El magnate del planeta informático y las grandes corporaciones están en sus puestos de largada para ganar millones con un proyecto que es matriz de la nueva dependencia.

Concentrados en los resultados que podrían obtener con los llamados biocombustibles, grandes empresarios estadounidenses y de otros países desarrollados pierden de vista el problema esencial en este negocio: las consecuencias derivadas de una mayor pobreza y de la contaminación ambiental, las cuales no resolverán.

Un servicio especial de la agencia de noticias latinoamericana Prensa Latina, preparado por su especialista en temas globales, Ernesto Montero Acuña, revela cómo las corporaciones y los grandes empresarios se aprestan a participar en esta carrera que dejará a millones de seres humanos sin alimentos.

Una mirada a inversiones de algunos de los hombres más ricos del mundo revela que el estadounidense Bill Gates, el mayor de ellos, colocó 84 millones de dólares en Pacific Ethanol, una firma de Los Angeles dedicada al desarrollo de este rubro, cuya explotación eleva en su país.

También el magnate británico Sir Richard Branson, presidente del norteamericano Virgen Group, invertiría de 300 a 400 millones de dólares para producir “combustible alternativo” con destino al mercado, pues “esto es ganar y ganar con el combustible del futuro”, según sus palabras.

Similares propósitos anunció Vinod Khosla, calificado como “gurú” de Silicon Valley, cofundador de Sun Microsystems y uno de los mayores defensores del uso del etanol, quien ha invertido millones propios en compañías involucradas en el desarrollo de este producto.

De igual modo, Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google; y Steve Case, impulsor de American On Line, han ido más allá de interesarse por este producto como sustituto del petróleo y han invertido en su procesamiento industrial, uso práctico y comercialización.

La conocida firma Wal-Mart anunció en su momento que estaba considerando expenderlo en 383 gasolineras a través de todo Estados Unidos, del mismo modo que varias compañías petroleras –incluidas Shell y Exxon Mobil– destinan fondos a investigaciones sobre su producción y uso.

Según la concepción estadounidense, este recurso tendrá un boom industrial y guiará las inversiones como alternativa energética, con el objetivo de reducir la dependencia, de acuerdo con el presidente George W. Bush, del combustible extranjero y aumentar, como señalan analistas, los ingresos de granjeros estadounidenses, destaca el reporte especial de Prensa Latina.

La prominente figura de los medios y fundador de la cadena CNN, Ted Turner, recién auguró que la expansión agrícola de este rubro podría conducir a la eliminación de los elevados subsidios a ese sector en su país, algo que otros consideran ilusorio, pues se produciría una mayor carrera hacia la concentración y centralización en este orden.

Se beneficiarían los grandes empresarios agrícolas más favorecidos, pero en detrimento de los pequeños productores, quienes serían absorbidos o desplazados, sin que por ello desaparecieran las subvenciones a este sector que debe abastecer, en parte, el consumo nacional entre los humanos y a precios adecuados.

Otra ventaja que se le atribuye al etanol en Estados Unidos es que transnacionales automovilísticas como la General Motors, entre otras, elevarán la producción de vehículos basados en tal tecnología, que ahora aplican limitadamente por la insuficiente oferta del combustible y la inexistencia de una red de distribución adecuada, destaca Prensa Latina.

También se dice que su uso sería menos contaminante, aunque en esta concepción se ignora frecuentemente el daño ecológico y económico de su utilización en un mayor número de vehículos –concentrados en menos manos y países– y las consecuencias negativas sobre la explotación de las tierras agrícolas y fuerza de trabajo en el Tercer Mundo.

No se debería ignorar, tampoco, que al descender la oferta de productos del agro para el consumo humano, a veces masivamente, se elevan sus precios a extremos fuera del alcance de grandes sectores poblacionales, como ha ocurrido con la tortilla de maíz en México; y aumentan las muertes por agotamiento laboral, como en la industria azucarera de Brasil.

Mientras tanto se habla de prosperidad y expansión de hasta el “400 por ciento ¡y más!” para grandes trasnacionales estadounidenses como VeraSun Energy Corp., Hawkeye Holdings Inc., Aventine Renewable Energy Holdings Inc. o Pacific Ethanol, Inc., cuyas acciones se han elevado en el mercado de valores.

Se considera que Archer-Daniels-Midland Co., la mayor productora de etanol en Estados Unidos., vio duplicados sus inventarios en un año.

Debido a que la energía es uno de los principales problemas del mundo, Robert Metcalfe, cofundador de 3Com de Massachussets, opina que “ahora es el momento de que los empresarios y los científicos” intenten resolverlo.

Mas, en su juicio no se refleja preocupación alguna por problemas cuya solución también está asociada a la obtención y uso de la energía, como la ecología, la desigualdad y la pobreza en el sur del planeta puntualiza el servicio especial de Prensa Latina.
Gates considera, por su parte, que Pacific Ethanol se convertirá en el mayor vendedor de aditivos para combustibles producidos con maíz en la costa oeste de Estados Unidos, por lo que la cotización de la empresa, valorada en más de 720 millones de dólares, se ha multiplicado exponencialmente en los últimos años.

A propósito del foro Bill Gates le da al etanol, el analista Tom Cahill opina en la publicación digital española Cinco Días.com, que el índice de fuentes de energías alternativas mundiales de Bloomberg ganó el 33 por ciento en el 2006, mientras que la capitalización bursátil de Archer Daniels Midland de Illinois, mayor productor global de ese alcohol, obtuvo el 49 por ciento en parte de este año.

En tal proceso de expansión, el precio medio del etanol en Estados Unidos casi se ha duplicado a 2,44 dólares el galón, equivalente a 3,78 litros, en el último año; y Xethanol, una compañía con sede en Nueva York, ha ganado el 162 por ciento en igual período, lo que eleva su valor a 141 millones de euros.

Una idea sobre la envergadura del problema –no de la solución– la ofrece la firma Khosla Ventures, que prevé invertir cerca del 40 por ciento de su capital en energía alternativa y que promueve una iniciativa, a ser votada en California, según la cual se gravaría la extracción de petróleo para invertir “en el sector de la energía alternativa”.

Si bien agricultores del Medio Oeste estadounidense llevan ya varios años fabricando este producto a partir del maíz, quienes se muestran “más interesados en ello en los últimos tiempos no es gente del campo”, apunta el periodista Íñigo García, “sino los chicos listos de lo que un día se llamó la nueva economía”.

El corresponsal español establecido en Brasil apuntaba en el artículo Etanol dulce que “de acuerdo con los datos de la Asociación de Combustibles Renovables de Estados Unidos, actualmente existen en ese país 97 refinerías de etanol”, además de que se estaban construyendo otras 33.

Al respecto añadía que, aun así, Estados Unidos. no contará con la capacidad suficiente para alcanzar los 35 mil millones de litros previstos para el 2012 por la Ley de Energía del año pasado –más del doble del consumo actual– ni mucho menos para llegar a sustituir en el 2025 el 75 por ciento de las importaciones del crudo proveniente del Medio Oriente.

La necesidad del consumo, dentro de esta concepción, elevará la demanda de materias primas necesarias para la sobrevivencia humana, mayormente en países subdesarrollados. Pero estos no recibirán una compensación beneficiosa, sino mayores consecuencias adversas, enfatiza Prensa Latina.

En Guatemala, por ejemplo, el lago Izabal, el mayor del país, está amenazado hoy por las presiones ambientales de las concesiones mineras y las plantaciones para producir etanol, según denuncia de ecologistas, debido a las enormes plantaciones de caña de azúcar y palma africana en el curso de los principales afluentes que lo alimentan.

Desde hace algunos años las márgenes de los ríos Polochic y Cahabón, los cuales desembocan en la rivera occidental del Lago, están siendo invadidas por estos cultivos, que originarán el montaje allí de fábricas de etanol.

"Vimos con tristeza cómo los grandes centrales azucareros contaminaron los ríos en el sur de Guatemala y ahora nos espera lo mismo en este lugar con la producción de biocombustibles", declaró a la prensa la dirigente ambientalista Eloida Mejía, coordinadora de la Asociación de Amigos del Lago.

Respecto de Brasil, Iñigo García aseguraba que “consigue fabricar el etanol más barato del mundo. Pero el coste es humano. La caña se sigue recolectando manualmente. En el Estado de São Paulo, motor industrial y económico del país, un jornalero del azúcar cobra la misérrima cantidad de 2,4 reales (algo menos de un euro) por tonelada de caña cortada”.

Sobre ello añadía: “Cada una de esas toneladas (sic) representa, en términos de energía, el 40% de un barril de petróleo. Cada año cerca de 20 hombres jóvenes mueren trabajando en el azúcar. La razón de sus muertes no es otra que el agotamiento.

“Por si esto fuera poco, cientos de trabajadores esclavos son liberados cada año por la Policía Federal en las enormes haciendas azucareras”.

Consideraba asimismo que los Gates, Brin, Page o Khosla y la Administración estadounidense –además de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores en la zafra del azúcar— van a tener que sortear otros obstáculos para conseguir acabar con la dependencia del petróleo, sustituyéndolo por alcohol.

“Uno de ellos serán, sin duda, las barreras aduaneras. Si hoy el crudo saudí cruza las fronteras estadounidenses libre de impuestos, los 261 millones de litros de alcohol brasileño que llegaron al mercado norteamericano en 2005 sufrieron una imposición aduanera de 0,54 dólares por galón”.

En la publicación cubana El Economista, el ingeniero agrónomo brasileño Horacio Martinez de Carvalho, de Vía Campesina y el Movimiento de los Sin Tierra, calificó este proceso como “una avalancha del imperialismo verde”.

Sintetizó que “es mucho el dinero, la inversión, mucha la compra de tierras, para producir lo que ellos llaman biocombustible o biodiesel y que nosotros preferimos denominar agrocombustibles”.

Para él, “bío es vida, y lo que ellos pretenden es todo lo contrario a la vida".

Fuente: Agencia Periodística del MERCOSUR (APM), Mar del Plata / Argentina
http://www.prensamercosur.com.ar