Siracusa

Las propuestas de la contra cumbre en la ciudad del Ministro Prestigiacomo. En el «triangulo de la muerte» Priolo-Augusta-Melilli. Justicia ambiental, deuda ecológica, reconversión industrial: las palabras llave contra el G8

Familias exterminadas por el cáncer, poblaciones expropiadas de su futuro, comunidades agredidas por los venenos, esto es lo que sucede en nombre del crecimiento y de la seguridad energética del Occidente en el área siracusiana, donde se está celebrando el G8 ambiental. La elección de Siracusa, querida por Berlusconi y por su ministra de medio ambiente, suena para los ciudadanos de esas tierras como la enésima prueba de la arrogancia del gobierno y hace más presente la crisis de la democracia en nuestro país.

Precisamente la Prestigiacomo posee tres empresas familiares presentes en el denominado triangulo de la muerte "Priolo-Augusta-Melilli", la Coemi Spa, la Vetroresina engineering development e la Sarplast, representa la antítesis de aquello que quiere decir la defensa del medio ambiente.

La ministra resulta además propietaria de acciones de Ved, una empresa gestionada por el padre, implicada en procesos de tratamiento y esmaltamiento ilegal de los residuos, violación de las normas de seguridad en los confrontes de los dependientes y bancarota fraudulenta. Un curriculum que, con cierta coherencia, es premiado al punto de garantizar a la Prestigiacomo el rol de paladín de la defensa del medio ambiente.

Esto y otras cosas más es lo que denuncia el Coordinamiento Regional Siciliano contra el G8 ambiental, que en concomitancia con el summit ha organizado las iniciativas, los forum y las manifestaciones para decir no a las políticas ambientales impuestas por el club de los ocho y decir si a otro modelo económico basado en la sostenibilidad, la defensa de los bienes comunes y del territorio.

Las cuestiones tratadas no son para tomárselas a la ligera, sino que por el contrario hoy la cuestión ambiental esta en el centro de la reflexión sobre como conseguir salir de la crisis. Cambio climático, justicia ambiental, deuda ecológica, soberanía energética, reconversión industrial, están al centro de los análisis, de las luchas y de las propuestas hechas por los movimientos y por la sociedad civil organizada en todo el mundo.

Propuestas que encuentra siempre mas espacio entre los gobiernos del sur del mundo, comenzando por aquellos sudamericanos, pero no entre los ocho “grandes” que han sido mas que ningún otro los que han determinado la crisis ambiental y económica. Ha sido precisamente el G8 desde su nacimiento el que ha dirigido las governance global, centrada en un mayor crecimiento económico desregularización y privatizaciones de cada recurso presente en el planeta. Y son justo estas elecciones las que han producido la crisis.

El crecimiento que debía servir para cancelar las desigualdades ha tenido como efecto aquel de quintuplicarlas (según los datos de la ONU). La desregularización y las privatizaciones que debían garantizar mejores servicios y productos a precios mas bajos, de igual manera que prevén el libre mercado, han tenido por el contrario como efecto el nacimiento de gigantescos oligopolios y de grandes empresas, convertidas en centros de poder transnacional en grado de incidir mas que cualquier gobierno del mundo. La recaída para todos los demás, ha sido la marginalización de centenares de millones de trabajadores y campesinos que han sido privados de los únicos recursos que todavía tenían en sus manos: los servicios básicos, el agua, la tierra, la biodiversidad, las florestas. Esperar que quien ha producido la crisis y la ha dirigido para garantizarse a través de la maquina del Estado la socialización de las pérdidas de un sistema fallido, quiera continuar a imponer al mundo las soluciones necesarias, nos parece, más que atrevido, impracticable. El G8, o G20, no están en condiciones de determinar la salida de la crisis es más, se corre el riesgo de hacer que la humanidad se hunda cada vez mas en una situación que terminar por ser irreversible.

Para todo lo demás, decir que desde la primera edición del FSM de Porto Alegre, como repuesta a las decisiones que provenían de Davos, lugar en el cual se reunía la governance global, habíamos denunciado que la crisis ambiental era consecuencia de un modelo económico equivocado, insostenible y que por primera vez en la historia pone en discusión la existencia de la misma vida sobre el planeta.

La crisis económica y financiera la habíamos previsto, incluso en la calles de Genova, a pesar de los intentos de caricaturizar un movimiento portador de un nuevo paradigma de civilización. De esto se trata, como se ha dicho en Belem, durante la novena edición del Forum Social Mundial, celebrado en la Amazonía. La pregunta central que no puede ser evadida es: ¿China o Sumak Kawsay?, o lo que es lo mismo, si la governance global del planeta tuviese que permanecer en manos de los mismos actores e instituciones que han producido las crisis mas graves que hayan existido jamás, la perspectiva que nos queda es esa de un mundo que salta por los aires.

De hecho si China alcanzase los estándares de consumo requeridos por el G8 y la Banca Mundial para promover la salida de la crisis a través de un gran crecimiento económico, necesitaríamos otros tres planetas para sostener el impacto ambiental que esto generaría. Esta es la demostración científica de como el capitalismo, guste o no, sea completamente inadecuado para pensar en un largo periodo y sea sobretodo responsable de un fracaso que podría además producir la autodestrucción. Por esto tenemos que decidir entre China o Sumak Kawsay, que en el idioma nativo de los pueblos indígenas de los Andes quiere decir “buen vivir”.

Un concepto que da un vuelco al punto de vista capitalista, fundado en la competencia, en el crecimiento económico y en las privatizaciones de los principales recursos del planeta, transformados en simples mercancías para vender. Vivir bien significa una concepción de comunidad donde ninguno puede ganar si su vecino pierde. Significa volver a escribir un modelo de economía fundado sobre la defensa de los bienes comunes, la cooperación y la paz. Por esto necesitamos una gran alianza global, capaz de contrastar las actuales políticas económicas y ambientales y al mismo tiempo que esté en grado de promover una descolonización del imaginario colectivo capaz de liberar fuerzas vitales, necesarias para volver a escribir la relación entre seres humanos y vivientes, fundadas sobre el “buen vivir” más que sobre una guerra continua con todo aquello que nos rodea.

Giuseppe De Marzo, www.asud.net