El “debate” congresal del TLC modificado por los norteamericanos (llamado hoy APC) no fue sino una grotesca y empeorada versión de lo que se hizo con Toledo, en Junio del 2006. Con razón -sin quitarles mérito a Canchaya, Menchola, Pando o al electo Dr. Ríos- este Congreso ha batido el record de Toledo: tiene apenas 18% de aprobación a 11 meses de gestión, mientras que al de Toledo le demoró 30 meses llegar a ese precario nivel.

Con Toledo no hubo un verdadero debate nacional. Ahora ni siquiera hubo información elemental: los textos se conocieron a 48 horas de votarlos. Con Toledo se programó 120 minutos para un debate de 120 congresistas. Ahora fue menos. Para colmo, ninguna Comisión del Congreso discutió ni dictaminó las modificaciones impuestas desde EE.UU. Nadie verificó siquiera si la versión en español es igual a la inglesa, ni cuestionó la redacción incomprensible de algunos párrafos. Nadie fingió siquiera que el Perú propuso algo en la “negociación”. La Ministra Araoz se limitó al papel de portapliegos: esperó, en la puerta de la sala de negociación entre los republicanos y demócratas norteamericanos, que le dieran el papelito para traerlo, firmarlo y votarlo al carpetazo en el Congreso de la alianza apro-fujimontesinista.

Pero quien coronó el pastel fue el siempre creativo Secretario General del APRA, Mauricio Mulder. Estaba ávido de contestar a quienes le enrostraron a Alan García –implacable crítico, como candidato, de la mala negociación del TLC con Toledo- incumplir sus compromisos de retirar la firma de Toledo, revisar el TLC línea por línea, y renegociarlo, para pasarse –luego de la segunda vuelta electoral- a votar su aprobación en el Congreso toledista por su pacto con el fujimorismo, UN y la derecha económica. Y, ¡genial!, Maurice sostuvo que Garci-mori había cumplido su compromiso de renegociar el TLC, precisamente, al aceptar esta Addenda modificatoria del TLC ya aprobado.

Detalles: la Addenda surge del planteo de los demócratas, triunfadores en las elecciones parlamentarias norteamericanas, que plantean no aprobar el TLC negociado por los republicanos. Exigen renegociarlo en varios puntos con Bush y proponen extender el ATPDEA por 2 años. Se abre una negociación entre ellos. Alan García y sus ministros viajan para rogar que se apruebe lo que sea. No proponen sino temen renegociar algo, aunque el Perú está afectado. No exigen un trato compensatorio frente a la enorme desigualdad de nuestras economías. Nada del agro peruano afectado por la competencia desleal con productos millonariamente subsidiados por norteamericanos. Nada sobre la política que obliga a comprar medicamentos y agroquímicos de marca y patentados, mucho más caros que los genéricos. Ni un susurro sobre la prohibición a poner condiciones de rendimiento a los inversionistas extranjeros y exigirles tomar mano de obra nacional a todo nivel, incorporar porcentajes crecientes de insumos nacionales, transferir tecnología de punta o transformar los productos que extraen aquí en el Perú. Silencio sobre la absurda “expropiación indirecta” que alegarían empresarios si una Reforma Tributaria o un cambio en el manejo de nuestros recursos naturales les afecta sus “expectativas de ganancias”, para hacer más justicia en el Perú. Ni la tos sobre posible patentamientos de plantas nativas o aprovechamiento indebido de nuestros conocimientos tradicionales. Y, luego, una Addenda, 34 páginas de modificaciones al TLC, elaborada y acordada entre los norteamericanos, traída raudamente al voto al Perú.

Si, según Mulder, los compromisos de renegociación de García los cumplen los acuerdos unilaterales entre demócratas y republicanos norteamericanos que deben aplicarse en el Perú…entonces, ¿tenemos un Presidente soberano o un Virrey? ¿Es García una prolongación, un simple representante del Rey del imperio del Norte? ¿O quizás es mucho decir y es sólo de un Encomendero, un colaborador de la (re)conquista, a quien el Rey recompensa encomendándole cobrar para sí, los impuestos a un grupo de indios? (¿Será este el derecho aplicado en la impune danza de coimisiones” alrededor del “shock de inversiones” o en los negociados de planillas congresales?) ¿Será este otro caso de la “globalización política”, como dice representar la candidatura del reo Fujimori a Senador japonés?

Si Mercedes Araoz no puede mostrar un solo oficio proponiendo puntos de renegociación y García ni lo mencionó al rendir pleitesía al modelo neoliberal y a Bush en su visita a la Casa Blanca, ¿cómo pueden cumplir con la renegociación ofrecida si la negociación ha sido entre norteamericanos? Quizás porque sólo representan el poder imperial.

La Addenda mantiene todas las desigualdades y problemas fundamentales señalados. Y agrega otros: no establece claramente igual trato a empresarios peruanos y norteamericanos en EE.UU.; lo más grave, cede soberanía al establecer la administración y fiscalización binacional de nuestro manejo forestal, exportaciones madereras y de la Amazonía; y establece sanciones serias por incumplimientos que afectaran al país. Hace pequeños cambios en el tema de las patentes medicas y la incorporación a referencias de Convenios con la OIT en materia laboral, que el Perú firmó hace años y no cumple: derecho universal a sindicalizarse, a la negociación colectiva y a los derechos laborales, lo que Casapalca, Camposol o Marcona-Shougan demuestran es una burla aquí.

Para colmo, Araoz, Lemor, Zumaeta y Bruce hicieron campaña en EE.UU. contra la prolongación del ATPDEA por 2 años, como proponían los demócratas, para pedir 6 meses. Finalmente se han aprobado 8 meses, dejando en la estacada a otros países andinos y a los propios exportadores peruanos frente a cualquier problema en la implementación de éste pésimo TLC. ¡Vamos, el Virrey y los encomenderos no pierden oportunidad de demostrar su lealtad al Rey!