Lima

Aunque al principio, la súbita presencia del prófugo japonés en Chile, pareció caer en el país como “rayo en cielo sereno”, conforme fueron pasando los días, Alberto Kenja Fujimori, se fue convirtiendo en una papa caliente para el gobierno chileno y un picante ingrediente en la agenda política peruana, ya de por sí movida por el inicio de la campaña electoral, la culminación de las rondas de negociación del TLC andino y las movilizaciones de protesta que ha generado. Es decir, echando más sombras sobre el turbulento panorama político del país.

Aunque muchos han salido a decir que la presencia en el país sureño del corrupto ex dictador no debe “fujimorizar” la agenda política nacional, no es exagerado afirmar que ésta, en los últimos cinco años, casi nunca ha dejado de estar contaminada por el factor Fujimori. Incluso, el propio Toledo recurrió permanentemente a atizar el avispero cada vez que quería desviar la atención de las consecuencias de sus recurrentes desatinos.

Pasadas tres semanas del ingreso furtivo de Fujimori en Chile, algunas cosas van quedando claras respecto de la tan mentada estrategia que lo llevó a abandonar su dorado exilio japonés. Lo primero es que la súbita euforia que levantó de su ostracismo a eximios colaboradores del fujimorato, ha dado paso a una sensación de incertidumbre entre sus seguidores. Las grandes movilizaciones para pedir el retorno que esperaban los estrategas que planificaron el viaje, no se han producido. Por el contrario, lo que sí se dieron fueron marchas para exigir a Chile que extradite al inoportuno visitante y que sea sometido a los tribunales de la justicia peruana.

De otro lado, queda en evidencia que Fujimori y sus estrategas han cometido serios errores cuyas consecuencias ya empiezan a pasarle la factura. Si pensaban convertir a Chile en su plataforma política para lanzar su campaña electoral, tendrán que pensar otra fórmula porque el gobierno de Lagos ha dado muestras de no permitir ello, que por lo demás puede también terminar enturbiando el propio proceso electoral chileno.

Un Fujimori preso, sin margen de maniobra política, rechazado por la mayoría de la opinión pública chilena que lo ha convierte casi en un indeseable, y con una opinión mayoritaria en el Perú que exige su extradición; el abandono que ha sufrido de parte de su abogado chileno, así como las versiones persistentes de la claustrofobia que padecería y que lo estaría afectando seriamente en su encierro, son elementos que muestran que su estrategia o fue concebida apresuradamente o que sus asesores no han tenido la sagacidad de la que tanto se ufanaron.

Todo parece indicar que el caso de Fujimori tendrá para rato, es decir mucho más allá del plazo de dos meses que tiene el gobierno peruano para sustentar los cuadernillos para la extradición. Muchos juristas peruanos han opinado que la resolución del caso tranquilamente puede prolongarse más de medio año. Ello significa, en buen romance, que Fujimori no solo no será candidato presidencial y que mucho menos podrá convertirse en el jefe real de la campaña de su movimiento político, lo que afectará sus aspiraciones de tentar una importante presencia en la composición del próximo parlamento.

TLC: Sumisión y resistencia

De otro lado, el gobierno parece decidido a sacar el máximo de provecho posible a la detención transitoria de Fujimori, no solo para levantar su maltrecha imagen, sino para intentar pasar temas que han generado una gran controversia en el país, como es el caso de la firma del Tratado de Libre Comercio, TLC, con los EEUU. Al momento de cerrar esta nota, ya se conocía que las negociaciones de la última ronda en Washington, no habían llegado a buen puerto, por la negativa de los EEUU de no ceder ni un ápice en sus posiciones respecto a los temas agrícolas y de salud.

Tanto los jefes negociadores de Colombia y Ecuador levantaron la voz para advertir que ha sido la intransigencia norteamericana la que ha impedido cerrar las negociaciones; e incluso, no titubearon en afirmar que en estas condiciones, la negociación tendrá que prolongarse. Lo lamentable ha sido la posición del equipo negociador peruano, que, a diferencia de sus pares colombiano y ecuatoriano, han mantenido un preocupante silencio. Lo peor es que, siguiendo la lógica del “sí o sí” de Toledo, en el Perú, voceros del gobierno llegaron a anunciar su intención de cerrar las negociaciones al margen de lo que decidan Ecuador y Colombia. Todo esto, cediendo a las presiones norteamericanas como la ampliación de las cuotas de importación de arroz y maíz norteamericano, lo que, a todas luces, no hace sino confirmar la obsecuente posición del gobierno peruano.

Por ello, no es casual que en estas últimas semanas se hayan intensificado las movilizaciones y protestas de los sectores agrarios y campesinos, frente a estas intenciones del gobierno. Un hecho reconocido por tirios y troyanos, es que justamente la pequeña agricultura campesina y comunera, será uno de los sectores más perjudicados con la firma del TLC, pues agravará su actual situación de abandono y ruina en que se encuentran, con la invasión de alimentos importados que terminará por quitarles el poquísimo margen del mercado que aún les queda.

Espacios como la Convención del Agro Peruano, CONVEAGRO, un importante foro nacional que reúne a gremios e instituciones vinculados al sector, han terminado por convencerse de las nefastas consecuencias que el TLC tendrá para el agro nacional. Su reciente comunicado público que calificaba este tratado como una traición al país, ha ratificado lo que muchos gremios campesinos han venido diciendo sobre el TLC; y que CONVEAGRO tardó en convencerse. Por ello, han terminado incorporándose en una mesa nacional que auspicia la campaña “TLC así NO”, del que forma parte también la Confederación Campesina del Perú (CCP), la organización que presidió la Campaña Peruana Frente al ALCA y al TLC-ALCANO.

Una de las acciones que impulsó ALCANO fue la recolección de firmas para exigir la convocatoria a una consulta popular o referéndum para que el pueblo haga uso de su derecho democrático a pronunciarse sobre un tratado que va mucho más allá de la liberalización del comercio, y que en buena cuenta, puede definir lo que será el futuro del país. No está demás recordar que otro de los aspectos más cuestionados del TLC es su propósito de darle un marco jurídico legal internacional a un modelo político como es el neoliberalismo.

A pesar de toda la intensa y millonaria campaña publicitaria desatada por el gobierno para convencer a los peruanos de las supuestas bondades del TLC, una reciente encuesta publicada en Lima, dio cuenta que por lo menos el 40 por ciento de la población no estaba de acuerdo con la firma de este tratado y que desconfiaba de tanta belleza pregonada por la campaña de gubernamental. A ello, hay que sumar el hecho de que la manera como empieza a calentarse la campaña electoral, está obligando a los principales candidatos, como Alan García del Partido Aprista, a marcar distancias del TLC; lo que se suma también a la posición oficial que públicamente anunció el Partido Socialista, de rechazo al TLC. Y ello tendrá consecuencias en el actual Congreso de la República, si es que se pretendiera que sea este parlamento el que ratifique el tratado, hecho que, así como van las cosas, parece poco probable.

Congreso campesino

Y en medio de este contexto, se vienen produciendo también algunos hechos importantes en el campo del movimiento social, particularmente del campesinado, un sector que ha estado a la cabeza de la lucha frente al TLC. En efecto, al cierre de esta nota, se daba inicio al X Congreso Nacional de la Confederación Campesina del Perú, CCP, en Lima, el gremio más representativo de las comunidades campesinas y pequeños productores de la costa, sierra y selva peruana.

Unos 700 delegados de todo el país se reunían entre el 22 y 24 de noviembre, para analizar la situación del agro nacional y adoptar acuerdos en defensa del agro nacional. Uno de los temas centrales del congreso, ha sido el TLC, así como las acciones de movilización y lucha que desarrollarán en los próximos meses, para exigir la convocatoria a un referéndum para que el pueblo peruano democráticamente decida si están o no de acuerdo con al firma del TLC. Otros temas que se abordarán será el agudo conflicto de las comunidades campesinas frente a los abusos que cometen las grandes transnacionales mineras; la defensa de la propiedad comunal y sobre todo del agua, que pretende ser privatizada por el gobierno, entre otros aspectos que reivindican las comunidades campesinas.

De manera que, más allá de la fujimorización de la agenda política peruana, lo cierto es que todo hace indicar que en los pocos meses que faltan para las elecciones presidenciales y legislativas, el panorama peruano no solo se irá recalentando, sino que obligará a los partidos y candidatos a definirse con mayor claridad ante temas picantes sobre los que hasta hoy, o han apoyado abiertamente -como el TLC en el caso de los partidos de la derecha- o han mantenido posiciones ambiguas como el APRA y el llamado Frente de Centro. Y en todo este contexto, el movimiento social y campesino seguirá persistiendo en sus esfuerzos para no ser un convidado de piedra en el debate político, aunque tendrá que afinar sus estrategias para tener una incidencia más efectiva.

José Coronado, periodista peruano del Area de Comunicación de la Confederación Campesina del Perú, CCP.