Recientemente, con bombo y platillo se conmemoró el Día del abogado; hubo quien lo hizo el 10 de julio, otros el 9, e inclusive el 8. En realidad no se sabe quien implantó la fecha para festejar a los togados; algunos sugieren, fue un licenciado que dirigió un periódico, a quien se le ocurrió rendir pleitesía a sus compromisos políticos, particularmente con el presidente de la República; ello cuando los titulares del Ejecutivo eran hombres de leyes, como Miguel Alemán y Adolfo López Mateos. Hasta Miguel de la Madrid, las celebraciones se hacían en el Palacio de las Bellas Artes, ahí, el primer mandatario hablaba de leyes, de respeto al derecho, en fin, lo de siempre, puras patrañas y falacias.
 
    A partir de que el jefe de la nación dejó de ser abogado, los festejos declinaron, se volvieron esporádicos e intrascendentes; sin embargo hoy, al encontrarse en Los Pinos un profesional del derecho, se pensó regresarían las grandes ceremonias, empero no fue así.
 
    A nivel federal, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez-Mont, conmemoró el Día del abogado en su oficina, seguramente por comodidad o bien, por el miedo que los actuales funcionarios tienen de salir a la calle; la cuestión es que Gómez-Mont, sin mayor recato reconoció diversidad de fallas en la justicia mexicana, aceptó que las resoluciones jurídicas son lentas, la justicia cara, distante y negada. Sin duda, lo afirmado por el titular de Gobernación es una verdad absoluta, con ello evidenció la podredumbre en el ámbito legal, lo cual es una vergüenza para cualquier régimen. Surge la interrogante: ¿qué hace el secretario de Gobernación al respecto? Veamos, la corrupción inicia en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, órgano conformado por once bigardos ignorantes, con sinnúmero de cómplices, magistrados y jueces que actúan como una genuina y terrible mafia. Resulta lamentable cuando un gobernante señala la inmoralidad, pero nada hace por evitarla, volviéndose ante tal situación definitivamente cómplice.
 
    Gómez-Mont festejó a supuestos abogados, narcotraficantes de las leyes, violadores de las normas y pederastas de la justicia, quienes han hecho del derecho un cochinero. Por ejemplo, le rindió homenaje a una tal Elvia Díaz de León, quien se presume mirlo blanco y es la muestra más descarada de la mezquindad imperante en el Poder Judicial federal; la conducta gangsteril de esta fémina no tiene precedente, se maneja en todos los sectores, esencialmente en los gubernamentales; ha creado un sindicato del terror constituido por venales jueces y magistrados.
 
    Gómez-Mont habló de honestidad, pero nos preguntamos ¿qué sintió cuando le entregó un diploma a la juez más procaz que ha existido en nuestra patria? Innegablemente Gómez-Mont exhibió que es muy distinto el decir con el hacer.
 
    En el mismo orden de ideas, se celebró el Día del abogado en todas las entidades federativas, donde dignatarios sin escrúpulos, que sistemáticamente pisotean el derecho, se pronuncian de una manera y se comportan como auténticos dictadores.
 
    El Distrito Federal no se quedó a la zaga en el festejo a los togados, obviamente sólo estuvieron los amigos del jefe de gobierno, así como sus colaboradores, e incondicionales; aquellos que lo critican, ni por asomo tuvieron cabida en el convivio. Sobra apuntar, dicha reunión también se caracterizó por la mentira y el cuento, empezando por jueces de consigna, que venden las resoluciones al mejor postor. En efecto, si algo destaca al Tribunal Superior de Justicia defeño es la clase de impresentables que lo conforman; si bien es cierto hay casos de excepción, en su mayoría son despreciables invertebrados.
 
    Lo ignominioso para la administración capitalina es haber honrado a un tardo locutorzuelo, quien hace algunos años peleó con Televisa y ahora anda por ahí, trasmitiendo su amargura a radioescuchas amnésicos. Tengamos presente, tan rapaz sujeto antes de que lo corrieran del Canal de las estrellas, era enemigo jurado de la izquierda mexicana, no obstante, hoy, la olvidadiza izquierda le brinda distinciones; por si fuera poco, el tipo en cita es palpable ejemplo del alumno fósil de la Universidad Nacional; ingresó a la carrera de abogado en la Facultad de Derecho de la UNAM en los años 40 y la concluyó 30 años después; jamás ha sido juez, profesor, ni litigante, puesto que acreditó sus materias en base al “chanchullo” académico, luego entonces, ¿por qué el gobierno capitalino agasaja a un ser zafio el Día del abogado?
 
    Nótese, las celebraciones para homenajear leguleyos son simple pantomima donde concurren los bribones de siempre, farsantes mandatarios, abogados de pacotilla, jueces que venden sentencias, ministerios públicos que sueltan delincuentes, en síntesis, la bazofia más ruin del mundo del derecho.
 
 Incuestionablemente, hay muchos letrados íntegros que merecen reconocimiento; si en verdad deseamos festejarlos, pensemos en un día simbólico que bien puede ser el 5 de febrero, día de la Constitución, fecha que representaría una gran oportunidad para formular votos y expresar alabanzas, para que el estado de derecho, el respeto a la ley y el imperio de la justicia, sean por fin una realidad en México.
 
Fuente: Forum en línea