Al proceso que culminó el 10 de enero de 2008 con la liberación unilateral de las secuestradas Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, previo el episodio del niño Emmanuel a quien las FARC se comprometieron a liberar sin tenerlo en su poder, siguió la saga sobre la naturaleza de las guerrillas colombianas y sobre el futuro de los 740 secuestrados que la fundación país libre atribuye a las FARC.

El reconocimiento que aún el propio presidente Álvaro Uribe Vélez hizo de las gestiones exitosas del presidente de Venezuela, Hugo Chávez y de la senadora liberal Piedad Córdoba, para que las dos ciudadanas colombianas recobraran su libertad, fue seguido de las declaraciones del Presidente Hugo Chávez y su solicitud al gobierno de Uribe en primer lugar y a la comunidad internacional en segundo lugar, para que se les reconozca el carácter político a las guerrillas colombianas, esto es, a las FARC y al Ejército de Liberación Nacional, ELN. La tesis de Chávez es que si el gobierno y la comunidad internacional reconocen el estatus político a las guerrillas ellas deben cesar en sus prácticas que violan los tratados del derecho internacional humanitario, esto es, que deberían cesar con su práctica del secuestro, el ataque a la población civil que produce entre otros efectos el desplazamiento forzado, el cese a los actos contra los servicios públicos y en general contra los bienes públicos. Es decir que -según Chávez- el reconocimiento de su naturaleza política y su retiro de las listas de organizaciones terroristas en los Estados Unidos y en la Unión Europea, crearía las condiciones para iniciar las negociaciones de un acuerdo humanitario y eventualmente negociaciones de paz.

Mientras en la Comunidad Internacional el llamado de Chávez ha sido rechazado mayoritariamente en la región de América Latina se mantiene un discreto silencio y el presidente venezolano solo ha conseguido el respaldo de Daniel Ortega el Presidente de Nicaragua. La lógica internacional para afrontar el intercambio humanitario es otra. Continúa la presión sobre el gobierno de Uribe para el intercambio humanitario, pero, la lógica internacional sigue sobre la base de la lucha contra el terrorismo que domina el escenario internacional después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas en New York.

En Colombia los grandes medios de comunicación que suelen ser más papistas que el papa, no solo exageraron las declaraciones un tanto improvisadas y poco desarrolladas de Chávez, sino que le atribuyeron y aún hoy le siguen atribuyendo las consecuencias de reconocimiento cuasi estatal del gobierno venezolano a las FARC. Hasta ahora lo que Chávez ha señalado es que para el gobierno venezolano las guerrillas colombianas tienen una naturaleza política, es decir, que no son ni simples asociaciones para delinquir ni su objetivo central es el terror, son, según Chávez actores políticos. Estos actores políticos deberían tener este reconocimiento para negociar con ellos de tal manera que hagan el tránsito de agrupaciones insurgentes a movimientos políticos.

En general son éstas las premisas centrales del planteamiento del presidente venezolano que en Colombia -en donde el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez se ha negado a reconocer que existe un conflicto- suenan como ilógicas y aliadas de unos grupos terroristas que lo que quieren como objetivo central es la destrucción del país y de su población. Por ello Uribe se ha ido enredando cada vez más por su terquedad, pero ante todo, por su diagnóstico equivocado del conflicto colombiano que lo viene afectando de manera significativa en sus relaciones con los Estados Unidos y su Partido Demócrata y con la Unión Europea, puesto que en América Latina, con contadas excepciones, los gobiernos progresistas de centro y de izquierda reconocen la existencia de dicho conflicto y se han negado pese a las innumerables solicitudes del propio presidente Uribe en distintas reuniones a calificar a éstas guerrillas como simples asociaciones de terroristas y narcotraficantes.

El hecho que las guerrillas colombianas tengan reconocimiento político no puede llevar a desconocer la realidad que una y otra vez hemos insistido a lo largo de los últimos años. Estas organizaciones que nacieron de un conflicto social por la tierra, que reclamaron un proceso de reforma agraria, que demandaron presencia del Estado y no simplemente represión, se han tornado en ejércitos complejos que cometen frecuentemente crímenes de lesa humanidad como el secuestro, el asesinato de población civil por razones meramente políticas, han perpetrado masacres, han desplazado población civil, han destruido bienes públicos y obtienen la mayor parte de sus recursos de fuentes ligadas con el narcotráfico. En este último aspecto esta claro que cobran impuestos a los cultivadores y protegen y tiene laboratorios de procesamiento de clorhidrato de cocaína. También debemos decir sin ambigüedades que cometen actos de crueldad a nombre de una revolución gaseosa y sin un proyecto político democrático. Si lo tuvieran no secuestrarían ni someterían a sus rehenes a tratos crueles e inhumanos como los que han narrado Clara Rojas y Consuelo González durante sus recientes declaraciones.

También hay que decir que estas guerrillas cometen actos de terror contra la población civil como, por ejemplo, el incendio del Club El Nogal en Bogotá o la colocación de petardos para sembrar el terror o la utilización de armas no convencionales como los cilindros de gas o la utilización de minas antipersonales. Todo ello es verdad y ni Chávez ni ningún demócrata puede negar que estas son prácticas a las cuáles han recurrido las guerrillas colombianas, principalmente las FARC y es por ello que los demócratas y la inmensa mayoría del pueblo colombiano repudia su accionar. Incluso podemos decir un poco más, es por ello que el propio presidente Uribe logró su primer período presidencial y su reelección. Es tal el nivel de repudio de las acciones de la guerrilla sobre todo de las FARC que los colombianos apostaron a un discurso fácil que se ha mostrado hasta ahora como falaz, es decir, que en cuatro años las guerrillas serían derrotadas militarmente.

Pero estas agrupaciones incluido el Ejército de Liberación Nacional, ELN, son agrupaciones de naturaleza política como lo ha reconocido el Estado Colombiano en innumerables ocasiones. Lo reconoció, por ejemplo, en 1984 cuando realizó un proceso de negociación que estuvo a punto de culminar exitosamente. También lo reconoció en el año de 1998 cuando el presidente Andrés Pastrana les entregó además 42 mil kilómetros cuadrados de territorio en el Cagúan y negoció con ellos durante cerca de tres años y de hecho este gobierno ha reconocido el carácter político del ELN cuando se ha sentado en varias ocasiones a negociar con ellos en Cuba o en Venezuela. Este reconocimiento no significa de ninguna manera que se desconozca que realizan acciones crueles y degradantes o que en ocasiones recurren a acciones terroristas. El hecho que Chávez llame la atención sobre la naturaleza política de estos grupos no significa ningún exabrupto. Lo que parece a todas luces exagerado y erróneo es que Chávez le confiera respetabilidad a un proyecto político difuso, poco claro o que considere la lucha armada como legitima en la realidad colombiana actual. En ello Chávez esta profundamente equivocado.

También se equivoca Chávez en su estrategia de confrontación con Uribe, puesto que la impopularidad de las guerrillas en el país y el embrujo de la imagen de Uribe, que sigue con altos niveles de popularidad, rápidamente se convierte en rechazo a las propuestas de Chávez. También contribuye a este rechazo el lenguaje desobligante y chabacano que utiliza para referirse a Uribe. Pero no hay que olvidar que este estilo en las relaciones con el gobierno del vecino país lo inició Uribe cuando sin diálogo previo ni explicación de ninguna naturaleza lo retiro, a Chávez, del papel que antes le había asignado de mediador para la liberación de los secuestrados por las FARC.

Hay varios asuntos que aparecen con meridiana claridad en la realidad actual. El primero que las guerrillas de las FARC se mantienen en un repliegue profundo a que las ha obligado el Ejército y las Fuerzas Armadas Colombianas, prueba de ello esta manifestado en hechos como el que no tuvieran en su poder el niño Emmanuel o en las enormes dificultades que afrontaron para entregar a la misión humanitaria a Clara Rojas y a Consuelo González. Pero al mismo tiempo que se constata este hecho también se constata que mantienen en lo fundamental una capacidad militar que les permite mantener secuestrados a más de 740 colombianos y colombianas. Hasta ahora lo que ha logrado el Ejército y las Fuerzas Armadas es obligarlas a un repliegue profundo en las selvas colombianas y lejos están aún de ser derrotadas.

En estas circunstancias la sociedad civil y política de Colombia debería presionar por una parte al gobierno de Uribe para que en cumplimiento del mandato constitucional que es prioritario proteja la vida de los secuestrados y despeje un territorio que permita su liberación, es decir, el intercambio humanitario. Pero también la presión debe dirigirse en contra de las FARC que también deben flexibilizar su posición que haga posible el acuerdo de una zona de despeje por tiempo limitado para que se acuerde el intercambio humanitario. Si no se logra lo anterior los más de 740 secuestrados por las FARC seguirán muriendo en rescates fallidos o seguirán sufriendo y viviendo en condiciones inhumanas y siendo objeto de tratos crueles por parte de una organización que ha perdido su norte de humanidad en aras de una lucha estéril. La sociedad civil y política democrática debe exigir a las FARC un trato digno para con los secuestrados y su disposición de acordar sin dilaciones un acuerdo humanitario que permita la pronta liberación de todos los secuestrados que se encuentran en su poder incluidos no solo los 47 que ellos llaman canjeables sino todos los secuestrados incluidos aquellos que lo han sido para cobrar rescates.

Pedro Santana Rodríguez
Presidente Corporación Viva la ciudadanía

Fuente: Semanario Virtual Caja de Herramientas
Corporación Viva la Ciudadanía.
www.vivalaciudadania.org