El colapso de las negociaciones de la ronda de Doha de la OMC constituye una victoria para las organizaciones que lucharon en Seattle, Cancún, Hongkong, Ginebra y en varios otros lugares contra la OMC. El fracaso de esta semana de negociaciones es una victoria para los campesinos y campesinas en el mundo entero que luchan contra la liberalización de los mercados y la mercantilización de los productos esenciales como la comida, el agua y las semillas.

Las crisis estructurales en los ámbitos de la alimentación, el clima, las finanzas y la energía son una consecuencia directa de estas políticas de liberalización, impulsadas por la OMC y los tratados de libre comercio, que hacen del mercado libre una solución para todo sin evaluación de resultado.

Con la OMC fracasada, pedimos a la sociedad mundial movilizarse contra los tratados de libre comercio bilaterales y regionales que van a menudo más lejos que los acuerdos de la OMC por lo que se refiere a la privatización de los recursos naturales y bienes públicos.

La liberalización de la agricultura que sólo beneficia a algunas empresas agroalimentarias causa una volatilidad de los precios que tiene repercusiones negativas sobre las poblaciones más vulnerables.

Los productos alimentarios y agrícolas son mucho más que una mercancía y requieren de políticas solidarias, locales y de gestión de la oferta. El acceso a la comida en cantidad y calidad debe estar en el centro de las políticas agrícolas.

En Europa, la liberalización de los mercados agrícolas implica una disminución del número de campesinos, una concentración de las producciones en explotaciones industriales, importaciones a precios demasiado bajos y el refuerzo de un modelo productivista y contaminador. La PAC actual, por el dumping de los excedentes en los mercados exteriores, afecta negativamente a los campesinos y a las campesinas de otras regiones del mundo. Además no cumple con las exigencias medioambientales, de calidad, y de salud de las poblaciones europeas.

La Comisión Europea es la responsable de una Política Agrícola Común que impide a los campesinos en las explotaciones familiares del Norte y el Sur ejercer su oficio y obtener un precio remunerador de su trabajo.

Pedimos que la PAC esté reformada para favorecer una buena repartición de las producciones en todo el territorio y la creación de empleo. Tendría que favorecer el desarrollo de circuitos de comercialización cortos, garantizar precios remuneradores y apoyar métodos de producción sostenibles.

La soberanía alimentaria es la alternativa propuesta por los campesinos, campesinas, los trabajadores agrícolas y los consumidores.

¡La OMC fuera de la agricultura!