares. El año pasado, el precio aumentó a 1,15 dólares. Actualmente está en 2.2 dólares. Sin ser ambiciosos, se trata de 5 a 7 millones de dólares anuales.
 
Pero, si aceptamos ese pago, renunciamos a la deuda histórica. Esta es otra de las acusaciones que se hacen al borrador de acuerdo inicial. No leyeron o simplemente ignoraron, un párrafo de dos líneas que dice: “…el presente Acuerdo no se refiere a otros temas relativos al Silala o Siloli que a cada una de las Partes interese abordar al momento de negociar el nuevo Acuerdo de largo plazo”. Es decir, cuando se renueve el acuerdo en cuatro años, podrá haberse negociado y, por tanto, incluido el tema de esa deuda.
 
Deliberadamente, he tratado de no argumentar en contra de las acusaciones que se hacen al gobierno. Los acusadores no tienen ningún empacho en calificar este borrador como el acuerdo más entreguista que hayan conocido. Bastaría decirles que revisen sus propias actuaciones cuando fueron gobierno. Pero no estamos en el nivel desdoroso que han adoptado ex presidentes, ex ministros y ex autoridades que quieren agitar banderas electoreras en contra del Acuerdo Inicial. Hiere, a todos los bolivianos y bolivianas, que un tema de esta importancia, sea tratado con tanta falta de lealtad al país.
 
Que Chile haya reconocido que, la mayor parte de las aguas que fluyen por ese cauce son de Bolivia, es un logro que ningún gobierno anterior alcanzó; ni siquiera intentó. Es un logro que debiera mostrarse en estos meses precisamente. Pero el gobierno prefiere encontrar un momento en el que los enconos se calmen. No creo que los opositores se calmen; mucho menos si, como está previsto, pierdan estrepitosamente en las elecciones de diciembre.
 
El gobierno debe seguir adelante con las negociaciones, consultando a las organizaciones sociales, sin preocuparse por el criterio de los analistas envenenados.
 
– Antonio Peredo Leigue es periodista, senador del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia. 

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