La agricultura y ganadería industrializada1 son una de las principales fuentes de generación y emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Según el informe de referencia Stern (www.sternreview.org.uk), el 18% de las emisiones de GEI a nivel mundial se corresponden con el “cambio del uso de la tierra”, mientras que el apartado “agricultura” (que incluye a la ganadería) emite el 14% de GEI. Sumando los dos ítems tenemos un 32% de GEI atribuibles de manera muy directa al modelo agrícola, convirtiéndose de esta manera en el principal contribuyente al cambio climático, por encima del sector energético (24%) o del transporte (14%).

Es decir, para actuar sobre el cambio climático es absolutamente imprescindible modificar el modelo agroalimentario actual, de la misma manera y con la misma intensidad que se enfocan esfuerzos en los sectores energéticos o de transporte.

Cuando hablamos de “cambio del uso de la tierra” en realidad es un eufemismo para no escribir directamente “deforestación”. Detrás de buena parte de la deforestación mundial existe la intención, por parte del agronegocio, de obtener nuevas tierras de cultivo, sobre la que asentar sus monocultivos. A veces es la propia agricultura/ganadería no corporativa la que se ve obligada a buscar nuevas tierras por el desplazamiento que sufren en sus tierras tradicionales, es una especie de “empujón” del agronegocio sobre los sistemas tradicionales. Por el camino directo o el indirecto, en su mayoría detrás de la deforestación están las corporaciones del agronegocio (incluyendo a los complejos madereros y papeleros).



Algunos factores que inciden en la emisión de gei de la agroecología vs agricultura intensiva

Agroecología

Agronegocio

Buen manejo de los suelos

Degradación/erosión de los suelos

Rotación cultivos

Monocultivos

Asociación de cultivos

Monocultivos

Fertilización orgánica adecuada

Sobrefertilización sintética

Integración agricultura y ganadería

Separación agricultura y ganadería

Complementariedad con los ciclos agroecológicos

Rotura de los ciclos agroecológicos

Mayor eficiencia energética

Ineficiencia energética

Utilización de energías renovables

Utilización de energías no renovables

Baja dependencia petrolera

Alta dependencia petrolera


Ganadería corporativa

La conexión entre ganadería y agricultura en sus impactos en el cambio climático no debe obviarse. La FAO señala que la ganadería es la principal fuente antropogénica del uso de la tierra. El 26% de la superficie terrestre se dedica a la producción de pastos y el 33% de la superficie agrícola a la producción de grano para piensos.

En realidad el principal motor de la agricultura industrializada, cuyos efectos sobre el cambio climático acabamos de esbozar, no es la alimentación humana directa sino la animal: el 60% de la producción agrícola se destina a la ganadería.

Es decir, no se puede afrontar un cambio de modelo agrícola sin modificar, al mismo tiempo, el modelo ganadero intensivo altamente demandante de esa agricultura intensiva.

A la hora de hacer las cuentas de los sectores que influyen en el cambio climático en Europa, se infravalora de manera considerable a la ganadería industrial. El modelo ganadero industrial europeo acarrea millones de hectáreas de deforestación en Brasil o Argentina para suministrar la soja y el maíz de los piensos, millones de hectáreas de agricultura intensiva que liberan CO2 o millones de hectáreas sobrefertilizadas con abonos sintéticos nitrogenados que expulsan NO2 a la atmósfera. Buena parte de esas hectáreas no están en territorio europeo, pero sí su demanda.

Como ejemplo, solamente para la soja y el maíz que consume la ganadería intensiva española procedente de Argentina y Brasil, utilizamos 3,5 millones de Ha de superficie agraria de estas regiones.

En concreto, España importa el 40% de los cereales que utiliza y prácticamente toda de la soja. El uso de los cereales en España es, básicamente, para alimentación animal. La ganadería se come 3 de cada 4 Kg. de cereal consumidos en España. En algunos cereales como el maíz o la cebada el % de utilización animal, respecto del total, es del 85%. Y el nivel de importación del principal de ellos (el maíz) se eleva al 50%.

Uno de cada dos kg. de maíz que se consumen en España es de importación, y 4 de cada 5 kg. consumidos son para ganadería.

Como vemos, la ganadería corporativa intensiva en España es el principal devorador de cereales y el principal motor de importación de los mismos. Asimismo, es un sector succionador clave de la soja que se produce en Argentina y Brasil en condiciones de monocultivo.

Bajo esa premisa, resulta interesante reevaluar los datos estatales españoles sobre la importancia de cada sector productivo en la emisión de GEI. Para el caso español se le atribuye al sector agrícola el 11% de los GEI, pero en realidad deberíamos sumar a esto, al menos, los efectos transnacionales asociados a la actividad ganadera corporativa española. Es decir, la deforestación y los efectos agrícolas de las hectáreas asociadas a las toneladas importadas por España y que ahora están en la “cuenta de resultados” como emisión de GEI en otros países.
Pero los impactos del modelo de agricultura y ganadería intensiva sobre la emisión de GEI van mucho más allá de lo expuesto hasta ahora. Las raíces agroalimentarias emisoras de GEI se insertan en otros apartados de los que podríamos destacar a tres:

Energía: El actual patrón energético es otra de las grandes causas del cambio climático, y el modelo agroalimentario actual es un importante consumidor de este patrón. La agricultura y la ganadería pueden ser actividades altamente eficientes desde el punto de vista energético, insertándose en los modelos ecosistémicos, cerrando ciclos, y buscando la complementariedad energética de sus actividades, pero el modelo industrial derivado de la Revolución Verde y el ganadero intensivo ha roto todos estos esquemas y es hoy en día un paradigma del despilfarro energético. Por otro lado, son modelos “petrodependientes”, tienen sus pies sumergidos en petróleo y eso es otro factor en la suma de como estas actividades impulsan el cambio climático.

Se estima que la agricultura intensiva gasta entre 6-7 veces más energía por unidad de alimento obtenido que la opción agroecológica.2

Kilómetros y más kilómetros

Este tipo de agricultura tiene una vocación claramente transnacional y salta por encima de los circuitos locales y costos de producción-distribución. Potencia por tanto un flujo de alimentos creciente a escala planetaria con unos claros impactos negativos sobre la emisión de GEI.

Supermercados

El gran aparador por el que se comercializan estos alimentos kilométricos son las grandes cadenas de distribución3. El sistema de producción intensivo y a gran escala y el sistema de distribución basado en el supermercadismo van de la mano. Es una cooperación capitalista en toda regla. Los efectos del supermercadismo sobre el CC también trascienden el ámbito agrícola en el que se basa la producción de los alimentos que ofrecen, y se manifiestan en temas como el tema transporte, la energía, los residuos, el sobreenvasado, el modelo urbano que promueven, el consumismo desbocado, y un largo etcétera que hacen que los “supermercados” (bajo los distintos formatos en que operan) sean unos actores claves como causantes de cambio climático.

– Ferran Garcia es coordinador de investigaciones de Veterinarios Sin Fronteras

Notas:
1 Bajo esta terminología también se engloban los modelos agroganaderos conocidos como agricultura corporativa, intensiva o capitalista, entre otras.
2 Jules Pretty and Andrew Ball, Agricultural Influences on Carbon Emissions and Sequestration – A Review of Evidence and the Emerging Trading Option. Marzo 2001.
3 Para mas información ver www.supermercadosnogracias.org



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