El 15 de marzo de 2009, las mujeres y hombres salvadoreños ocuparon el redondel Masferrer, una de las zonas más ricas de la ciudad de San Salvador, para celebrar la victoria del FMLN en las elecciones presidenciales. El FMLN logró 1.354.000 votos, un 51.32%, superando a ARENA en 69.412 (de un total de 2.638.588 votos).

 

Las elecciones contaron con una alta participación y su desarrollo fue definido como transparente y sin irregularidades según el Tribunal Supremo Electoral, aunque la campaña electoral estuvo marcada por el miedo, las diferencias de acceso a recursos y por “el evidente desequilibrio competitivo entre los dos contendientes políticos” como definió la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea.

 

En las elecciones de marzo, la ciudadanía demandó la necesidad de transformaciones profundas después de 17 años de gobierno de derechas (desde la firma de los acuerdos de paz) que progresivamente ha aumentado la desigualdad y la pobreza en el país.

 

El tiempo va avanzando y la gestión del nuevo gobierno comienza a definirse. El 1 de junio tuvo lugar el acto de toma de posesión por el que Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén fueron juramentados con Presidente y Vicepresidente de gobierno, y en este mes también se ha definido la composición del ejecutivo.

 

Algunos de los cambios van a ser complejos de lograr, ya que hay instituciones clave para la aplicación de los planes del gobierno donde los partidos de derecha ostentan la mayoría. Este es el caso de la Asamblea Legislativa y el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Cuentas. Y actores con intereses económicos, como la oligarquía y las transnacionales instaladas en el país, que no van a facilitar los cambios.

 

Aun así quedan muchos aspectos estratégicos en los que el gobierno actual puede incidir, destacamos algunos:

 

          El replanteamiento de las relaciones regionales e internacionales sobre la base de la soberanía y el cambio. Como ejemplo ya se ha dado un reestablecimiento de vínculos diplomáticos con Cuba, pero quedan temas complejos como la aplicación de tratados internacionales en relación tanto con EEUU, como el Tratado de libre comercio –CAFTA-, y la actual negociación con Europa de los Acuerdos de Asociación (AdA), ambos con un claro impacto negativo en la política económica y social del país. El gobierno deberá definir un nuevo esquema de alianzas valorando su incorporación al ALBA o a Petrocaribe.

 

          En cuanto a la Política Fiscal, el control de la evasión de impuestos de la gran empresa es otra de las estrategias que el gobierno podrá utilizar para aumentar la recaudación y en consecuencia la inversión en salud, educación, vivienda, medioambiente y en los programas sociales definidos en el programa electoral.

 

 

          Tanto en el programa como en sus discursos electorales Mauricio Funes declaró: “Apoyar la mujer será una gran prioridad de mi gobierno. Conmigo, pueden estar seguras, que ustedes tendrán un grande amigo y aliado”. Por ahora la composición del gabinete realizada constata una mínima participación de las mujeres y quedarían por definir cómo dar respuesta a temas estratégicos para las mujeres como los altos índices de violencia contra éstas, el aborto y la necesaria laicidad del estado, entre otros.

 

Este país necesitaba urgentemente una alternancia y lo ha conseguido. La participación electoral era una primera estrategia política para el cambio de gobierno, pero ahora es necesario dar seguimiento al cumplimiento de los acuerdos electorales de parte de la sociedad. Para ello los movimientos sociales del país deberán seguir teniendo un papel clave en el mantenimiento de la incidencia política frente al Estado, la elaboración de propuestas y la organización social.

 

Como planteaba Salvador Sánchez Cerén en una entrevista después de la victoria del FMLN: Si el pueblo quiere llegar más allá, ¿cómo nos vamos a detener?

 

María Viadero Acha

 Mugarik Gabe