El sistema económico salvadoreño es una eficiente maquinaria para generar empobrecimiento y exclusión, los supuestos en que se funda, además que centrar en la ganancia el valor central de las cosas, son claramente discriminatorios pues producen y reproducen relaciones opresivas de clase y género, así como otras relaciones de dominación basadas en la etnia, la edad, la orientación sexual, las discapacidades y el país de origen, entre otras. La lógica de acumulación del capital prevalente en el sistema económico enriquece a un reducido sector social y empresarial en el corto plazo, principalmente hombres, mientras pone en peligro los procesos ecológicos, sociales y culturales que garantizan el cuidado y la reproducción de la vida misma.

Las mujeres que viven en situación de empobrecimiento no sólo son privadas del acceso a servicios públicos cuyo goce constituyen derechos humanos inalienables, sino también de recursos indispensables para garantizar la calidad y la reproducción de la vida. Entre otros, la carencia de empleos dignos, estables y con justa remuneración, la escasa atención de nutrición y salud – incluyendo la reproductiva-, la falta de acceso adecuado a la educación, la carencia de viviendas adecuadas, la ausencia de participación y adopción de decisiones en el hogar y en la sociedad; en definitiva, las mujeres en situación de empobrecimiento enfrentan limitaciones en ámbitos fundamentales para cambiar su situación.

– Políticas Públicas Hoy , año III, N° 38 San Salvador, 2008

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