La participación política es esencial en el ejercicio de la ciudadanía plena

En América Latina fue hasta en los últimos años que las mujeres conquistaron el espacio público de la política. Según algunos investigadores, de continuar con ese ritmo, se requerirían 500 años para alcanzar la paridad.

La Federación Sindical Mundial recientemente afirmó que la mitad de la población en el mundo, que somos las mujeres, percibimos apenas la décima parte de los ingresos mundiales y poseemos el uno por ciento de las propiedades universales.

La mujer trabajadora recibe, por la misma labor, entre el 30% y el 40% menos de remuneración que los hombres, millones están privadas del acceso a la educación y a la asistencia técnica para el desarrollo de habilidades, millones están haciendo trabajos despreciados por otros y más del 95% de las labores domésticas es realizado por ellas, en condiciones de no reciprocidad, aislamiento, gratuidad, desvalorización y hasta obligatoriedad.

Estos hechos explican en parte por qué poquísimas son las que figuran en los espacios políticos. La participación política es un elemento esencial del ejercicio de la ciudadanía plena, contribuye a alcanzar nuestra identidad y nuestra propia realización humana, es el reconocimiento a la igualdad, la construcción colectiva de metas comunes, sin intermediación. Éste es uno de los más grandes desafíos para las mujeres, sobre todo en nuestra sociedad, donde la política es algo estigmatizado como despreciable y que podría ser reivindicada con la intervención de más mujeres.

Sin embargo, la mayoría opta por demandas de otra naturaleza entre ellas: contra la violencia y el femicidio, por el trabajo equitativo, por la salud y el bienestar, por la educación, todas reivindicaciones legítimas, justas y urgentes; pero la lucha por los espacios políticos tiene otra dimensión estratégica, ya que la democracia requiere de la participación de las mujeres, de la integración social y de géneros.

La contienda por el poder político, tan mal vista en nuestro medio como la militancia partidaria, deben ser revalorizadas, para ser asumidas sin vergüenza ni temor a ser despreciadas. La participación consciente y activa, la mirada crítica, la ética, los principios y valores, son las principales banderas para internarse en esa arena movediza. El país necesita con urgencia la renovación de los liderazgos y las mujeres tienen un gran potencial para ubicarse en las
primeras planas y, desde ahí, promover el cambio en el imaginario social, numerosas liderezas reúnen las cualidades requeridas.

Todas estas reivindicaciones expresan la inconformidad con un sistema excluyente, que desconoce la universalidad de los derechos humanos y legales, los que deben ser garantizados por el Estado y exigidos por nosotras.

Lo que subyace en estas reflexiones es la búsqueda de la equidad que se sustenta en la justicia. Hay múltiples enfoques y aportes para acortar el camino. Contamos con dignos ejemplos de políticas de muy alto nivel que se han desempeñado con mucha dignidad y valentía en sus cargos.

Las cuotas de participación política, como mecanismo de discriminación positiva, son un factor importante para hacer efectiva la democracia con equidad. Hay que colocar de nuevo en el debate este tema, antes de que inicie la próxima contienda electoral.

Convergencia Cívico Política merece el reconocimiento por su tenacidad en ese empeño que dura ya más de 12 años.

Guatemala, 26 de noviembre de 2008




– Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, es Directora de la Agencia CERIGUA.

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