El panorama político latinoamericano que se vino gestando en la presente década ha significado un reordenamiento histórico. Luego de un gris periodo de saqueo, vaciamiento y adelgazamiento del Estado en los 90, podemos hablar de una tendencia contrapuesta en la mayoría de los gobiernos latinoamericanos actuales―Bolivia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Nicaragua, Uruguay, y El Salvador.

Si bien éstos no implican una transformación de fondo por el modelo en el que se encuentran insertos, el reajuste en las prioridades de estos gobiernos es significativo.

El viraje hacia la izquierda forma parte de una renovación motivada por la desconfianza en el modelo neoliberal desmedido. Sin embargo, esta tendencia pudiera comenzar a diluirse.

El proceso electoral que se llevará a cabo en Uruguay a fines de año (primera vuelta el 25 de octubre y el 29 de noviembre la segunda vuelta) podrá convertirse en una nueva advertencia―las anteriores: la derrota del Justicialismo en las elecciones legislativas argentinas del 28 de junio pasado, y ese mismo día el Golpe de Estado en Honduras―de la restauración de la derecha continental.

El Frente Amplio

El Frente Amplio (FA) fue fundado en 1971 como una coalición unificada que aglutina a distintas corrientes de izquierda dentro de una propuesta electoral. Durante el periodo del gobierno militar (1973-1985) el Frente―y la oposición en conjunto―es proscrito.

Para 1989 se incorporan dentro de sus filas militantes de la desarticulada guerrilla urbana Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros bajo el nombre: Movimiento de Participación Popular (MPP). A partir de ese momento la corriente tupamara dentro del Frente empieza a cobrar fuerza consolidándose a partir de 1995 con la elección de José Mujica (ex dirigente del MLN-Tupamaros) para ocupar una curul dentro del Congreso Uruguayo.

Luego de ocupar un escaño como diputado nacional, en las elecciones de 1999 Mujica es elegido Senador de la República para el periodo legislativo 2000-2005.

Para 2004 el proyecto frenteamplista logra su máximo histórico al conseguir por mayoría la elección presidencial del periodo 2005-2010.

El candidato triunfador, el médico oncólogo, Tabaré Vázquez provenía de las filas del Partido Socialista del Uruguay y en su carrera política había ocupado la Intendencia de Montevideo y la presidencia del Frente Amplio.

Triunfo del FA

En octubre de 2004 el rompimiento con la hegemonía bipartidista presidencial del Partido Nacional (Blanco) y el Partido Colorado encarna un hito dentro de la historia contemporánea uruguaya. Por primera vez un presidente identificado con las causas de la izquierda ocuparía la residencia de Suárez y Reyes (residencia presidencial). Así Vázquez se convertía en presidente, sin la necesidad de asistir a una segunda vuelta, con un porcentaje de votación del 51.7%.

La experiencia electoral y parlamentaria que el Frente logró acumular a lo largo de 30 años de historia fue fundamental para confeccionar una estrategia conjunta y efectiva que le permitiera ungirse con el triunfo. Esta estrategia se centró en la inversión en proyectos de asistencia social y el desarrollo productivo del país, estrategia muy alejada de una transformación profunda de la estructura social y económica.

El Frente Amplio había logrado, sin apuntar a transformaciones radicales, una amplia mayoría en la que coincidían una amplia gama de sectores de la sociedad uruguaya. El Frente se convirtió en una opción práctica y real para una rectificación del rumbo que el país llevaba.

Los embates de la crisis económica de 2002 habían dejado al Uruguay postrado. Con índices de desempleo del 17% en ese año y del 16.9% al año siguiente, las condiciones económicas del país empeoraban. Las políticas económicas del neoliberalismo voraz habían provocado el derrumbe económico en el cono sur.

El agotamiento de este modelo económico fomentó el resultado final de aquella jornada electoral.
 
Entre 2005-2008, José “el Pepe” Mujica ocupó el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Las limitaciones que Mujica tenía dentro del Ministerio al formar parte de un gobierno de carácter reformista moderado menoscabaron las posibilidades de transformar el campo uruguayo.

El gobierno de Tabaré Vázquez fue el ímpetu de una “ola renovadora” con contradicciones en su haber.  El contraste entre los proyectos de desarrollo económico y de trabajo con la promoción de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue significativo.

Si bien no se puede hablar de una izquierda homogénea y constante, ciertas características del gobierno de Tabaré parecen hacer titubear la filiación política del ejecutivo―refiriéndonos al veto presidencial a la despenalización del aborto en noviembre de 2008 o a la misma intentona de firmar un TLC con Estados Unidos en 2006entre otros.


El “Pepe” Mujica y el Proceso Electoral

A lo largo de estos años la figura del Pepe fue ganando el afecto del pueblo uruguayo. Su figura carismática y cercana a la gente por un origen común se fortaleció de cara a las elecciones internas del FA.

El carisma que lo caracteriza es fruto de su apego al uruguayo del campo, esa imagen auténtica del chacarero (trabajador del campo) ordinario le otorga la simpatía del pueblo.

La clase trabajadora del Uruguay así como otros sectores encuentran en Mujica esa imágen más próxima a su realidad.

Siendo un referente de la izquierda nacional, fue preso―o mejor dicho rehén―del gobierno militar uruguayo durante 12 años (1973-1985).

A sus 75 años puede decir que formó parte de la dirigencia del MLN-Tupamaros, que formó parte de la célula guerrillera que ajusticiara al torturador del FBI, Dan Mitrione, que fué parte en la Toma de Pando en ’69, que escapó de prisión, que recibió seis balazos en la lucha armada, que fue preso, que fue torturado y que puede ser presidente del Uruguay.

Sin embargo, su convicción ideológica y su pasado revolucionario están lejos de cristalizar una transformación en el Uruguay.

La realidad es que la derecha uruguaya no tiene mucho que preocuparse en caso de que Mujica gane las elecciones, pues el proyecto político del Frente nunca ha sido ni será una revolución social o una redistribución de la riqueza que modifique la estructura de dominación actual.

El Frente apuesta por la continuidad de las políticas económicas y de asistencia social, por tal motivo,  el pasado tupamaro de Mujica no afecta los intereses de la cúpula económica uruguaya, pues, la elección no plantea el cambio del modelo. Si bien Mujica no es un fundamentalista de la economía de mercado tampoco es la imagen de la extrema izquierda.

La fuerza que Mujica ha alcanzado se afirmó el 28 de junio pasado al ser elegido el candidato del Frente Amplio a la presidencia para el periodo 2010-2015.

Sin embargo, el atractivo en la figura política de José Mujica es también su principal obstáculo para ganar la primera vuelta electoral.

Con un pasado muy cuestionable para las esferas económicas dominantes, la imágen de Mujica se muestra vulnerable convirtiéndose en un obstáculo para atraer al electorado vacilante. Esta condición puede ser determinante para el futuro del Frente Amplio en el gobierno.

La campaña mediática juega un papel fundamental en la elección del próximo presidente. La táctica de la derecha será enfocada a resaltar el pasado violento de Mujica. Atemorizar al electorado parece ser una estrategia efectiva.

Para contrarrestar ese temor el Frente ha apostado por la figura del exprecandidato y exministro de Economía, Danilo Astori, para la vicepresidencia, identificado con una corriente de centro dentro del FA y como una imagen mucho más mediática que la de Mujica.

Si el Frente no alcanza la mayoría absoluta en la primera vuelta del 25 de octubre, la posibilidad de triunfo se mermaría para la segunda vuelta―29 de noviembre―ya que la lógica de la derecha apunte a que el candidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, se incline hacia la candidatura del Partido Nacional, el expresidente Luis Lacalle, arrastrando consigo la fuerza electoral colorada e impidiendo así el triunfo para un segundo periodo del Frente Amplio.

La derecha en el continente

El repunte de la derecha institucional en el continente es revelador. Si bien el proceso de revertir los avances de la izquierda electoral es lento, este avance ha comenzado y podría empezar a solidificarse a partir del año próximo.

Como primer momento, en junio pasado dos hechos han confirmado este proceso: 1) el golpe de estado en Honduras y 2)el triunfo de la derecha en las elecciones argentinas. Como mencionamos, la inexistencia de una izquierda homogénea no permite establecer un parámetro exacto de la “pureza” de la izquierda de los gobiernos de Cristina Fernández en Argentina y, el recién depuesto, Manuel Zelaya en Hounduras, sin embargo, su compromiso con una integración efectiva latinoamericana sin tomar como referencia las decisiones de Washington destacan la tendencia general de los mismos.

Por tanto, si la derecha se consolida en dichos paises—y en los del resto del continente con elecciones próximas—ese proceso de integración podría correr peligro.

El panorama en Argentina luce muy delicado para el oficialismo por el triunfo reciente del PRO (Propuesta Republicana) y la derecha disidente peronista. Las elecciones generales de 2011 podrían confirmar el avance.

El caso hondureño presume un tanto más complejo, pues, el gobierno de facto de Roberto Micheletti parece tener los días contados, sin embargo, la posibilidad golpista se desplego.

El caso chileno y brasileño completan la fórmula. La oposición chilena aglutinada en la Coalición por el Cambio despunta en las preferencias. Las elecciones en diciembre de este año podrían echar de La Moneda a la Concertación (coalición de partidos de oposición a la dictadura de Augusto Pinochet que gobierna Chile desde 1990).

En Brasil la figura del gobernador de San Pablo y ex candidato presidencial, José Serra, se fortifica de  cara a las elecciones del próximo año. El triunfo de la oposición en Brasil sería un hecho catastrófico para proyectos como la Unasur y el Mercosur. Si el Partido de los Trabajadores se va del gobierno, podríamos estar asistiendo a la caída de estos proyectos, dada la tremenda importancia de la potencia económica de la región en los mismos.

Una nueva prueba para la izquierda electoral de la región se juega en octubre próximo. Si bien no está en juego la transformación de un modelo, el proyecto de integración latinoamericano si lo está.

Mujica y el Frente Amplio asisten a una cita con la historia.