No se va a entender esta afirmación si no hacemos un alto en el camino. Si nuestra capacidad de sueños, a causa de las desgracias que arrastramos, está dimidiada. Si todavía no creemos en la valía de nuestro Pueblo. Si no estamos convencidos de que la hora del Paraguay todavía no llegó y que está en nuestras manos adelantarla. Si nos perdemos enredados en la ramas de un árbol y no somos capaces de ver el bosque completo que tenemos delante. Si solamente tenemos memoria de desgracias y no recuerdos vivos de todos los esfuerzos que desde la Primera Independencia se hicieron desde el poder, desde la tortura sufrida en noches interminables, desde los miles y miles de exiliados que vivieron y murieron lejos esperando que comenzara a nacer lo que hoy tenemos. Si no nos hemos librado del miedo a los opresores que agazapados harán todo lo posible para volver. Si no tenemos FE en que el nuevo Paraguay es un importante capítulo del Reino de Dios en la Tierra.

Pero si todo lo anterior existe en positivo en cada uno de nosotros, el corazón se llenará de alegría, y encenderemos la luz de la esperanza. Y comprenderemos el privilegio de ser ciudadanos paraguayos hoy.

Este privilegio se nos presenta como un desafío que ha de despertar todas nuestras fuerzas.

Para la inteligencia es la tarea del Presidente de acertar lo más posible en los dilemas que se le presenten. Para el Pueblo de comprender que estamos en un proceso de todos, en el que todos hemos de estar presentes, sin frenos ni corridas locas, y sobre todo preguntándonos cual va a ser nuestro aporte individual concreto.

Para la memoria es todavía más difícil. Somos un Pueblo desmemoriado y ahora más, que nunca, nos hemos de sentir herederos de un caudal de esfuerzos que nos empujarán a seguir adelante.

Pero lo más difícil va a tocar a nuestra voluntad.

Por lo que tenemos que borrar de taras incrustadas en ellas. Desde el poco respeto a los bienes públicos , que no son de nadie sino de todos nosotros hasta la entrega generosa a todo esfuerzo positivo y solidario. Pasando por el olvido al crecimiento del partido antepuesto al crecimiento d e la Patria.

También por los valores que hemos de hacer crecer. Saber trabajar en equipo. Respeto a las opiniones ajenas. Privilegiar a los más empobrecidos. Actuar con transparencia. Etc..etc…

El quince de agosto después del acto de la investidura del Presidente Fernando Lugo, nació un camino, largo y difícil, pero que agranda nuestras fronteras. Y las fronteras d e un Pueblo no son las que marcan las Aduanas sino los sueños, las luchas y el avanzar por la Historia de esa palabra mágica que es la felicidad del Pueblo.

Y una nota para el Pueblo creyente de la Nación.

En este tiempo privilegiado, que nos conduce en un proceso hacia horizontes de felicidad (más salud, mejor educación, trabajo para todos) el creyente (católico, evangélico, ortodoxo) tiene un puesto decisivo.

Por ser mayoría los que creemos en Dios. Porque esta creencia encierra valores que nos impulsan en un compromiso hacia el hermano. Porque es una reserva de fuerzas para no cansarnos en este emprendimiento. También porque es un instrumento de purificación y dominio de esas fuerzas negativas, individuales y colectivas, que pueden y quieren hacer fracasar nuestros intentos de lograr la Segunda Independencia del Paraguay.

Y, para terminar: este es un tiempo privilegiado que bien se merece una actitud de agradecimiento al Dios que, manteniéndonos en la Vida, nos da la ocasión de poderlo vivir.

– Revista Acción No. 286, Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch, agosto 2.008