No obstante los buenos augurios de José Ángel Gurría –conocido hace tiempo como El ángel de la dependencia, porque dijo que resolvió el problema de la deuda externa y lo enredó–, dirigente de la OCDE, y Felipe Calderón, en el sentido que  vienen tiempos mejores y estamos saliendo de la crisis, la realidad es otra: no hemos tocado fondo. Algo en lo que coincide el especialista Samuel García (Milenio Diario, 18-VI-09).

Actualmente, tenemos  cifras  de descenso en todos los órdenes, sobre todo en la industria automotriz, una caída en algunas marcas de 45 por ciento. Pero la recesión se nota en compras y restaurantes, empleo y finanzas de los estados, entre otras.

Empero, lo que se pretende hacer a las universidades públicas, es  recortar la cobija por todas partes. Al unísono, la SEP y la SHCP, urgieron a las instituciones de educación superior a que gasten menos. Este proyecto viene de tiempo atrás y, por suerte, ha fracasado desde el gobierno del esquizoide (López Narváez, dixit) Vicente Fox. Ahora con un neolenguaje, se les dice que evalúen sus egresos en cuestiones administrativas y de oficina (sic)

Con antelación, el rector de la UNAM, José Narro Robles, había enviado un mensaje tanto a las autoridades federales como a los legisladores: “Ni un peso atrás”. Tiene razón cabalmente, ya que es imposible a una nación desarrollarse si las autoridades no dan el presupuesto adecuado e intensifican los apoyos en ciencia y tecnología.

Hace poco, recordemos, los investigadores más destacados del país exigieron  la cabeza de Juan Carlos Romero Hicks, un panista encargado del Conacyt que no sabe nada del asunto pero sí aumentó, lógicamente, la burocracia y los gastos de los altos funcionarios en turno. Además, según los científicos, el señor no se encuentra jamás en su mullido sillón, pues viaja constantemente sin sentido.

Y aquí existen varias incongruencias. Si de verdad un Estado quiere salir adelante, es necesario que no dilapide en administradores, muchos de ellos incompetentes; deje de lado el amiguismo, algo muy presente en el calderonismo, y ponga en los sitios importantes a los más destacados de la comunidad. Además, que rindan cuentas precisas de cómo se administran cientos de millones de pesos.

El año pasado, la UNAM recibió como inversión 24 mil 337 pesos. Una cantidad mínima si se le compara con los resultados que ha dado. Tan ricos y variados, que incluso se le otorgó el premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades 2009. ¡Bueno, hasta su equipo de futbol, los Pumas, ganaron el campeonato nacional!

 Este año, con una inflación que será mayor al 6 por ciento, aunque en algunos rubros llegará al 15 por ciento, ya que muchos de los insumos que se necesitan para las tareas de investigación han elevado su precio más de lo lógico, se le quiere obligar a que acepte una rebaja. ¡Imposible! Menos luego de tantas faramallas gubernamentales de que seremos la quinta potencia mundial, resultamos salvadores del mundo en la pandemia de A-H1N1 y de que tenemos un servicio de salud que envidian hasta en Suecia y Canadá.

La verdad, antípoda de los sueños oficiales, es: de 10 millones de jóvenes entre 19 y 23 años, únicamente estudia el 27 por ciento. Algo que nos aleja terriblemente de los países de la OCDE, donde lo hacen más del doble. Pero ni siquiera nos acerca a naciones latinoamericanas como Argentina, Chile, Brasil y Costa Rica. Por lo tanto, es indispensable ampliar, a como dé lugar, los sitios en las universidades. Pero ello no se puede ya que cada año hay decenas de miles de rechazados debido a que no se construyen planteles, contrata personal docente, adquiere el mobiliario adecuado, et al.

¿Y qué hacen esos jóvenes, pues tampoco logran empleo? Los más afortunados están en la ocupación informal, otros emigran a Estados Unidos y algunos más se capacitan individual o colectivamente. Pero la mayoría vive de lo que puede: delincuencia, pandillas, narcotráfico. Y luego nos espantamos de por qué es imposible transitar por las calles de muchas  ciudades.

En 1994, la UNAM recibía el 0.25 por ciento del PIB; hoy únicamente le dan el 0.23 por ciento. Quince años y  en retroceso.

En naciones industrializadas hay seis investigadores por cada mil habitantes, aquí sólo uno por ese número de ciudadanos. ¿Innovación, calidad, productividad, excelencia? Chaquetas mentales.

A Chapingo se le pretende reducir 3.5 por ciento en servicios personales y 6.4 por ciento en gastos de operación. ¡Excelente! A producir menos en el campo, importar más alimentos, depender de las transnacionales, erosionar los suelos al máximo.

Pero es lo mismo que se quiere hacer con todas las universidades: UAM, BUAP, la U de V, etcétera. Centros de excelencia indispensables por donde se le vea.

Mientras se subsidia a Bimbo, Maseca, Cemex, Comercial Mexicana, Pepsico y otras  empresas más que son del agrado gubernamental. Así como a universidades privadas que no realizan ni investigación ni difusión de la cultura.

El campo está seco, pero los tecnócratas encabezados por Agustín Carstens y las autoridades de Educación dirigidas por el antes sensible Alonso Lujambio, parece que desearán un movimiento no de estudiantes, más bien de éstos ligados a trabajadores, profesores, autoridades y hasta rectores. Algo nunca visto.

¿Por qué no empezar a reducir sueldos y prestaciones de funcionarios altos, ministros de la Corte, de los abusivos legisladores, de los partidos políticos?

Fuente: Forum en línea
http://www.forumenlinea.com/