Augusto B. Leguía, representante de la oligarquía en Perú, fue Presidente en dos oportunidades, de 1908 a 1912 y luego el conocido ONCENIO (1919-1930). Terminó solo, enfermo, preso, maldiciendo desde su lecho de anciano a quienes lo traicionaron.

Leguía es la expresión de la oligarquía entreguista, frívola, insensible, huachafa, inculta, rezagos que siguen hasta hoy en la alicaída burguesía radicada en Perú, dominada y aplastada por las multinacionales que se creen eternas dueñas del suelo, subsuelo, aire, mar, puertos, aeropuertos, madera, gas, minerales o petróleo. Leguía representa a las élites que prostituyeron y lumpenizaron la actividad política, haciendo de ella el más vil de los oficios encargada del saqueo de los fondos del Estado. Qué diferencia con José Carlos Mariátegui, para quien le POLÍTICA era ideal supremo, compromiso social, entrega, sacrificio en favor de la Patria.

El siguiente es un diálogo entre Augusto B. Leguía y el periodista colombiano Guillermo Forero (el infaltable periodista mermelero que luego trabajó para el gobierno); este diálogo se realizó en el hipódromo de Londres el 1° de enero de 1919, Leguía siempre más concentrado en las carreras de caballos que en el Perú. El diálogo ha sido tomado del texto: " La Razón del joven Mariátegui", el autor es el periodista peruano Juan Gargurevich.

“El colombiano Forero se acercó con entusiasmo al hombre pequeño elegantísimo, que miraba con enorme concentración el paso de los caballos de la primera carrera del hipódromo londinense.

-¡Feliz año presidente!

Con sonrisa fácil, seductora, el distinguido "turfman" contestó el saludo aunque no pudo disimular su disgusto por la interrupción en el momento que debía elegir.

– Un dato presidente: Dorset va hacia delante, me lo dijo el jockey y me juego todo-

Leguía, enarcó las cejas y consultó su programa.

– Pues no me parece, es decir, no creo que Dorset tenga "chance"; me inclino más bien por es yegua francesa, Finesse, mírela. Y conozco bien a Joe, el "jockey". Es de lo mejor.

– Vamos presidente, tomemos un refresco; apostaremos. ¿cómo está la señora?

– En la casa; era muy temprano para el hipódromo, no quise perderme la primera.

Mientras los caballos se dirigían lentamente al punto de partida, Leguía y Forero se instalaron en una pequeña mesa. El expresidente del Perú dirigía sus poderosos prismáticos a la procesión de jinetes y corceles que pronto se alinearían más allá de la curva.

– ¿Y qué me cuenta del Perú?

– Todo va bien, muy bien-sonrió Leguía-. Justamente acabo de recibir unas cartas de mi amigo Ruiz Bravo; insisten en sus ruegos, me resulta difícil decirles que no …

– ¡Ud. Es un hombre extraordinario, presidente! En toda América lo conocen y saben que Perú no tiene otra solución, otra altenativa; cuando Ud. llegue arrasará con sus adversarios y volverá al Palacio; los civilisas no pueden oponerle a nadie.

Leguía recibió el exagerado elogio con perfecta naturalidad. Sólo contestó con un "Hummm" prolongado, de asentimiento.

– ¿Y ya tienen los pardistas a su candidato?

Quisieron hacer una nueva convención de partidos, como la del 15 –Leguía hablaba sosteniendo los prismáticos hacia los caballos-. No pueden ponerse de acuerdo. Los demócratas quieren a Riva Agüero o a Villarán; Isaías de Piérola quiere ir solo. Cada día sacan nuevos nombres; que Miró Quesada, que Bentín, que Osma… Todos quieren ser presidente.

-¡Partieron presidente! Bueno, y entonces ¿quién será su oponente?

-Dorset se quedó en la partida, mi querido Guillermo. Parece que finalmente será Antero Aspíllaga; pobre, quedó frustrado cuando perdió ante Billinghurst el año 12, pero insiste. Tiene mucho dinero y puede pagar una campaña contra mí.

Mi yegua está a dos cuerpos.

– No podrán contra usted, presidente. ¿Cuándo viaja?

– Un cuerpo, don Guillermo, un cuerpo. En estos días, creo; mis amigos están viendo los detalles. Ya arreglé mis negocios aquí y todo está listo. Ya están iguales. Dorset, a siete cuerpos.

– Yo también volveré pronto a mi país; a lo mejor lo visito, presidente.

– Será usted bienvenido; búsqueme en mi casa de la cale Pando. Ya está a la cabeza, falta poco…

– ¿Cuándo serán las elecciones?

– Gané-replicó suavemente el expresidente peruano, volteando al fin a mirar al periodista colombiano. Lo había conocido justamente allí, en ese hipódromo, hacía un par de años. Acomodándose la chistera, Leguía dijo:

– En junio, probablemente.

– Usted ganará, no lo dude; América necesita hombres así.

– Probablemente-contestó Leguía sin rubor-. Le faltó eliminar con cuidado los antecedentes, estudiar sus movimientos, calcular con quién se enfrentaba.

– ¿A quién?-preguntó Forero, deconcertado.

– A usted, por supuesto -rió Leguía-. Calculo mal la "chance" de Dorset. Vamos a cobrar, luego hablaremos del Perú; eso ya está resuelto. ¿Qué tenemos para la segunda carrera? Déjeme elegir a mí. Veamos los antecedentes, la historia de este potro …

PD. Me corrige un lector que en el artículo anterior: "Cacocracia fujimontesinista", me refiero a Letelier como general. Efectivamente, Orlando Letelier, quien fuera ministro de Estado durante el gobierno de Salvador Allende y luego asesinado por la dictadura de Pinochet en Washington, no era militar, mil disculpas por este craso error.

– Iván Salas Rodríguez es sociólogo, columnista periodístico.