Nunca, en la historia hondureña, se había visto tan transparente la relación matrimonial establecida entre la Iglesia y los artífices de los golpes de Estado como el ocurrido el 28 de junio recién pasado; mismo que fue respaldado además por los partidos Liberal, Nacional, Democracia Cristiana y el Pinu, el ejército, poderosos medios de comunicación y especialmente la oligarquía hondureña.

En esta acción, debidamente planificada, todos los protagonistas del golpe dieron al traste con un experimento de encuesta de opinión popular para conocer el pensamiento de los hondureños y de las hondureñas en torno al establecimiento de una cuarta urna en las elecciones de noviembre 2009 y fundamentar el establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente.

Lo anterior, fue el detonante para detener en forma ilegal por parte de los militares al presidente constitucional, Manuel Zelaya, lo asaltaron en su casa de habitación y por medio de la fuerza bruta lo expulsaron del país, fracturando el orden constitucional y de inmediato declararon el toque de queda, atemorizaron a la población y cerraron espacios informativos de radio y televisión con inclinaciones de apoyo al movimiento popular.

En medio de los trágicos acontecimientos tanto los católicos como los evangélicos, se han desacreditado ante los ojos de los y las pobres de Honduras, quienes en la actualidad son los actores de la insurrección popular y de las espectaculares movilizaciones que las realizan de manera pacífica, al desobedecer en las calles al gobierno usurpador; no obstante, el impuesto Toque de Queda, que afecta la movilización y la expresión libre de las personas.

Los mismos religiosos han justificado, a capa y espada, el golpe de Estado ilegal y en sendas exposiciones, por medio de cadenas radiales y televisivas financiadas por los asaltantes de la democracia, han expresado, auxiliándose en la literatura bíblica, la mentirosa sucesión constitucional y el nombramiento ilegal y espurio del Sr. Micheletti en la silla presidencial.

Todo parece indicar, según nos auxiliamos de la historia, que las religiones siempre han participado del mantenimiento del status quo, tanto que en la conquista española la religión católica acompañó y estuvo de lado de los conquistadores; en tiempos de Morazán se posesionaron en contra de la revolución morazánica y su comandante general, don Francisco Morazán, se vio obligado a separar la Iglesia del Estado y confiscó sus propiedades especialmente la tierra que la puso al servicio de la producción de alimentos.

En fin, no es de extrañar ahora, más cuando sabemos de los recursos pecuniarios que recibe el Cardenal Rodríguez, desde los tiempos del ex presidente Carlos Flores quien, a través de la Gaceta, emitió un decreto para otorgar cien mil lempiras mensuales al cardenalato a partir del año 2002; no es de extrañar, repetimos, el matrimonio y el casamiento existente ahora y en todos los tiempos entre la Iglesia, cualquiera sea denominación, con la defensa del golpe de Estado espurio y antidemocrático.

En consecuencia, en este momento el Cardenal Rodríguez debe cargar con las responsabilidades de haber estado en contra de los pobres y de la democracia; tanto así, que su imagen a nivel internacional se ha visto lastimada al disminuir sus pretensiones de papado para sustituir a Benedicto XVI