La Teología de la Liberación ha dejado sus señales en Cuba en el Centro Memorial Martin Luther King Jr, organización macroecuménica de inspiración cristiana con más de 21 años de trabajo.

Enclavado en el popular barrio habanero de Pogolotti, el Centro apuesta por la participación y por la formación de sujetos críticos, promotores de transformaciones socio-eclesiales en relación a la justicia, la solidaridad y la paz. Cursos, talleres, diplomados y el acompañamiento a prácticas pastorales y ecuménicas a nivel local, también con publicaciones, son algunas de sus acciones concretas.

El sello editorial Caminos, que incluye la revista homónima, publica textos sobre Teología de la Liberación, educación, comunicación popular, pensamiento contra hegemónico y rescate de la memoria histórica de los pueblos.

Al frente de toda esta gestión se halla el reverendo Raúl Suárez, un hombre que transpira honestidad, de raíces muy humildes, y que tiende a no perder de vista que es el ser humano el objetivo supremo de su marcha.

“Los teólogos de la liberación ofrecieron una base bíblica y teológica para que los cristianos, como decía Camilo Torres Restrepo, nos decidamos y nos comprometamos a hacer la revolución. Pero a diferencia de otros pueblos de América Latina en donde los cristianos buscan una base ética, bíblica, teológica para concretar la revolución, en Cuba sumamos nuestros esfuerzos para que la Revolución pueda llevar a vías de hechos todo su programa en beneficio del pueblo. Es lo que el doctor Sergio Arce ha llamado "la teología cubana en revolución". Desde las primeras transformaciones nos dimos cuenta de que trabajar por esa obra era ver concretamente, en la vida de los seres humanos, que se estaba realizando el programa de Jesucristo”, comenta Raúl Suárez.

– Sin embargo ha habido períodos tensos para los creyentes, recuerdo haber visto en Cuba cómo en determinados momentos algunas personas escondían los altares, ¿cómo usted explica este hecho?

Lo percibo como un proceso lógico, es el encuentro entre dos maneras de concebir la realidad y de comprometerse con ella que históricamente entraron en contradicciones. Uno de los papas, creo que Pío XII, dijo que el comunismo era intrínsicamente perverso. A partir de esas palabras todo lo que oliera a marxismo, a socialismo, nos traía dudas, reservas, y a veces hasta inepcias en la práctica de la fe. Éramos víctimas del adoctrinamiento de la ideología burguesa, de la guerra fría. A través de la literatura religiosa se podía percibir una identificación entre la educación religiosa y la educación anticomunista.

Se agudizaron estas contradicciones a partir de la declaración del carácter socialista del proceso revolucionario y cuando empezó a llegar a nuestro país la literatura soviética, los manuales de filosofía y de economía, en donde sin excepción nos emparentaban a nosotros con una actitud reaccionaria frente a la ciencia, como enemigos de la clase obrera y del socialismo.

Por una parte habíamos recibido una cultura anticomunista y por la otra toda la literatura que entró en Cuba, que se enseñó en Cuba y a partir de la cual se formaron muchos funcionarios, se trasplantó a un continente donde la fe religiosa no siempre ha jugado el papel del opio, un continente con una rica tradición de religiosos y religiosas que han echado su suerte a favor del pueblo y de la transformación de las estructuras capitalistas que lo oprimen. Se violó la religiosidad popular y comenzó a enseñarse una ideología antirreligiosa que no era el resultado del proyecto original de la revolución sino un transplante.

Con esas incomprensiones mutuas tuvimos que empezar, pero también tuvimos la suerte de tener un líder que no va por caminos trillados, que no es un dogmático, que no es un ortodoxo, sino un hombre profundamente marxista, que estudió en colegios jesuitas y tuvo la oportunidad de entrar en contacto con la Biblia. Se trata, además, de un conocedor de lo que fue el movimiento original de Jesús de Nazareth con el cual él mismo ha dicho que no tiene contradicción.

En uno de los encuentros de Fidel en Chile con los líderes religiosos afirmó: "o ustedes han cambiado mucho o yo me he puesto viejo". Ya la imagen que ofrecían estos hermanos y hermanas era de una identidad cristiana, de una teología, de una pastoral y de un compromiso diferente a lo que él había visto en el pasado.

Cuando fuimos rompiendo el bloqueo de Estados Unidos a Cuba en América Latina y Fidel pudo visitar la región, entrar en contacto con la Teología de la Liberación, con las comunidades eclesiales de base, con las diversas pastorales, se dio cuenta de su potencial político.

Habló luego por primera vez en Chile de la alianza estratégica, de la unidad de los revolucionarios, de creyentes y no creyentes, de cristianos revolucionarios y marxistas. No somos aliados que nos saludamos en el camino y nos decimos adiós, podemos seguir caminando juntos porque son más las cosas que nos unen que las que nos dividen. Lo que perseguimos es una sociedad más justa y en ese sentido no hay contradicción.

– ¿Cómo está de salud la Teología de la Liberación en el mundo?

La mejor respuesta a esa pregunta la dio Fray Betto. No hay duda de que la desaparición del campo socialista fue un golpe duro no sólo para la Teología de la Liberación, que había encontrado en el marxismo una herramienta para la comprensión de las estructuras del sistema capitalista.

Algunos pensaron que con ese golpe y la agresividad del Vaticano frente a ella, la Teología de la Liberación había desaparecido. Fray Betto entonces dijo que mientras exista la miseria, la opresión, la explotación en América Latina habrá Teología de la Liberación.

Una evidencia de que es pertinente y vigente es que nuestro hermano y amigo el ex obispo paraguayo Fernando Lugo acaba de ganar las elecciones presidenciales en su país. Lo invitamos personalmente a nuestra patria y lo tuvimos una semana entre nosotros. El ha contado cómo la Teología de la Liberación lo ha llevado a este compromiso con el pueblo pobre paraguayo, a aceptar la candidatura a la presidencia y a renunciar a su obispado para entrar en el complejo mundo de la política a partir de una motivación ética. Me ha llegado recientemente una hermosa fotografía donde aparece Lugo caminando al lado de Fray Betto, todo un símbolo.

– ¿Bajo que argumento se combate la Teología de la Liberación?

A veces la preocupación por la "sana doctrina", por la ortodoxia, hace olvidar a algunos la orto-praxis y el compromiso que Jesucristo nos ha enseñado a cristianas y cristianos de echar nuestra suerte con los pequeñitos, como habla el Evangelio. Las preocupaciones que se tienen con la Teología de la Liberación obedecen más al campo ideológico y político, y no a razones bíblicas y teológicas.

Nuestro Señor dijo "donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón". Cuando tú estudias el Magnificat, uno de los primeros poemas de navidad que aparecen en los Evangelios, la Virgen María en ese cántico donde ella percibe la obra de Dios en su vida y que ella va a ser la mamá de el Mesías prometido a su pueblo, en una parte del poema ella dice "El hace proezas con su brazo:/dispersa a los soberbios de corazón, / derriba del trono a los poderosos/ y enaltece a los humildes,/ a los hambrientos los colma de bienes/ y a los ricos los despide vacíos". Si tú pones ese lenguaje poético, bíblico, en términos actuales, María está hablando de una revolución. El corazón soberbio no es más que el conjunto de intereses que dominan la vida de una persona. Dispersar eso y lograr que se imponga un pensamiento más humano, es el evangelio de Dios y es una revolución.

A propósito de la Teología de la Liberación, algunas Iglesias cayeron en lo mismo que los documentos Santa Fe I y Santa Fe II, manifestaron abiertamente qué les preocupaba de la Teología de la Liberación. En el informe que Rockefeller le hace a Nixon en 1976 lo que está de fondo es que si los planteamientos de la Teología de la Liberación se llevan a vías de hechos, peligran los intereses estadounidenses, los intereses del Imperio. No son inquietudes teológicas. Usted ha sido defensor de un diálogo entre cristianos, ¿cómo se articula el mismo?

A mi me anima todo el esfuerzo que ha habido a partir de la creación del Consejo Mundial de Iglesias y del Consejo Ecuménico de Cuba, que hoy se llama Consejo de Iglesias de Cuba. Se trata de trabajar para que en la casa ocupada, etimológicamente lo que significa el oikoumene en la Biblia, se viva en armonía, en justicia social, tanto dentro de las Iglesias, como en los pueblos en donde se hallan las iglesias. Hemos recibido esa tradición ecuménica, del movimiento ecuménico internacional, regional y de nuestro Consejo de Iglesias de Cuba.

Uno de los teólogos que más se ha referido al valor del ecumenismo ha sido el católico alemán Hans Kung, quien sostiene que sin una ética mundial no hay sobrevivencia, que sin la paz no es posible esa sobrevivencia y que la paz no se puede lograr sin el diálogo entre religiones. En ese sentido ha trabajado nuestro centro, una organización de inspiración cristiana macroecuménica.

Promovemos la unidad más allá de las fronteras de la Iglesia. No hay que soslayar las especificidades a concepción de la realidad y compromiso con ella. La fe tiene su valor, la creencia tiene su valor, pero en su lugar. De manera similar cuando un compañero ve en el partido o en el gobierno el sentido de su vida se equivoca, el partido y el gobierno son sólo espacios para servir al pueblo. Jesucristo lo dijo claro "el sábado la institución fue hecha para el Hombre" y no al revés. El pueblo no debe vivir para el partido, para el gobierno, para el Estado, para la dirigencia. El partido, el gobierno, el Estado, las Iglesias están colocadas por Dios para servir al pueblo.

– ¿Pueden ustedes entonces establecer relaciones armónicas, por ejemplo, con religiones de origen africano?

Vivimos en el barrio Pogolotti, en Marianao, y muchas personas practican religiones africanas, cooperamos juntos, trabajamos juntos en muchas tareas.

Don Pedro Casaldáliga, el obispo catalán que tantos años trabajó en Brasil, planteó que el primer requisito para entrar en el diálogo macro ecuménico es una identidad bien definida. Si las convicciones y los principios que animan tu vida han sido el resultado de una opción honesta, auténtica, tú puedes entrar en relaciones con todos los individuos. Yo estoy en la Asamblea Nacional, donde la inmensa mayoría de las personas no tienen creencias religiosas, y me siento bien porque el objetivo de los que estamos ahí es servir a nuestro pueblo. Eso nos une.

Quisiera que se remitiera a puntos que son ejes de muchas polémicas: el aborto y la homosexualidad.

Parto de un principio evangélico: la sacralidad del ser humano y la centralidad del mismo en el proyecto histórico de Jesús de Nazareth. La vida de un ser humano es central y ese principio me motiva y compromete. Eso me ha marcado, además de la tradición a la que pertenezco, que viene desde la influencia de la reforma radical del siglo XVI, del movimiento anabaptista.

Sólo Dios es el señor de la conciencia, decía Lutero, y también mi tradición bautista lo sostiene. Ningún ser humano debe ser perseguido o marginado por su manera de pensar o de ser. Esta idea me ha ayudado a irme despojando de prejuicios que me dañaron más a mí que a las personas que yo podía juzgar. La vida es un don de Dios, y ante ella debemos hacer reverencia.

Cuando era niño me encantaba enjaular pajaritos y hasta podía matarlos. Mi peregrinaje espiritual me ha enseñado todo lo contrario y cuando al manejar he tenido la mala suerte de dañar a un perro, siento una angustia tremenda. A partir de la colocación de la vida en la base de mi ética, voy ubicando todos los fenómenos.

Desearía que toda embarazada pudiera tener su niño y que al aborto se acudiera sólo a partir de una prescripción médica por una razón muy puntual. Pero esta manera de pensar no se la puedo imponer a nadie. A diferencia de otras personas que en vez de defender la vida lo que defienden es un dogma o una doctrina, a mi no sólo me preocupa que nazcan los niños, sino también cómo van a vivir los mismos. Me gustaría ver a los que están en contra del aborto, manifestarse con esa misma convicción en contra de las estructuras económicas, políticas y sociales que hacen que mueran niños de enfermedades curables o que pasen hambre porque sus padres carecen de empleos.

Con relación al tema de la orientación sexual, también la vida me ha llevado a la comprensión humana del fenómeno. Como pastor he tenido hermanos y hermanas que en algún momento se me han acercado para decirme, por ejemplo, que se van a divorciar para asumir su homosexualidad, y yo les he dado un abrazo y les he dicho: "el mismo lugar que ocupabas hasta hoy será el que seguirás ocupando aquí". Esta es mi convicción.

En cuanto a los cambios en la legislación al respecto que pueden tener lugar en nuestro país, me gustaría que no vinieran de arriba a abajo, deben partir de una sociedad pluralista que crea en la unidad en la diversidad. Me gustaría que los cambios de este cariz partieran de la educación, del conocimiento, de la comprensión en la convivencia, y que nuestro Parlamento coloque luego en términos legales lo que sea ya una realidad en Cuba. En el tema de la orientación sexual no debe haber leyes revolucionarias, tiene que existir una ley que patentice lo que sea un consenso y ahí todavía nos falta.

– ¿Su religiosidad se ha sentido atacada alguna vez por la duda?

San Agustín dijo que la fe que no se somete a dudas no es fe. La crisis mayor que tuvimos mi esposa Clarita y yo fue en la década del 60 cuando ya habíamos echado de nuestra mente todo un esquema ideológico y religioso, y pensábamos que teníamos una crisis de fe, pero por la gracia de Dios nos dimos cuenta de que nos estábamos despojando de toda esa escoria que a veces se une a la fe, y que nos lleva a identificarla con esquemas religiosos. Recuperamos la fe auténtica y empezamos a leer la Biblia de una manera distinta. (PE/Cubarte).

Fuente: Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
Montevideo. Uruguay
www.ecupres.com.ar