Honduras atraviesa una situación muy crítica. Primero porque ha entrado un nuevo gobierno, que recibió el país en una profunda crisis, una crisis económica, una crisis de corrupción y también una crisis de violación a los derechos humanos, siendo que Honduras está catalogado como uno de los países más violentos de Latinoamérica. Tiene la tasa más alta de homicidios, incluso más alta que Colombia. La mayor parte de los muertos son jóvenes o niños. Esta situación no ha cambiado sustancialmente.

Segundo, el país atraviesa una crisis en lo que concierne a la seguridad. En este campo, no ha habido un cambio sustancial. Algunos de los elementos que fueron parte de los equipos de tortura y represión son asesores en el Ministerio de Seguridad. Esto nos coloca en una situación difícil a los luchadores por los derechos humanos.

Otro aspecto grave de Honduras es el de la minería. Casi un 30 % del país ha sido ocupado por las empresas mineras que han dejado una gran cantidad de lagunas de cianuro, lo cual constituye un grave peligro, en un país con tormentas tropicales y huracanes. La minería es uno de los temas de debate nacional en estos momentos, y el movimiento social y los grupos ambientalistas hemos llevado a cabo luchas sociales muy fuertes, que han paralizado casi todo el país.

Para nosotros, es importante la derogatoria de las concesiones mineras y de la Ley Minera, lo cual está en debate en el Congreso. Sin embargo las empresas mineras presionan económicamente, han manipulado el Congreso y no sabemos qué va a resultar. Nosotros aspiramos a que exista una ley más justa y estamos luchando para que se elimine la minería metálica, porque históricamente no nos ha proporcionado ningún beneficio.

En otros aspectos, creemos que en este gobierno (del Partido Liberal), hay elementos que tienen una idea de cambio, que quieren hacer algo, pero los intereses económicos han generado una gran división, aun en el partido de gobierno. Además, las fuerzas conservadoras son muy fuertes, las empresas multinacionales manipulan mucho la política. Por esto, vemos que es un gobierno débil.

Pero este gobierno es un poco más tolerante que el gobierno anterior (del Partido Nacional) que tenía como política la de la tolerancia cero. Tiene una capacidad de diálogo más fluido y de resolver algunos problemas que plantean los movimientos sociales. Hay algunos aspectos positivos, el Presidente Manuel Zelaya se ha manifestado a favor de la paz y contra la guerra, ha denunciado la actitud deshonesta de las empresas comerciales. Sin embargo, es un gobierno que está muy atado en su accionar, en el que las fuerzas más conservadoras tienen un gran peso. Por ejemplo, hay una diferencia entre la posición del Presidente de la República y la posición del Presidente del Congreso, que representa una línea más conservadora en el mismo partido.

TLC, represas y bases militares

En este momento, nosotros estamos viendo los estragos del TLC, primero porque éste introduce una idea de competencia muy desigual, que es como si un niño desnutrido boxeara con un peso pesado. Esto quiere decir que definitivamente no podemos competir con los EE.UU. Además, con el TLC no se cobrarán impuestos ocasionando una pérdida millonaria al país, porque las empresas multinacionales no pagan impuestos. Ese capital multinacional no nos ve ni siquiera como cosas; no les importa en absoluto la vida ni los derechos de los seres humanos.

Es cierto que el TLC aún no está vigente, pero lo que no se ha resuelto son algunas cosas formales. Definitivamente el gobierno y los sectores más conservadores del Congreso y del país -que son los que tienen el poder- han declarado que están de acuerdo con el TLC. Sin embargo, nosotros no hemos perdido la fe, concretada en la movilización popular. Estamos luchando contra los transgénicos, contra esas negociaciones que son totalmente desiguales. Hemos emprendido luchas contra la privatización del agua, del bosque, de la salud. Para nosotros, la lucha contra el TLC es permanente y se expresa en luchas concretas, hasta que lo echemos abajo.

Otro problema grave que tenemos en Honduras es la construcción de la Represa el Tigre, que es un proyecto hidroeléctrico donde están involucrados algunas multinacionales y también los intereses de sectores poderosos de El Salvador y Honduras. Los pueblos de los dos países están en contra de la construcción de esta represa, sobre el río más grande de El Salvador, el río Lempa, represa que va a afectar a más de cincuenta mil personas. Allí hay una lucha muy dura, sobre todo de las poblaciones indígenas del COPINH, -el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras-, así como también del movimiento popular.

Honduras es también uno de los países más estratégicos en el aspecto militar, en la geopolítica de la guerra. Por ello, nosotros tenemos una gran preocupación, porque aunque el gobierno lo niega, se desarrollan maniobras militares en nuestro país y se fortalece la Base Militar Palmerola, base militar norteamericana. Además, Honduras ha sido sede de reuniones militares hemisféricas, lo mismo que El Salvador, y nos preocupa que estén planteando posibles o potenciales agresiones a países como Colombia, Venezuela o Cuba. Nosotros históricamente hemos servido como base militar de agresión y nuestros pueblos han sufrido mucho.

Movimientos sociales: nuevas alianzas

Con estas luchas sociales, el movimiento social está creciendo. Han avanzado las alianzas, por ejemplo la Alianza Cívica por la Democracia, en la Zona Occidental, ha logrado aglutinar a diferentes sectores del área y además sectores nacionales. Otra es la Coordinadora Nacional de Resistencia, donde estamos todos los movimientos. También hay otro movimiento, el Bloque Popular. Desde luego, la Coordinadora de Resistencia aglutina a diferentes sectores. Hay un gran avance en la unidad de los sectores populares: en los Garífunas y en los sectores indígenas que están bien organizados en la COPINH y otras organizaciones. Estamos muy unidos en la lucha anti-minera y en la lucha contra la Represa el Tigre y hay un movimiento que crece contra la ocupación militar.

El movimiento campesino, no es tan fuerte como en la década de los setenta, pero definitivamente se está desarrollando y levantando, especialmente en la lucha por la Reforma Agraria. Ellos hablan de una economía solidaria. Y hemos logrado, a nivel de la Alianza Cívica por la Democracia, que tanto las organizaciones campesinas como indígenas trabajen juntas. La diferenciación que hay en otros países no la vemos aquí.

Juan Almendares es Presidente del movimiento Madre Tierra de Honduras. Esta nota fue elaborada sobre la base de una entrevista con ALAI.