Un argumento frecuente de quienes promueven el TLC, es que los opositores no presentamos proyectos alternativos. Creo que esta es una objeción válida de su parte, que amerita propuestas concretas, que deberían igualar o incluso sobrepasar, las posibles ventajas de tan cuestionado tratado.

Empecemos diciendo que el salario mínimo que debería recibir toda familia costarricense (acorde con el costo actual de la vida en el país), sería de al menos $1,500 mensuales (unos 800,000 colones). En realidad esta es una suma moderada, que apenas alcanzaría para que una familia con 3 hijos, reciba el nivel de calidad que todo ser humano merece (casa, carrito aunque un poco usado, educación, buena alimentación, salud y un poco de esparcimiento).

Sin embargo, a las empresas que se podrían interesar por los beneficios del TLC, lo que les interesa es buscar una mano de obra más barata que la de sus países y los salarios que podrían ofrecer, oscilan entre los $300 y los $600 según el grado de educación requerido (entre 160 y 300,000 colones mensuales).

La objeción inmediata de quienes favorecen el TLC, será desde luego que es mejor tener un empleo de $300, que estar desempleado y con hambre. Esta objeción es del todo válida, pero pone al tratado en su justa perspectiva: no es una herramienta para generar riqueza y desarrollo para todos, sino en realidad un modesto paliativo, que al final tan solo lograría perpetuar nuestra pobreza de siempre y nos desvía del esfuerzo requerido para alcanzar el verdadero desarrollo.

¿Y en lugar del TLC no habrá algo mejor que podamos hacer entonces? En verdad que lo hay y mucho. Algunos ejemplos que por motivos de espacio apenas se enuncian, serían:

– Creación de una industria nacional bioenergética, a partir de pastos y desechos agrícolas. Tenemos las condiciones y ventajas comparativas idóneas para ello (agua, luz, temperatura). Nuestro butanol de celulosa (para sustituir la gasolina), vencería sin problemas al inadecuado etanol de maíz. Esta gran oportunidad de desarrollo se está desperdiciando, pues aunque tenemos en nuestras universidades brillantes bioquímicos y microbiólogos, estos no reciben ni el apoyo ni la orden expresa, para dedicar su intelecto a la generación de éstas tecnologías.

– Desarrollo a gran escala de una industria nacional de servicios médicos (para norteamericanos, latinoamericanos y otros pueblos). Dejémosle a países menos afortunados y ambiciosos, las mal pagadas industrias manufactureras y formemos un gran ejército de enfermeras, paramédicos y doctores, cuyos salarios son más acordes con las aspiraciones del costarricense. Esto no es teórico: desde hace muchos años dentistas y cirujanos plásticos en el país, han implementado brillantes negocios en ésta línea. Aprovechemos entonces este ejemplo pionero y desarrollemos una gran industria médica nacional, con el potencial para superar los ingresos del café y el banano juntos.

– Promoción a gran escala de la Industria Lechera Nacional. Nunca hemos sabido aprovechar a cabalidad, las extraordinarias ventajas comparativas que tenemos en éste campo. Debido a las sequías que produce el calentamiento global y al uso de los cereales para producir combustibles, el precio mundial de la leche se ha disparado ante una posible escasez. Si actualmente existen 14,400 fincas que emplean a 144,000 personas, se podrían generar entonces alrededor de 300,000 empleos adicionales, al triplicar el número de fincas lecheras. Tierra tenemos de sobra, pero no hemos sabido como estimular su tenencia productiva. Una finquita de 25 vacas, eficiente y muy intensiva, puede producir ventas mensuales por 1 millón de colones.

– Aplicar en todas las áreas del quehacer económico nacional, el concepto de que por más ventajas que se quieran señalar, el verdadero desarrollo jamás podrá resultar de de la inversión extranjera exclusivamente, sino del esfuerzo interno de los empresarios costarricenses. Pensar que serán empresarios extranjeros los que vendrán a desarrollarnos, es un acto de incomparable ingenuidad económica. Tengamos presente que todo inversionista foráneo, tiene la obligación de recobrar hasta el último centavo que invierte y repatriar las mayores ganancias posibles para sus inversionistas. Las empresas extranjeras no pueden ser vistas como instituciones de bien social, que por una especie de altruismo vendrán a generar y distribuir riqueza para nosotros.

– Aplicando este concepto, deberíamos por ejemplo apoyar y estimular el desarrollo de una industria turística mayoritariamente costarricense, entendiendo que los recursos naturales del país son limitados y que en realidad si tenemos los medios necesarios para explotar nosotros mismos este lucrativo negocio. Un cierto porcentaje de inversiones extranjeras de alta calidad, resultan muy beneficiosas (sirven de ejemplo, nos enseñan el "know how", etc.), pero delegar la mayor parte del negocio turístico a empresarios foráneos (como ya pasa en algunas áreas muy valiosas), es regalar nuestros recursos a cambio de muy poco. Por ejemplo, la gran masa del pueblo guanacaste, recibe muy pocos beneficios del enorme desarrollo turístico en sus bellísimas playas, pero en contraste de tal situación, vemos que en muchas otras zonas, antiguos ganaderos incursionaron en la actividad turística y por medio del ahorro y el trabajo duro, ofrecen ahora sofisticados servicios al turismo internacional.

– Promoción del desarrollo forestal a gran escala y de tipo mixto, incluyendo tanto especies comerciales (más rápidas) así como nuestras maderas preciosas (más lentas pero que valdrán su peso en oro en los años por venir). El argumento de que las maderas finas son muy lentas y por ello no son rentables, es válido para la escala de tiempo de los individuos, pero no para el de las naciones, pues cincuenta años no son más que un parpadeo en la historia de un país; por ello el Estado deben conciliar ambos intereses. Se podrían crear cientos de pequeñas empresas forestales que combinen la actividad forestal, con el ecoturismo y la producción de productos no madereros del bosque (cacao, piña, hongos comestibles, plantas medicinales).

– Además de esto y en vista de la seriedad que está alcanzando el calentamiento global, nuestros gobernantes deberían plantear a gobiernos como los de Suecia, Japón y Canadá y a todas las naciones industrializadas del mundo, que aporten los fondos para reforestar las miles de hectáreas de potreros improductivos que tenemos disponibles, por medio de un sistema de compra y pago paulatino "por adelantado", de la futura cosecha forestal. Recordemos que los bosques tropicales crecen a una tasa mucho mayor que los de zonas más frías y son por tanto más eficientes en la velocidad de captura del CO2 atmosférico, que amenaza la vida y estabilidad del planeta.

– Fomentar a gran escala la eficiencia y la competitividad interna de todo tipo de productor agropecuario, industrial o de cualquier índole, pues debido a la pequeña escala del mercado nacional, el ambiente interno de nuestra economía, no siempre favorece la promoción de la máxima eficiencia posible. En realidad hoy en día sucede lo contrario en muchos casos, pues por ejemplo castigamos impositivamente al productor agropecuario que pone la tierra a producir y premiamos al que mantiene sus tierras improductivas, en aras de la ganancia fácil de la plusvalía. En California se aplicó hace muchos años un régimen impositivo que aunque respetaba la propiedad privada, presionó a los latifundistas por medio de los impuestos y logró entonces que la tierra pasara a muchas manos y se le diera el mejor uso posible.

– Reorientar la educación nacional para que en lugar de de profesionales burócratas, formemos profesionales empresarios, orientados aún antes de graduarse, al desarrollo de empresas exportadoras en especial (cuya creación sería su tesis de grado). Si así lo hiciéramos, de cada uno de los cientos de profesionales que se gradúan cada año en agronomía, cómputo, química, ingeniería industrial, biología, etc., nacerían igual cantidad de nuevas microempresas, altamente tecnificadas y capaces de competir en los mercados globalizados. Hoy en día nuestros jóvenes profesionales quedan "flotando" al graduarse y rara vez logran acceso al crédito bancario, que les permitiría incorporarse de inmediato a la explotación activa de sus conocimientos.

– Fomentar a gran escala la investigación científica aplicada, en los diversos campos de la generación energética alternativa, ligándola de inmediato a la creación de empresas dedicadas al comercio local e internacional de estas tecnologías. De este esfuerzo nacional, podrían nacer muchísimas empresas que elaborarían los inventos que nos permitirán continuar, cuando el precio del petróleo alcance niveles insostenibles para la economía nacional. Vehículos de aire comprimido, vehículos que funcionan quemando heno comprimido, generadores fotovoltaicos y eólicos, turbinas subacuáticas y mil inventos más, están a la espera de que los descubran y aprovechen ¿O será que no tenemos la inteligencia y la capacidad para ello? Yo creo que sí.

– Impulsar a gran escala la Industria Nacional del Arte y la Artesanía, la cenicienta de la economía nacional, que sin mayor apoyo del Estado le aporta de $50-$75 por cada turista que nos visita (y nos llegan como millón y medio cada año, háganle números) y es capaz de convertir un tronco abandonado en un potrero, en un valiosa escultura de 2 millones de pesos; un poco de papel y pintura, en un cuadro de gran belleza y valor económico. Esta industria tiene el potencial de generarle al país, ingresos mucho mayores que los que al final le quedarían de muchas actividades exportadoras al amparo del TLC y de darle una vida digna a miles de familias costarricenses, con salarios 10 o 20 veces más altos que los que recibirían trabajando como obreros textiles. Para ser artista o artesano, no hace falta un título universitario, sino tan solo el haber sido favorecido con el don de las artes, pero si combinamos esta habilidad natural de algunas personas, con la asesoría de algunos especialistas en diseño, comercio internacional y administración de negocios, podríamos crear toda una industria nacional de alto valor agregado.

– Sin en realidad lo quisiéramos, podrían también atraer activamente a pequeños empresarios y profesionales brillantes de todo el mundo, para que adopten a Costa Rica como su nueva Patria y desarrollen aquí ideas creativas y novedosas de negocios, que muchas veces no se valoran en su país natal. Esto implicaría terminar con las trabas burocráticas sin fin, que actualmente tienen que sufrir los emprendedores nacionales y foráneos. Si países como Canadá lo han hecho con increíbles resultados para su Economía ¿Por qué no hacerlo nosotros?

– Eliminación del déficit fiscal (interno) y del déficit comercial (externo). Ningún país puede tener una economía sana, con deudas y des-balances económicos tan grandes como los nuestros. Si las familias costarricenses no se pueden dar el lujo de gastar más de lo que ganan, ¿Por qué le permitimos tal cosa a nuestros gobernantes? Las deudas excesivas y el pago de sus intereses, agotan buena parte de los recursos que necesitamos para nuestro desarrollo, como también lo hace la corrupción entronizada.

– Hacer de Costa Rica una nación de propietarios y no de simples empleados, fomentando a gran escala la pequeña y mediana empresa, por medio de diversas medidas, tales como la utilización del exitoso modelo de "clusters", que recomiendan las Naciones Unidas (conglomerados de pequeños negocios relacionados, que aunque mantienen su independencia, realizan diversas actividades en conjunto para poder alcanzar las ventajas de la economía de escala). Este modelo se puede aplicar tanto para industrias orientadas al mercado externo como al interno, a industrias turísticas, de artesanía o de mecánica automotriz; a la prestación de servicios médicos, cómputo y casi cualquier campo.

En fin, estas pocas ideas evidencian que hay mucho que se podría hacer para promover el desarrollo económico de Costa Rica como alternativa para el TLC y que en realidad los supuestos beneficios del tratado, resultan muy modestos si se los compara con un verdadero y ambicioso programa para la promoción del Desarrollo Integral de Costa Rica.

Fuente: Costa Rica Solidaria
www.costaricasolidaria.com