Guadalajara, Jalisco.

Sendas reuniones sostuvimos en esta bella y pujante capital de la entidad del occidente de México con los propósitos siempre edificantes de fortalecer la unidad periodística y considerar en la ética el valor de la palabra, herramienta maravillosa de nuestra profesión.

En orden cronológico, la primera de ellas fue precisamente con las dirigencias: Xavier Garabito Tovar, presidente del Club de Periodistas de Jalisco y el asesor permanente, Jesús Pérez Loza; Remberto Hernández Padilla, presidente del Colegio de Periodistas de Jalisco y el tesorero, Ricardo Alcalá Nava, y Jesús Vázquez Hernández, representante de Prensa Unida de Guadalajara, en fraternidad con Roberto Piñón Olivas, presidente, Othón Villela Larralde, presidente suplente y Raúl Durán Cárdenas, secretario tesorero de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, y el autor, en su cargo de vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP.

La segunda con el cardenal arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, en un singular intercambio de ideas sobre el periodismo y su influencia en las sociedades; se había anunciado una conferencia del jerarca católico, pero con modestia, se marginó de tal propósito al decir: “imposible llevar cocos a Colima”. En el mismo se abordaron con valentía y honestidad los muy preocupantes retos a que están expuestos los periodistas en estos tiempos de asesinatos, desapariciones forzadas y demás atentados que sufre el gremio. A esta reunión se unió Cuauhtémoc Cisneros Madrid, Presidente de Comunicación Cultural de Jalisco y más de 30 distinguidos colegas del estado.

Precisamente, por este sombrío panorama de incertidumbre, en el que los enemigos de la libertad de prensa y expresión se empeñan, hasta ahora en vergonzante impunidad, de colocar al periodismo -85 asesinatos desde 1973 y de ellos 51 del 2000 a la fecha y 9 desapariciones forzadas de comunicadores-, resultan de vital importancia, y vital viene de vida, estos encuentros para vigorizar al gremio en la unidad y continuar la lucha por las libertades, en el sentido único del periodismo: servir a la sociedad.

Don Juan, el tratamiento coloquial al cardenal; los “chicos de la prensa”, como insiste en calificar Remberto; creyentes; laicos, y no creyentes, de acuerdo a su conciencia, acotó el arzobispo, abordamos el tema de la palabra, instrumento único y de excelencia del periodista, hablado o escrito al través de los medios, que debe tener como insignia exclusiva la verdad.

Las parábolas no podían faltar. En este Año Paulino, recordó don Juan al apóstol, cuando se refería a la palabra como una espada mucho más afilada y penetrante que la de acero, y al apóstol Santiago quien comparaba a la lengua como el timón de un barco, que lo mismo abría paso a la luz que a la tempestad y al desastre, figuras literarias para significar en ellas la ética del periodismo.

Fue un mensaje dirigido directamente a las milicias periodísticas, en el que coincidimos, y que remató Sandoval Iñiguez con esta frase que lleva implícita una jiribilla: “No lucren con el periodismo”.

Finalmente, es de reconocerse que nos ganó la personalidad cardenalicia por la analogía: Coincidimos que México vive sus peores momentos en cuanto a las libertades de prensa y expresión, a la pregunta directa si el narco y el crimen organizado son culpables de tanto crimen y demás atentados contra los periodistas, contestamos:

Nosotros no somos agentes del Ministerio Público, ni policíacos y tampoco peritos para señalar culpables, lo único que sabemos es que por la impunidad imperante el gobierno o los gobiernos, son omisos o posiblemente cómplices, a lo que contestó el cardenal arzobispo: Yo sé quien mató a mi antecesor, Guadalupe Posadas Ocampo, pero a mí no me toca ni decirlo ni comprobarlo: Coincidimos nuevamente: le toca a las autoridades, que por ahora favorecen la aberrante impunidad.

– Teodoro Rentería Arróyave es periodista y escritor mexicano.