"Tal es la magnitud de nuestra soledad. Crisis y terror vienen juntas, del mismo lugar y para los mismos beneficiarios. El remedio es la conciencia y una dignidad enorme que nos libere de unos pocos que nos niegan la vida y el futuro. Sí hay crisis, es profunda, tiene responsables y debemos superarla."

Se inicia la Cumbre del G-20 en Inglaterra en medio de masivas protestas sociales y ciudadanas. A pesar de los intentos por negarlo o enmascararlo, es cada vez más claro que se trata de la crisis del Libre Comercio. Es precisamente una crisis causada por el modelo de Libre Comercio. Colombia tiene por lo menos 18 años de experiencia con este modelo que nos ha llevado a la dependencia alimentaria, a la destrucción del sector agrario e industrial, a la dependencia, a la primarización de la economía, al incremento de las desigualdades y de la polarización social. El Gobierno Nacional aseveró sin fundamento que el país estaba blindado contra la crisis. Pretendió tapar el sol con las manos. Este ha sido un Gobierno del Libre Comercio, al igual que los que lo han precedido desde 1990 y por ello, el país es dependiente de capitales golondrinas, consecuencia de una economía manejada como una pirámide. "Vengan, inviertan sin condiciones" es el mensaje que se ha dado y "les pagamos intereses inverosímiles". Colombia, como una captadora ilegal global de dinero. Ya sabemos lo que pasa cuando entra el pánico o hay que pagar. Se retiran llevándoselo todo y se quiebra el país. Colombia hoy, es una pirámide fallida. Una DMG en desgracia.

Sin industria, sin alimentos, desmantelado lo poco que había de seguridad social, salud, educación, vivienda, libertades y derechos. Se acaba la bonanza que beneficiaba a unos pocos, para que restando queden aún menos, más codiciosos y aún más ricos en medio de la miseria y la destrucción ambiental.

Mientras Europa, EEUU, China, La India, Japón, toman medidas proteccionistas, el Gobierno que nos dejó vulnerables y picnorados, promueve más libre comercio. Hace campaña para que Canadá y Europa ratifiquen tratados que nos acaben de hundir económicamente.

Obedientes a las fórmulas fracasadas los Gobiernos colombianos, desde 1990 y particularmente el actual, han llevado a que el Estado colombiano cumpla con las recetas fallidas del FMI, la OMC y el Banco Mundial:

1. Ajuste Estructural: Privatización, apertura, TLCs, flexibilización laboral.

2. Construcción de infraestructura (vías, poliductos, puertos, etc…) con deuda pública para que se puedan llevar la riqueza

3. Control social por la vía del Consenso (Acción Social, propaganda, entretenimiento masivo, clientelismos, Consejos comunitarios y distorsiones mediáticas) o de la Coerción (Seguridad Democrática: terror, eliminación de líderes y organizaciones sociales y sindicales, parapolítica, falsos positivos y promoción de la guerra permanente por todas las vías)

El Libre Comercio se hundió ya. Los efectos de la crisis apenas empiezan a sentirse. A diario se cierran industrias, no ya Nacionales (ya casi no quedan) sino transnacionales. El desempleo, la falta de alimentos y su alto costo, la destrucción de la capacidad productiva, nos irán llevando inexorablemente al camino de la desesperación y la sinsalida. Ante esto, los promotores y beneficiarios del Modelo desde Colombia, hablarán de la crisis como un fenómeno natural. Algo que pasó. Una tormenta que se vino. No dirán que la causaron, la promovieron, la provocaron, ganaron con ella y ahora la encubren. Dirán que es como el clima, uno no puede hacer nada para evitar una tormenta. Pero nisiquiera esto es cierto, porque hasta la crisis ecológica, la contaminación y escasez del agua, la destrucción de los suelos, el cambio climático, son consecuencia del mismo libre comercio. Porque para acumular, hay que transformar la vida en mercancía y transportarla a donde se venda a alto costo con el máximo consumo de energía, manipulación genética, uso de agroquímicos y explotación de pueblos y naturaleza.

El G-20 no puede encontrar salidas porque está amarrado al monstruo que ha creado. La crisis económica se suma a la crisis ecológica y conducen a una crisis de la reproducción social y de la vida. Ante este panorama, no hay paños de agua tibia que sirvan. La gente que protesta en las calles tiene razón. Nos llevan a la destrucción. Son responsables. La hora inevitable de resistir y superar esta economía de la codicia por una democrática y de la vida ha llegado. Ojalá no sea demasiado tarde. No podemos seguirle creyendo a quienes nos han dejado en la miseria y a las puertas del fin de la vida.

Pero, si la experiencia histórica no nos engaña, el terror y la guerra se incrementarán como estrategias frente a la crisis en el "modelo Colombia". Frente a algo malo, provocar algo peor, de modo que sea el terror y no la intencionalidad económica que se sirve de este, lo que más nos afecte. Frente al terror omnipresente, destructivo, apremiante, hasta la crisis económica, pretenden quienes lo causan, será un mal menor. Tal es la magnitud de nuestra soledad. Crisis y terror vienen juntas, del mismo lugar y para los mismos beneficiarios. El remedio es la conciencia y una dignidad enorme que nos libere de unos pocos que nos niegan la vida y el futuro. Sí hay crisis, es profunda, tiene responsables y debemos superarla.

 

– Manuel Rozental es integrante del Tejido de Comunicación ACIN. http://www.nasaacin.org