A través de esta columna me he permitido insistir en la importancia de ver los cambios que se avecinan con optimismo. Creo y sostengo que la Asamblea Constituyente es una oportunidad para pensar y reencontrarse con el país. Un reencuentro que no significa olvidar nuestra tradición e iniciar todo de nuevo, sino comprensión de nuestra historia, pensamiento y memoria, para restablecer las relaciones de convivencia colectiva. Por ello, es importante dar cuenta analítica del debate y las posiciones que se despliegan en su seno.

Un tema central es el debate del Estado plurinacional que intenta reconocer la complejidad estructural que penetra a nuestra sociedad, esto es la diversidad y el abigarramiento de la condición social, política y cultural. Y también, pretende ser un nuevo proyecto de autocomprensión del sistema de gobierno y de organización del Estado. El primer aspecto creo que ya lo hemos analizado en pasadas entregas, ahora, me interesaría dar cuenta del segundo.

Estado plurinacional implica repensar el sistema de gobierno, esto es la democracia y la estructura del Estado, su organización vertical y horizontal. Respecto a la democracia se parte de una constatación básica: la crisis de las democracias liberales o bien, en una lectura más mesurada, de la insuficiencia de los arreglos institucionales de la democracia representativa para asimilar y dar cause a los procesos sociales.

Es importante mencionar que la democracia liberal se organiza en base a la representación política territorial, en circunscripciones definidas de acuerdo a la división político-administrativa (departamentos, municipios) y concentración poblacional. El mecanismo de elección de los representantes es a través de procesos eleccionarios debidamente formalizados. La política es, en cierta medida, lo que está establecido o permitido por las disposiciones estatales: régimen electoral e instituciones políticas debidamente registradas y acreditadas. Además, la democracia representativa sostiene al individuo como el portador de los derechos políticos: un ciudadano un voto. Sociedad civil bajo esta lectura son los ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos individuales y políticos.

En ese sentido, la estructura del Estado en su dimensión horizontal es la expresión del equilibrio de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, y en la dimensión vertical, la descentralización político-administrativa que organiza facultades de gobiernos subnacionales. Todo ello, en el marco del gobierno de las Leyes antes que el gobierno de los hombres. Los principios básicos son el respeto y la garantía de los derechos y la positivización o formalización de ellos: Estado de derecho. Hasta aquí el eje central es el liberalismo y con variantes, a lo largo de nuestra historia democrática, se han incorporado arreglos institucionales de la tradición directa y participativa: iniciativa ciudadana, referéndum, etc.

Ahora bien, como he mencionado, la idea de Estado plurinacional es un intento de repensar y dar respuestas a la insuficiencia de los arreglos institucionales de las democracias liberales en la asimilación de las condiciones heterogéneas y abigarradas de la sociedad. No propone la sustitución ni la desaparición de los arreglos liberales sino su flexibilización y complementación con otros. Se propone por ejemplo, en la organización horizontal del Estado, la incorporación de un nuevo poder: el popular ciudadano, como una instancia de consulta permanente e incorporación de la sociedad civil en los procesos de decisión. Así también, el reconocimiento de formas múltiples de ejercicio de autoridad: el pluralismo jurídico, la representación y gobierno consuetudinarias: los “usos y costumbres”, etc. De alguna manera con ello, se subvierte el modelo democrático representativo y participativo a partir de la incorporación de otras formas democráticas de gestión de los conflictos.

En lo que concierne a la organización vertical, la propuesta pretende abrir candados institucionales rígidos, como la división político-administrativa o, bien, la forma de gobierno homogéneo y monocivilizatorio de la democracia liberal. Aquí, por ejemplo, el imaginario de la descentralización político-administrativa es mucho más radical que la de los liberales, pretende (re)inventar el orden político desde la sociedad y, sobre todo, en ese proceso, reconocer la diversidad de las identidades colectivas (étnico-culturales, regionales y sociales) para el establecimiento de gobiernos autónomos en los diferentes niveles territoriales de organización del Estado.

Obviamente, la propuesta plantea nuevos problemas políticos que los constituyentes y la ciudadanía debemos imaginar para conferir rangos institucionales a las prácticas plurales de autogobierno de la sociedad civil, que reclaman en conjunto ser consideradas e incorporadas en la participación y las decisiones políticas.

– Fernando Luis Garcia Yapar, es Secretario de Comunicación del Movimiento Comunero Quechua Martin Uchu y Coordinador Nacional de Asistencia Técnica de la Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC)