El presidente Uribe ha entrado en cólera por enésima vez. En esta ocasión y tratando de defenderse de sus vínculos con los paramilitares, acusó a los opositores al TLC de crearle al gobierno un mal ambiente en Estados Unidos. También afirmó que se había enterado de estos hechos por los organismos de inteligencia militar y en el conjunto de su discurso presentó a quienes hacían esto como cómplices de la guerrilla. Tan grave fue la acusación que El Espectador editorializó afirmando que “el mensaje del Presidente parecería ser que oponerse al TLC es algo menos que traicionar a la patria y que quienes piensan que éste es nocivo para el país no tienen derecho a expresarlo con plena libertad en el escenario que fuere. Ni más faltaba”. El diario El Tiempo manifestó su preocupación editorial sobre que el gobierno “estaría utilizando la inteligencia militar y policial para seguir y escuchar a sus opositores”.

Uribe se comportó como si no supiera que en Washington hay, hace tiempo, fuertes críticos del TLC. Desde la victoria demócrata en las elecciones parlamentarias de noviembre pasado, los republicanos, los amigos de Uribe, están en minoría y esto ha paralizado la aprobación del Tratado. Muchísimos congresistas de ese país han puesto diferente clase de reparos a este tipo de acuerdos y en particular al suscrito con Colombia. El desplante de Al Gore a Uribe no es el comienzo sino una expresión más de este fenómeno. Entre los parlamentarios estadounidenses hay quienes piden reformar los textos en varios temas como el laboral, medioambiental y de propiedad intelectual. Hay quienes se preguntan, ante los escándalos de la parapolítica ¿con quién están firmando un TLC? Lo cierto es que este acuerdo tiene un mal ambiente en Estados Unidos, pero no es por la actividad de la oposición sino por el propio contenido del texto, por la estrecha alianza entre Uribe y Bush y por los nexos que la Corte Suprema de Colombia ha encontrado entre amigos del gobierno y los paramilitares.

Como el gobierno no se atreve a levantarle la voz a los estadounidenses, entonces se ensaña contra sus críticos en Colombia, pero ésta tampoco es una salida satisfactoria en Estados Unidos en donde mucha gente ve en tal actitud destemplada, un mecanismo de defensa de alguien que ha sido pillado con las manos en la masa.

Tampoco es nueva la relación de los críticos del TLC con sectores sociales y políticos en Estados Unidos. Ella ha sido publicada en la prensa internacional a lo largo de todo el proceso de negociación. Durante todas las rondas de negociación que se realizaron en ese país, hubo demostraciones en contra. Sectores de las iglesias, sindicatos, organizaciones de derechos humanos, de mujeres e incluso políticos demócratas apoyaron estas manifestaciones, alertaron sobre los peligros del tratado e invitaron a delegaciones de Colombia para exponer sus puntos de vista. Muchos líderes de la oposición tuvieron la oportunidad de dar a conocer sus puntos de vista y la Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio, Recalca, dialogó con importantes sectores en Estados Unidos. Para enterarse de esto no era necesario acudir a los organismos de inteligencia del Estado, bastaba leer la prensa. Pues ésta es una actividad legítima, pública y transparente. O será que Uribe y sus funcionarios sí pueden visitar decenas de veces Estados Unidos para sacrificar la soberanía del país, mientras que los críticos deben permanecer dentro de lo que el ex presidente Gaviria calificó como una campana neumática?

La opinión pública nacional e internacional debe saber que Uribe no tolera la crítica, que acusa a todos los que se le oponen de ser cómplices de la guerrilla y está manejando los asuntos del TLC como maneja al país: cual un gamonal maneja una finca. Corresponde nuevamente exigir garantías y transparencia.

– Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio y el Alca, Recalca
Página web: www.recalca.org.co
Bogotá, abril 23 de 2007