Empezando el 2008 nos queda a todos los colombianos el mal sabor, la frustración y el engaño por la liberación anunciada por las FARC -y hasta ahora no realizada- de los dos secuestrados, así como una especie de ‘vergüenza ajena’ por el operativo internacional de acompañamiento también dejado ensayado, como decimos coloquialmente. Del lado del ELN, ninguna posición clara acerca de cuándo reanudar las conversaciones con el gobierno para concretar la fecha y modalidades del cese de hostilidades, liberación de secuestrados y firma del ‘acuerdo base’.

El ELN debe entender que el momento de la paz negociada es ahora por variadas y justificadas razones: 1) porque no existe ninguna posibilidad ni para ellos, ni para las FARC, ni de manera conjunta, de pensar siquiera en ganar militarmente esta confrontación y por el contrario el tiempo corre cada vez más en su contra; 2) porque políticamente su espacio es cada vez menor y tiende a reducirse totalmente y deben reconocer que su única opción política es una negociación de paz exitosa, si quieren contribuir a que una fuerza política de izquierda moderna, seria y comprometida con la democracia tenga opción de poder -la gran paradoja es que cada vez más las organizaciones guerrilleras se están convirtiendo en un obstáculo para que un proyecto de izquierda democrático sea opción de gobierno en el 2010-; 3) porque el contexto internacional dejo de ser hace rato favorable, política y militarmente, a las revoluciones armadas que hoy día son vistas casi como un fantasma del pasado que y a no es viable en el mundo de hoy; 4) porque los movimientos de cambio en Latinoamérica, están liderados por partidos y movimientos que utilizan la democracia, las elecciones como vía para acceder al gobierno.

El ELN debe prepararse para dar el paso hacia la paz negociada, no sólo para un cese de hostilidades transitorio, sino para avanzar hacia la terminación de su confrontación armada y en esa dirección sus dirigentes liderados por Nicolás Rodríguez y Antonio García, deben inspirarse en el legado de Camilo Torres que defienden y precisar cuáles son sus demandas políticas viables, que contribuyan a ampliar nuestra democracia. Así podrán decir con la cabeza en alto que contribuyeron con su negociación a mejorar la calidad de nuestra democracia y de esta manera, sentar las bases para el complejo y difícil proceso de reconciliación al cual deberán verse abocados ellos y el resto de los colombianos. Persistir en una lucha armada sin futuro, así sea de resistencia como algunos de sus miembros la denominan, es ir en contravía de la historia; más allá de que puedan resistir grupos aislados, pero cada vez sin menos futuro político y en procesos inevitables de degradación.

El Gobierno Uribe, hay que reconocerlo, ha jugado en el caso del ELN con iniciativa política y esto permite esperar que una vez se concrete el cese de hostilidades, la liberación de secuestrados y la firma del ‘acuerdo base’, va a viabilizar los escenarios políticos necesarios para que avance y concluya este proceso (incluido un necesario acuerdo político con todas las fuerzas políticas para apoyar el proceso, pero también para rechazar frontalmente el uso de la violencia y estamos seguros que el Polo Democrático no se va a negar, so pena de su aislamiento político).

Ahora bien, hay problemas logísticos a resolver prioritariamente, como lo son la movilización de los jefes del ELN y su seguridad que estaba a cargo del gobierno venezolano, por solicitud expresa del gobierno colombiano.

Al respecto podríamos esperar que esto sea un buen motivo para empezar a mejorar las relaciones entre los dos gobiernos, que dejen a un lado los orgullos y se proceda a solicitar de nuevo esta cooperación por el gobierno colombiano, que muy seguramente habrá una respuesta positiva del gobierno vecino. De esta manera, igual que luego de la llamada ‘crisis Granda’, este proceso Gobierno-ELN puede convertirse en un estímulo positivo para normalizar las relaciones entre países hermanos.

Alejo Vargas Velásquez
Profesor Universidad Nacional