Medellín

Las víctimas del paramilitarismo en Antioquia y en el país no sólo se enfrentan a la falta de acompañamiento por parte del Estado, la indolencia de la sociedad, la presión e intimidación constante de los victimarios, y a sus propias contradicciones internas; también se enfrentan a la pérdida de su voz, pues la del victimario es la única en el escenario público.

El planteamiento es de la socióloga María Teresa Uribe de Hincapié, investigadora del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, experta en temas de conflicto armado, desplazamiento forzado y procesos de paz, en diálogo con la Agencia de Prensa IPC.

De acuerdo con Uribe de Hincapié, si bien en los últimos años se han venido organizando con mucha fuerza grupos regionales, locales o estamentales de víctimas, esto no ha dado lugar para la creación de un movimiento nacional que reivindique la condición política y ciudadana de las mismas y que además, tenga la suficiente fuerza para presionar ante el Estado el acceso a derechos como verdad, justicia y reparación.

“Entre otras cosas, existen muchas contradicciones internas entre unos y otros, y eso dificulta la configuración de un movimiento nacional de víctimas que pueda ejercer presión. Es muy importante lo que han hecho por ejemplo el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, Las Madres de la Candelaria y las Mujeres de Negro de Barranca, porque han mantenido esa pregunta en la sociedad, pero son movimientos que en su mayoría no llevan una connotación política directa, aunque sí la tienen indirecta”, conceptúa la profesora titular de la Universidad de Antioquia.

– Entonces, si las víctimas han venido organizándose en los últimos años, quizás en medio de muchas ambigüedades y contradicciones, ¿qué ha faltado para consolidar un movimiento que tenga la fuerza suficiente para incidir públicamente?

“Me parece muy complicado crear un movimiento nacional de víctimas. Lo que uno sí espera es una respuesta social: un respaldo, una solidaridad, una demanda. El problema aquí no es de la víctima, el problema es de todos, así yo no tenga una víctima directa en mi familia ni haya sido objeto directo, eso no me exime de hacer parte de una sociedad en la cual lo que se está cometiendo es una revictimización de las víctimas al ignorarlas”.

– ¿No suena paradójico que una sociedad como la colombiana, que ha padecido por medio siglo de una violencia fratricida, se olvide de sus víctimas?

“Lo sucedido en las últimas semanas, con las versiones libres de los ex jefes paramilitares, es muy diciente. Me parece que esta sociedad tiene una mirada o bien ‘miserabilista’ de las víctimas; es decir, ‘pobrecitos ellos’. O bien, hay toda una mirada crítica: ‘es que están poniendo mucho problema y están enredando la cosa y no van a permitir que haya un proceso de paz’. Y aquí la paz se pone como un horizonte en donde las víctimas tendrían que entrar a sacrificar sus demandas, lo que ya enreda y hace más complejo el panorama”.

– Con el panorama que usted plantea, ¿se puede decir entonces que a la sociedad le interesa más la voz de los victimarios, que incluso tiene mayor fuerza?

“No es que la voz del victimario pese más, es que es la única en el escenario público. Los jueces están en un proceso de versión libre que no permite una confrontación judicial, las víctimas cada vez con menos espacios y la sociedad se va cansando de eso, y mira para otra parte, entre otras cosas porque nos da miedo mirarnos a la cara y reconocer todo el magnicidio que hemos cometido. Ellos (los jefes paramilitares) están utilizando la verdad para chantajear, para intimidar, para silenciar y no para esclarecer. Si las cosas siguen como van, si no hay un esfuerzo extraordinario de la justicia para esclarecer, si no hay una participación activa de la sociedad demandando el respeto a las víctimas, que les sea permitido poner su dolor en público, sino hay eso, no hay nada”.

– ¿Entonces, qué se debería hacer para modificar esas condiciones y, sobre todo, esos vacíos?

“Pienso que se debería hacer un examen muy riguroso del proceso de reconciliación nacional, que representó el advenimiento del Frente Nacional y que fue el último proceso de reconciliación que tuvo el país y que significó una autoamnistía de los partidos, sobre pactos de olvido. Pero de ahí no se salió hacia una sociedad mejor, sino que de ahí todo el mundo salió a dar bala. Entonces, uno pudiese pensar que aquí, en lugar de generar condiciones de no repetición, estamos creando todo lo contrario: condiciones de repetición, de mantenimiento de los ejes bélicos cada vez más complejos y más difíciles y con un poder de intimidación mayor hacia las víctimas, hacia la sociedad en su conjunto”.

– Hay quienes afirman que avanzamos hacia la consolidación de proyecto político de corte paramilitar. ¿Usted comparte esa apreciación?

“Yo tengo mis dudas de que eso sea un proyecto político. Incluso, ese es un argumento que ellos están aduciendo para que los juzguen bajo el delito de sedición, y me parece muy peligroso seguirles el juego. Ellos (los ‘paras’) lo que han hecho es fundamentalmente un proyecto de enriquecimiento particular, sobre la base de una colonización del Estado; es decir, colonizaron los partidos políticos, las fuerzas de seguridad, la justicia; la salud, la educación, la tierra. Esto es una apropiación privada de lo que es colectivo, pero para el propio beneficio personal, usted ahí no ve ninguna retribución social”

– Entonces, ¿cómo explicar lo sucedido semanas atrás, durante las versiones libres de los ex jefes alias “El Alemán” y “Macaco”, donde las expresiones de afecto y respaldo fueron multitudinarias?

“Uno puede decir que los trajeron, que les pagaran y es posible que todo eso haya pasado. Pero la cosa va más allá. Yo creo que hay que empezar a aceptar que tienen base social, y en especial de aquellos sectores que de alguna manera se han beneficiado con ese modelo. Ahí hay algo más, pero eso ya nos mete en otra dimensión del problema, quizás en la mentalidad autoritaria de esta sociedad, en una cultura política proclive a los fuertes, a los violentos, a la mano dura”.

– Volviendo al tema de las víctimas, ¿qué hacer para que su voz pese en el escenario público?

“Para mí esto no tiene sino un rumbo: que la sociedad civil organizada se movilice en torno a demandar verdad, así sea una justicia transicional, porque yo creo que el Estado no tiene ningún interés en apoyar a las víctimas”.

Fuente: Agencia de Prensa IPC

Medellín, Colombia

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