A comienzos de mes, el acuerdo demócratas-republicanos sobre comercio parecía un hecho consumado, que nos permitía incluso fijar fechas tentativas para la aprobación de nuestro TLC. Sin embargo, la resistencia al acuerdo, unas pocas voces al inicio, se habría ampliado hasta incluir a la mitad de los demócratas en la cámara de Diputados estadounidense.

La clave del desagrado sigue siendo el tema laboral. El demócrata Carlos Rangel, uno de los principales promotores del acuerdo, se mantiene optimista y sostiene que apenas los críticos lean más a fondo el texto del acuerdo captarán sus virtudes. Para Rangel el descontento es fuerte, pero se da en un pequeño grupo.

Para el Perú este es un desarrollo incómodo. Pues lo que parecía una batalla ganada empieza a dar la impresión de un pulseo por obtener los votos necesarios cuando el momento llegue. Con el agravante de que la pugna puede obedecer a cualquier cantidad de motivos desconocidos para quienes observan desde fuera.

Es un hecho que de la elección parlamentaria a esta parte la cohesión de los representantes demócratas ha sufrido. Algo que en su inicio fue una victoria de sectores radicales que incluyen al sindicalismo rápido ha pasado a ser una serie de entendimientos bipartidistas en el molde clásico, que dejan fuera a muchos demócratas.
Estos reacomodos han llevado a que la ley para financiar a la tropa en Irak ya no exija al Ejecutivo una fecha concreta (era el 2008) para el retiro de los soldados de EEUU de ese país. Muchos demócratas, incluida la presidente de la cámara baja Nancy Pelosi, han declarado que no votarán por la ley en su nueva redacción.

Si es cierto, y en buena medida lo es, que el destino de los TLCs que hacen cola depende de las relaciones entre los dos partidos del Congreso estadounidense, estos desarrollos son señales inquietantes. Pues los duros del sector demócrata van a tener que ser calmados de alguna manera, y no sabemos realmente dónde está la parte más delgada de la pita.

Lo mejor que puede suceder en estas circunstancias es que temas de conflicto entre partidos como Irak y la vía rápida comercial se desplacen hacia el segundo semestre, dejando los meses que quedan de este para una tranquila aprobación de nuestro TLC. Pero esto todavía es más un buen deseo que una garantía.

Mientras espera que la gente de George Bush les dé forma a los acuerdos y los transmita a Lima y Panamá (para que empiece la negociación con el representante comercial de EEUU), el gobierno peruano sigue dedicado a hacer lobby entre los congresistas. Por su parte Alan García ha enviado una carta personal a cada uno de los 500 congresistas del norte.