Los glaciares son una de las principales reservas de agua dulce del mundo y están desapareciendo a un ritmo acelerado. El calentamiento de la Tierra está provocando un deshielo progresivo que dará lugar a graves sequías. Mil trescientos millones de personas podrían verse afectadas, según la Oficina de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) en su Informe global sobre el hielo y la nieve.

Entre las regiones montañosas más amenazadas se encuentran el Himalaya, los Andes o los Alpes. Una subida de temperatura entre uno y seis grados daría lugar a la pérdida de más de la mitad de los glaciares del Himalaya. La magnitud de esta catástrofe se haría patente en verano, época en la que un 40% de la población mundial se abastece del deshielo de estos glaciares. Los Alpes, por su parte, podrían perder casi el 80% de su cobertura glaciar.

Al fundirse el hielo, una capa de tierra o de mar absorbe más radiación solar y calienta más el planeta. Este círculo vicioso acelera el calentamiento en todo el globo. La pérdida de hielo provoca a su vez la subida del nivel del mar. En la actualidad, el ritmo con que se eleva es de tres milímetros al año, pero en los últimos años se ha acelerado. Los efectos de las crecidas afectarán a islas y zonas costeras bajas, también aumentará el peligro de hundimiento de terrenos que se encuentran congelados y que son muy importantes para mantener la estabilidad de edificios e infraestructuras. Estos suelos, denominados permafrost, guardan grandes cantidades de gases de efecto invernadero que podrían subir a la atmósfera tras el deshielo. En China, se prevé la reducción de éstas áreas de suelo congelado en un 40%.

Los lagos originados a raíz del deshielo constituyen otro de los problemas añadidos. Además de la amenaza que suponen los desbordamientos e inundaciones, que contienen burbujas de metano, un gas de efecto invernadero todavía más agresivo que el dióxido de carbono, capaz de atravesar el hielo y llegar a la atmósfera. En Siberia, las cantidades de metano son cinco veces mayor a las normales.

El aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera ha provocado en las últimas cuatro décadas un descenso anual del 1,3% en la cubierta de nieve del hemisferio Norte. De esta capa dependen millones de personas como reserva de agua para consumo doméstico, industrial y agrícola. En Europa, está previsto un descenso de la nieve de entre un 60%-80% a finales de siglo.

Las regiones polares juegan un papel fundamental en el clima del planeta y se han convertido en las principales víctimas del calentamiento global. El hielo marino del Ártico disminuye un 9% cada década, debido al aumento de la temperatura, que en esta zona crece con doble rapidez que en el resto del promedio mundial. El ritmo es tan rápido que para 2100 podría no haber hielo en esta zona durante los meses de verano.

A medida que avance el deshielo, el suministro de agua a los ríos se verá afectado y la disponibilidad de agua potable se reducirá de forma notable, perjudicando a la agricultura y a la población. Más de mil millones de personas padecerán escasez de agua.

El deshielo no sólo afectará a las comunidades indígenas y habitantes de las zonas polares, sus efectos se extenderán también a áreas de climas templados y tropicales. Por este motivo, la ONU alienta a los gobiernos de todos los países a llevar a cabo una lucha continuada contra el cambio climático, a través de tratados que garanticen realmente la reducción de las emisiones de gases a la atmósfera.

Según cálculos de la organización, la solución a este problema supondría menos del 0,1% del PIB anual mundial. Pero esta cifra crecerá si no se adopta un compromiso firme de salvar al planeta. Salvarlo de la irresponsabilidad de sus inquilinos.

– Rocío Ruiz- Calero es Periodista

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España.
www.solidarios.org.es