Corría el año 1975 y EEUU con sus aliados, afrontaban una crisis sin precedentes en su trayectoria imperial. La derrota absoluta en Vietnam, su atraso en el desarrollo de proyectiles misilísticos intercontinentales con relación a los disponibles por su enemigo ideológico, la URSS y un caos económico que parecía incontrolable por sus desmesurados gastos militares, se sumaban para que la gravedad de la situación se hiciera cada vez más profunda. El sistema capitalista universal parecía naufragar. Nixon hacía esfuerzos desesperados para mantener la estrategia imperialista. Aún mediante el olvido de algunos principios trató de fortalecer la situación de los EEUU con un acercamiento político a la China Comunista, a fin de debilitar a su adversario. Pero, poco a poco, el Watergate parecía sumarse al desconcierto generalizado.

Ante este panorama peligroso un grupo de dirigentes de los EEUU, liderados por Nelson Rockefeller y compuesto por las cabezas directivas de las principales empresas transnacionales de América del Norte, establecieron contactos con sus similares europeos y los de Japón y organizaron lo que se conoce con el nombre de “Comisión Trilateral”. Como explicitó el entonces asesor de seguridad de la Casa Blanca Zbigniew Brzezinski, en su libro “Between two ages” (“La Era Tecnotrónica” en la edición al castellano), la misión de esta Comisión era la de reorganizar la política, la economía y la defensa del llamado “Mundo Occidental” de manera tal de reasumir un liderazgo depreciado y salvar la crisis. En lo político, tratando de incorporar a sus alianzas la mayor cantidad posible de naciones del Pacto de Varsovia y otras neutrales; en lo económico estableciendo lo que se llamó economía de mercado neo-conservadora globalizada, organizando la producción y explotación de los recursos naturales a escala mundial, independientemente de las fronteras políticas, y determinando roles de producción a cada protagonista teniendo como únicos elementos de juicio las ventajas en clima, recursos disponibles y mano de obra barata, así como las posibilidades de transporte y comercialización. En lo militar debería ponerse en ejecución el plan conocido como La Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE) a fin de hacer totalmente operables y sin capacidad de detección a los propios proyectiles misilísticos intercontinentales (IGB) y estar en capacidad de detectar y abatir los del enemigo.

El resultado de la estrategia de la Comisión Trilateral dio rápidos resultados. En lo económico se acentuó y afirmó el sistema empresarial transnacional y se fueron derribando las barreras nacionales para organizar la producción y comercialización a escala mundial; en lo político una gran cantidad de países aceptó estos postulados y la alianza comunista comenzó a fisurarse, y en lo militar, ante la imposibilidad de emprender un programa similar a la IDE, la URSS se vio obligada a negociar e iniciar el desarme. El Acuerdo de Washington de septiembre de 1987, con la opción “doble cero” fue el inicio de ese curso de acción.

Por otra parte la IDE determinó otros cambios radicales, algunos no previstos, caracterizados por:

1. Una revolución tecnológica colosal con epicentro en la agencia IDE, una menor en la URSS y otra aún menor en Europa a través del plan EUREKA (European Research Coordination Agency) organizado por “Europa de los 12 más Suiza, Suecia y Noruega”.

2. La aparición como resultado de las investigaciones, de múltiples y casi inconcebibles subproductos científicos y técnicos, acentuando un desnivel que en pocos años fue abismal, entre lo que se llamaba “Primer Mundo” y el resto de las naciones.

La URSS se replegó a su antigua estrategia, no pudo competir en un terreno tan sofisticado por falta de recursos y como consecuencia de estos acontecimientos, en 1989 cayó el Muro de Berlín y poco después, en 1991, se derrumbó el imperio soviético.

Mientras pasaba todo esto, en América Latina en el año 1989, ocurrió el llamado Consenso de Washington donde se estableció para las Américas un sistema de comercio neo-conservador globalizado que debía seguir los lineamientos mundiales aplicados ahora en forma particular para la región. Para América del Norte se llamó NAFTA, para América Central Plan Puebla – Panamá y recientemente CAFTA, y para toda América del Sur ALCA. Resultaría ocioso narrar las desventuras que para nuestros países representó semejante curso de acción. Basta recordar que para que el delegado trilateral en la Argentina José Martínez de Hoz lo implementase, fue necesaria una tiranía sanguinaria a cuya finalización políticos corruptos como Menem y tantos otros, pudieran someter la resistencia popular y malvender a la “actividad privada”, empresas como YPF o Gas del Estado que hoy serían la principal fuente de ingresos del Estado Argentino.

Así discurrieron los acontecimientos, llenos de situaciones a través de los años que primero parecieron consolidar aquella frase “estamos ante el Fin de las Ideologías” del inefable Fukuyama, pero que poco a poco han ido llevando al poder imperial capitalista a sucesivos desastres y fracasos. La situación que actualmente enfrentan el presidente Bush y sus aliados es no sólo comparable, sino peor que la que enfrentó Nixon con su derrota en Vietnam. Los fracasos de sus planes, y sobre todo las ya inocultables derrotas militares en Afghanistán, Irak y Líbano, han socavado el poder imperialista y las sublevaciones de los pueblos cunden por doquier. Ya no hay un oponente ideológico como lo fue la URSS, hoy los oponentes surgen por todos lados y aún su frente interno repudió los procedimientos del régimen instaurado por George W. Bush. La situación parece ser más grave que luego de Vietnam y ante hechos como los que analizamos, aparecieron algunos intentos para revitalizar el imperio como los que denunciaron 600 dirigentes de movimientos campesinos de todo el mundo y ambientalistas reunidos en Malí durante el corriente año. Reproducimos parcialmente las reflexiones de Joao Pedro Stedile, dirigente del Movimiento de los Sin Tierra (MST) y de Vía Campesina Brasil, uno de los asistentes a dicha reunión:

“Analizamos la ofensiva en ciernes del imperialismo para la producción de biocomustibles y convinimos en que se ha estrechado una alianza diabólica para unificar los intereses de tres grandes sectores del capital internacional: las corporaciones petroleras, las transnacionales que controlan el comercio agrícola y las semillas transgénicas y las empresas automovilísticas.

“¿Qué quieren? Mantener el actual patrón consumista del primer mundo, con sus tasas de ganancia. Para ello, pretenden que los países del Sur concentren su agricultura en la producción de combustible para abastecer a los automotores del primer mundo. La energía que contienen los granos o plantas es, en realidad, una metamorfosis agroquímica de la energía solar que, a través del aceite vegetal o del alcohol, se transforma en combustible. Las mejores condiciones para este proceso están al sur del mundo, donde es mayor la incidencia de la energía solar y donde aún hay tierras disponibles.

Además, las empresas quieren aprovechar el empuje de los agrocombustibles para expandir las semillas transgénicas de soja y maíz, asegurándose ganancias por patentes y ventas de agrotóxicos por desarrollo de la agricultura energética.

Esto de producir combustibles con girasol, maíz, soja, almendra, palma africana o caña de azúcar es, aparentemente, una buena intención: sustituir el petróleo, un combustible contaminante y no renovable, con combustibles renovables que no dañan el ambiente. Esta alternativa será premiada con amplia publicidad, porque se presentará como un gesto de buena voluntad para contener el calentamiento de la Tierra.

Pero a la alianza trilateral sólo le interesa obtener ganancias, no le preocupa la situación ambiental. Ha optado por la energía renovable para no depender del petróleo, que importa de países que hoy tienen gobiernos nacionalistas, como Venezuela e Irán, por el fracaso de la guerra en Irak, que ha impedido que Estados Unidos se apropiara de su petróleo, y por la inestabilidad política en Nigeria, Arabia Saudita y Angola.

Los movimientos campesinos sostienen, en primer lugar, que no se debe emplear el término biocombustible, ya que relacionar genéricamente energía con vida (bio) es manipular un concepto que no existe y debe ser reemplazado por agrocombustible.
Segundo, admitimos que el agrocombustible es más adecuado para el medio ambiente que el petróleo. Pero esto no afecta la esencia de la encrucijada que enfrenta la humanidad: el modelo actual de derroche de energía y de transporte individual, que debe ser sustituido por un modelo basado en el transporte colectivo (tren, metro, etcétera).

Tercero, estamos en contra del empleo de bienes que se destinan a la alimentación humana para obtener agrocombustibles.

Cuarto, aunque la producción de agrocombustibles se considere necesaria, debe someterse a modos sustentables. Combatimos el actual modelo neoliberal de agricultura en gran escala y de monocultivo, que es perjudicial para el ambiente por el uso intensivo de agrotóxicos y de mecanización, que elimina mano de obra y agrava el calentamiento del planeta, ya que destruye la biodiversidad e impide que el agua y la humedad de las lluvias se mantengan en equilibrio con la producción agrícola.

Afirmamos que es posible producir combustibles con productos agrícolas si se los cultiva en forma sustentable, en unidades pequeñas y medianas, que no desequilibren el medio ambiente y signifiquen mayor autonomía para los campesinos en el control de la energía y el abastecimiento de las ciudades.

El movimiento campesino repudia la gira latinoamericana de Bush, porque es el inicio de su ofensiva para la exportación de agrocombustibles latinoamericanos al mercado estadounidense.

A cambio, los capitalistas norteamericanos de la alianza trilateral exigen el derecho de instalar decenas de nuevas usinas de alcohol en todo el continente americano; sólo para Brasil la meta es de cien nuevas usinas. Para hacer viable este programa, el gobierno Bush postula que se otorgue al alcohol-etanol el estatus de “materia prima energética” no agrícola, para escapar de las normas que impone a los productos agrícolas la Organización Mundial de Comercio (OMC). Propone también que Brasil, Estados Unidos, la India, Sudáfrica y otros países negocien un patrón tecnológico común para el agrocombustible derivado de la caña de azúcar, maíz o plantas, a fin de darle una fórmula aceptada internacionalmente, dando forma a una suerte de OPEP de energía agrícola que controlaría el comercio mundial.

En los próximos meses los movimientos campesinos continuarán debatiendo para una mejor definición de nuestros conceptos e iniciativas políticas ante este nuevo desafío, incluyendo la definición de una propuesta de producción viable y sustentable.
Sobre todo, discutiremos cómo combatir este designio estadounidense que, si tuviera éxito, significaría una tragedia para la agricultura tropical, pues transformaría grandes extensiones de nuestras mejores tierras en monocultivos, agravaría la pérdida de biodiversidad y reduciría la tierra dedicada a la producción de alimentos, expulsando a millones de campesinos en todo el mundo, que se hacinarán aún más en las favelas de las metrópolis. Todo esto, para abastecer el transporte automotriz individual y mantener el patrón consumista del american way of life.

Esta discusión y esta lucha recién están comenzando. Esperamos que la discusión se extienda a todas las sociedades y que los medios de comunicación reflejen este debate sobre asuntos que son fundamentales para el futuro de nuestros pueblos.”

Todo lo expuesto nos demuestra que para la Argentina se presenta una oportunidad que podría ser determinante para su futuro. Poniéndonos en tono con la “Declaración de Malí” que analizamos y compartimos, podría presentarse una situación muy favorable en un futuro inmediato para nuestro país a poco que nuestros gobernantes la sepan manejar. En efecto, ya se sabe que las nuevas estrellas en la agenda mundial serán los combustibles obtenidos a partir de la industrialización de los vegetales. Se ha llegado a un punto en que por un cúmulo de razones, sean de precio o de dependencia de zonas políticamente inestables del mundo, será inevitable que algo nuevo suceda. Quien sea parte de ese “algo nuevo” podrá promover sus exportaciones, adquirir un rol geoestratégico destacado y producir bienes con demanda creciente en un mundo sediento de combustibles que ya podrían ser más limpios y no contaminantes.

Deberíamos aprovechar, desde el inicio, una política mundial energética gestada desde los grandes centros de consumo. Ello conlleva a desarrollar políticas avanzadas para el sector, abandonar las actitudes “posibilistas” que normalmente esconden corrupción, destinar parte de los recursos y reservas del estado para impulsar las inversiones iniciales a través de empresas en que el país se mantuviera la mayoría y que, a no dudar atraería inversiones externas significativas, ya que el capital siempre sabe muy bien dónde se encuentra la ganancia. En una palabra, una gestión de estadistas y no las habituales que desarrollan los gerentes del muchas veces degradante capital trasnacional que avasalla, corrompe y se roba la mayor parte de los beneficios que deberían ser siempre para nuestros pueblos.

Nos ocuparemos en presentar suscintamente dos proyectos que ya se están gestando en la Argentina y que corren peligro de estancarse o malograrse porque son antagónicos en su concepción al gestado por el gobierno de los EEUU de América del Norte y su nueva Trilateral que basa el desarrollo de estas energías alternativas en la utilización de la caña de azúcar, el maíz y la soja para producir etanol a gran escala. Hacemos nuestros los argumentos que se declararon en Malí para oponernos a este curso de acción y adoptar otra alternativa.

Propugnamos el desarrollo de los siguientes:

1.- Proyecto de elaboración de biocombustibles a partir de las algas y microalgas marinas.

Transcribimos los aspectos principales del informe producido en la web por la Agencia EFE, el 23 de febrero del corriente año:

“En la carrera mundial por producir biocombustibles que abaraten los costos de la energía, Argentina promete picar en punta cuando se convierta en el primer país en fabricar comercialmente biodiésel a partir de las algas marinas.

“El uso de las algas como materia prima para producir biocombustible viene siendo investigado en Japón, en el MI T (Instituto Técnico de Massachusetts) y en nuestro país, pero seremos nosotros los primeros en producirlo con fines comerciales”, dijo a Efe el presidente de la empresa Oil Fox, Jorge Kaloustian.

La firma argentina, que produce biocarburantes desde 1997, suscribió este miércoles una carta de intención con el gobierno de la sureña provincia de Chubut para sembrar cuatro variedades de algas marinas que habitan en el Mar Argentino y producir aceite a partir de éstas.

Para la reproducción de las algas se construirán “ponts”, una especie de piletas gigantes, y se levantará en seis meses una planta aceitera, lo que demandará una inversión de entre 20 y 25 millones de dólares.

El pueblo chubutense de Comodoro Rivadavia ofrecerá la logística para almacenar el aceite que luego será transportado por buques hasta el puerto de San Nicolás, sobre el río Paraná.
En Comodoro Rivadavia, Oil Fox construirá en un plazo de nueve meses, una planta que convertirá el aceite de algas en biodiésel, con una producción anual estimada de 240 mil toneladas.

El empresario había captado 19 millones de dólares de inversores alemanes para construir la planta de San Nicolás, pero como condición para el desembolso le impusieron, entre otras, que Oil Fox consiguiese un contrato de provisión por cinco años con una destilería de aceite de soja.

Si la materia prima para hacer el combustible estaba asegurada, los alemanes concederían el dinero.

Pero ninguna aceitera quiso firmar un compromiso con Oil Fox ante la creciente demanda de aceite de soja por parte de clientes asiáticos que puja los precios hacia arriba.

“Tenía que encontrar otra alternativa. Intentamos con el tártago para hacer aceite de ricino… Comprar una aceitera no era viable. Nos pusimos a investigar y dimos con el trabajo que se está desarrollando en el MIT. Después encontramos una investigación similar en Chubut y allí fuimos”, relató el empresario argentino.

La sorpresa fue mayúscula: de una hectárea de soja se pueden extraer 400 litros de aceite, pero de una superficie sembrada con algas equivalente a una hectárea se pueden producir 100 mil litros.

“Para alimentar la planta de San Nicolás necesitaríamos la producción de soja de 600 mil hectáreas. Con 300 hectáreas de algas en la Patagonia se puede lograr la misma cantidad de aceite”, dijo Kaloustian, quien destacó que “producir aceite a partir de algas es mucho más sencillo y con la mitad del costo que hacerlo a partir de la soja”,
En Chubut, Oil Fox conformará una sociedad mixta con el Estado provincial para producir las algas y el aceite, en tanto que en San Nicolás fabricará el biocombustible que será exportado casi íntegramente a la Unión Europea.

Argentina cuenta desde 2006 con una ley que fomenta la producción de biocombustibles que abre las puertas a nuevas inversiones en el sector, que deberá adquirir una capacidad mínima para elaborar unas 800 mil toneladas al año, ya que a partir de 2010 será obligatorio mezclar los combustibles tradicionales con al menos el 5 % de componentes renovables. “

2. – Proyecto de elaboración de biocombustibles a partir de la jatropha

Transcribimos los aspectos principales del informe producido en la Web por el Diario Hoy el 19 de marzo de 2007:

“Un arbusto resistente, que no daña el suelo y crece fácilmente, podría transformarse en una fuente clave para la industria de los biocombustibles. Y también en una alternativa para la producción agropecuaria. Se trata de la jatropha, cuyos primeros plantines comenzaron a ser ensayados en la zona de La Banda, Santiago del Estero.
El cultivo, que crece en condiciones absolutamente desfavorables, es muy extendido en sectores de Asia y África; también en Brasil, Colombia, México y Nicaragua.

Las semillas de la jatropha tienen forma de nuez, aunque son un poco más pequeñas. Cuando su cáscara exterior, que normalmente es de color verde, empieza a tomar una tonalidad amarillenta, las semillas (son tres) están listas para ser recolectadas. Cada una de ellas contiene un 40 % de aceite. Con la refinación de éste se pueden obtener biocombustibles, considerados la energía del futuro próximo.

Klaus Becker es un profesor alemán que dedica gran parte de su tiempo a probar la resistencia de este arbusto en países como Egipto, India y Madagascar. Además, asesora a la automovilística Daimler-Chrysler, ya que teniendo en cuenta que los precios del crudo y que éste no es renovable, los ecologistas no son los únicos interesados en buscar alternativas al petróleo. Becker comprobó que la jatropha resiste altas temperaturas y sequías, al tiempo que protege y fertiliza el suelo, El secreto que la transforma en tan vigorosa es su veneno. Tanto es así que este hombre ni siquiera tiene que preocuparse por proteger de los depredadores su fábrica de aceite natural. En lugares desérticos donde no crece ni una raíz ni la mala hierba, la jatropha es capaz de crear, con sus arbustos que alcanzan los seis metros, auténticos bosques verdes. Más de ocho meses de sequía al año y temperaturas que rondan los 40° no la marchitan, como observó Becker en Gujarat, India.

La erosión del suelo por el viento y el agua tampoco dañan a la jatropha. Y no sólo eso, gracias a ella, el suelo erosionado vuelve a ser fértil. “En África comprobamos que el viento y el agua, junto con partículas de la jatropha, crean capas de preciados sedimentos de hasta 0,7 cm por año. Con el paso del tiempo, los suelos erosionados se convierten en aptos para el cultivo”, dijo Becker.

Becker piensa que no sólo para Asia y África este poco difundido arbusto es importante. “Para América Latina se presenta como una oportunidad única”, aseguró el investigador. De hecho, hay un grupo de especialistas argentinos que ya comenzó a trabajar para que estas semillas den rédito en la zona de Santiago del Estero, donde se presentarían las condiciones climáticas más propicias.”

En conclusión, apreciamos que alguna vez habrá que dar el salto hacia un proyecto estratégico que puede, de implementarse con toda la fuerza del potencial nacional, cambiar el rumbo de la Nación y encaminarla hacia fines trascendentes. Será imprescindible honradez, capacidad y decisión para lograrlo. No olvidar que las ocasiones realmente importantes para cambios estratégicos, sólo suelen aparecer alguna vez en la vida de los pueblos. No dejemos que otra vez, otro “Sistema Trilateral” sea quien la aproveche.

Queremos recalcar las palabras del general ENRIQUE MOSCONI quien el 1 de agosto de 1929 pudo decir “Los habitantes de la República no sufren más imposiciones que las emanadas de su propio gobierno, que decide libre de injerencias extrañas en todo lo relativo al combustible líquido, y empiezan a volcarse tierra adentro los millones que hasta entonces tomaban camino hacia el mar”.

¿Tendremos la fortuna que otra vez, un gobernante pueda pronunciarlas?

Trabajo elaborado por el Cnl (R) José Luis García y la Prof. Elsa Bruzzone

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