Mientras las provincias occidentales del país sufrían los embates de las lluvias y la falta de previsiones, producto de las malas políticas públicas gubernamentales, el presidente Martín Torrijos celebraba junto con el rey de España, en Madrid, los éxitos de las múltiples inversiones especulativas de los peninsulares en el istmo panameño. Emulando a los conquistadores de hace 500 años, los nuevos españoles le cayeron a Panamá como langostas comprando, vendiendo, socavando y haciendo ganancias extraordinarias.

Las inundaciones han cobrado 8 vidas, han arruinado las cosechas de miles de pequeños y medianos productores agrícolas y golpeado duramente a las comunidades indígenas de la serranía del Tabasará. Al mismo tiempo Torrijos y el rey se congratulaban de los buenos negocios. Lo que no se planteó en las declaraciones públicas, es que los inversionistas españoles se encuentran en una recesión económica, consecuencia de la crisis que afecta a Europa, especialmente Alemania.

A pesar de encontrarse en medio de la crisis mundial, el presidente Torrijos todavía no se percata de la seriedad de la recesión económica. Sus asesores no le permiten ver el horizonte, donde aparecen las nubes cargadas de problemas para la economía panameña. El primer sector que se verá afectado es el comercio marítimo vinculado al Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón y los puertos en ambos océanos. El golpe ya lo está sintiendo el sector de la construcción, cuya burbuja inmobiliaria probablemente reventará en 2009. El golpe de gracia lo sentirá la banca panameña y el sector exportador de bienes agrícolas.

El modelo neoliberal de la economía panameña, que ha desmontado los sectores productivos del país, ha dejado a los panameños sin defensas. Urge invertir en los sectores productivos – manufacturero y agropecuario – sobre la base de un plan de desarrollo nacional.

Según Samir Amín, economista egipcio que está esperando el Premio Nóbel, “el sistema capitalista actual está dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios cuya característica principal es su financiarización”. Es decir, el centro de gravedad de la decisión económica “ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Los oligopolios no producen beneficios, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras”.

Contra los mitos que ha creado el neoliberalismo, Amín señala que la economía de mercado se ha convertido en “un capitalismo de oligopolios financiarizados”. Detrás de la debacle hay una crisis de la economía real, una sobreproducción relativa de la producción y lo que ésta va a acarrear: “regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza”.

A pesar de todo, Amín cree que la crisis puede abrir un camino hacia el cambio. “A condición de que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, cristalicen en una alternativa política coherente”. Torrijos no está leyendo a Amín y sus asesores esconden sus libros. Está en manos de la juventud panameña enfrentar la crisis que golpeará a Panamá y darle un curso que transforme el Panamá pobre y desigual en un nuevo país rico, con una población trabajadora productiva y próspera.

Panamá, 27 de noviembre de 2008

Marco A. Gandásegui, hijo (Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA)