Medellín

Dedicarse a una actividad informal y residir en los estratos 1 y 2 no es prenda de garantía para ningún prestamista, sobre todo si es una entidad bancaria. Para esta población, acceder a un crédito sólo es posible a través de las llamadas “natilleras”, los paga-diarios, las prenderías y hasta los negocios de pirámide.

Estudios del Banco de la República y de diversos grupos académicos coinciden en señalar que en Colombia cerca del 58% de la población cuenta con alguno de los servicios que ofrece la banca nacional; sin embargo, sólo el 29% de los hogares colombianos accede a los créditos de consumo o hipotecarios que ofrecen las instituciones bancarias.

Por ello, desde hace poco más de dos años viene funcionando en Medellín el proyecto Corporación Fomentamos, iniciativa que busca que los estratos excluidos de los servicios bancarios (por regla, también excluidos socialmente) puedan acceder a micro-créditos mediante el sistema de banca comunal.

Desde su implementación en países como Bolivia y Perú, en la década de los ochenta, la banca comunal ha procurado llevar los servicios de ahorro y préstamo a fami-empresarios de escasos recursos, utilizando una metodología basada en la solidaridad y el trabajo asociativo.

En Colombia este tipo de servicios financieros es relativamente nuevo. A diferencia de otras ofertas de micro-crédito que existen en el mercado, lo novedoso del proyecto Fomentamos es la combinación del ahorro solidario de las famosas “natilleras barriales”, la oferta de servicios de las sociedades mutuales y la metodología del trabajo comunitario, todo ello ligado a un fuerte componente de formación humanística.

Según Fernando Flórez, director del proyecto y quien más ha impulsado la iniciativa en Medellín, la idea es conformar grupos de personas que preferiblemente vivan en el mismo barrio y se dediquen a la misma actividad económica. Dichos grupos reciben el nombre de “círculos solidarios”, quienes además de asumir conjuntamente la responsabilidad por el pago del crédito, re-construyen tejido social en sus comunidades gracias a las actividades solidarias.

“Recurrimos al trabajo de grupo porque vemos que es el mejor mecanismo de romper con las barreras que encuentra la gente en la banca tradicional a la hora de solicitar créditos. ¿Cuáles? El no poder demostrar ingresos fijos periódicos, no tener activos que respalden la solicitud y no contar con historial crediticio importante. Con este sistema, todos se convierten en responsables de todos”, señaló Flórez.

Labor asociativa

Además de romper con las barreras impuestas por las entidades crediticias, el propósito del trabajo por grupos es incentivar la participación de las personas socialmente excluidas en la vida barrial. Por ello, uno de los requisitos para acceder al servicio de banca es la participación en los ciclos de capacitación, que van desde charlas de crecimiento personal hasta cursos generales de cómo administrar un negocio.

“Nuestra intención no es sacar a la gente de la informalidad, es darle la mano a esa persona dedicada al llamado ‘rebusque’. Si nuestro apoyo económico y formativo le ayuda para formalizar su idea de negocio, perfecto, pero eso lo determina cada beneficiario”, añadió el director de Fomentamos.

Al respecto, la iniciativa atiende actualmente a unas 3.087 personas agrupadas en 210 “círculos solidarios”, quienes en su inmensa mayoría se dedican a actividades informales.

Quizás uno de los “círculos solidarios” que más “jugo” le ha sacado a este proyecto es de la Red de Mujeres Confeccionistas de la Comuna 13. Desde hace más de cuatro años, un grupo de 16 mujeres cabezas de familia, dedicadas al ensamblaje de prendas de vestir para los grandes marcas de ropa decidieron unir esfuerzos para hacerle frente a la precarización laboral a la que se ven sometidas las confeccionistas en Medellín, sobre todo aquellas que trabajan como maquiladoras.

“Nos reunimos para hablar sobre nuestra situación laboral y vimos que si nos asociábamos nos iba mejor. Cada una de nosotros comenzó a dar referencia de su compañera o vecina y si una de nosotras consigue un buen trabajo, pues se agrupa con otra, o si se necesita maquinaria y hay quien la tenga, pues la presta”, comentó Edilma Quintero, integrante de la Red de Mujeres.

Gracias a su espíritu solidario, sumado al apoyo crediticio prestado por Fomentamos, la Red de Mujeres ha logrado alternar el trabajo de maquila con el de confección de línea propia, cumpliendo así con la filosofía de la banca comunal: mejorar la calidad de vida a la vez que se recupera tejido social.

“Cada una sigue trabajando en su taller, con sus contratos de maquila. Pero tenemos trabajos conjuntos, como este de la confección de uniformes, que es una idea de negocio propia. Así como la producción es responsabilidad de todas, los beneficios también son distribuidos entre todas”, dijo Edilma.

Si bien la Red aún no cuenta con los elementos para convertirse en una sólida micro-empresa de la confección, por los menos sus integrantes sienten que han logrado afrontar con dignidad las difíciles circunstancias laborales del mercado de la maquila.

“Aquí en la Comuna 13 hay más de 350 talleres de confecciones que compiten entre sí por ser maquiladores de las grandes marcas. Y esa competencia a veces no es leal, porque hay quienes rebajan sus precios a fin de recibir contratos. Nosotras no hemos recurrido a eso, incluso, manejamos un precio estándar para la maquila y, gracias a la línea propia, tenemos trabajo todo el año”, aseveró la confeccionista.

Resistencias

A pesar de lo novedoso de la propuesta, la filosofía del trabajo asociativo aún genera resistencias entre las personas. ¿Razones? Para Fernando Flórez, el tema pasa por la cultura de la supervivencia día a día en la que se encuentra inmersa más del 40% de la población en Colombia.

“La informalidad fomenta el individualismo y para muchas personas es muy difícil trabajar en grupos. Es más, hay personas que les genera resistencia asumir responsabilidad económica por otros y que otros se responsabilicen de ellos”, aseveró Flórez.

De ahí que el gran reto de Fomentamos sea convertirse en una opción para las personas que no logran acceder a los créditos de la banca y deben recurrir a otros mecanismos de financiación como el paga-diario, con todos los inconvenientes que esto generando en los barrios populares.

“El paga-diario es como una pirámide en el área de crédito. Primero, no sabemos de dónde salen esos recursos, y segundo, destruyen economías. Hay personas que prestan en ese sistema y ven que no son capaces de pagar y recurren a otro paga-diario hasta que ven que su actividad comercial no les da para cancelar la deuda. Ahí viene lo otro: la represalia por el no pago”, indicó el funcionario.

¿Podrá la metodología de la banca comunal, utilizada por Fomentamos, cautivar muchas más personas a futuro? Sobre este particular, la respuesta de Fernando Flórez es tajante y deja frío a cualquier interlocutor desprevenido: “Lo ideal es que un programa de estos no existiera, pero en las condiciones laborales en que se encuentra en el país, somos conscientes de que tendremos mucho trabajo”, aseveró.
 







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