La historia oficial siempre se encuentra cargada de engaños y falsedades que pretenden ocultar la verdad para favorecer a los gobiernos de turno y promover la impunidad. Esta historia maneja sus propias verdades y facilita que el gobierno difunda datos y hechos a su provecho, el objetivo es, en gran medida, burlar a la justicia, menospreciar a las víctimas y desatender cualquier medida justa para la reconciliación nacional.

En junio pasado, en los alrededores de un complejo comercial lujoso, una funcionaria municipal del patito en el gobierno hizo erigir un dudoso monumento en memoria del tristemente célebre Roberto D’abuisson cuya frase connotada: “primero El Salvador, segundo El Salvador y tercero El Salvador” fue una copia de los discursos del dictador fascista Mussolini.

El Mayor D’abuisson recibió pagos de la CIA y junto a otros militares exacerbados anticomunistas, dirigieron desde la Guardia Nacional la Agencia Nacional de Seguridad (ANSESAL), de la cual fue separada D’abuisson en 1979 y de donde sustrajo información sobre cientos de personas y sus actividades políticas. Mucha de esta información provenía de los informes que la agrupación ORDEN, creada por altos oficiales militares, proporcionaba sobre ciertas actividades de las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles.

El Mayor D’abuisson se separó de la nueva cúpula militar golpista y aliado con otros militares y ex militares y financiado por un grupo de empresarios y terratenientes que se consideraban ofendidos por la Junta de Gobierno, según informaciones realizadas por el mismo gobierno de los Estados Unidos de América, planificaron, incitaron y realizaron un plan de desestabilización contra el gobierno golpista y a la vez, un plan de exterminio en contra de dirigentes políticos de izquierda y de centro izquierda.

Los discursos televisivos del Mayor D’abuisson en contra de la Democracia Cristiana a quienes tildaba de prestarse al juego del comunismo internacional, estaban marcados con lenguaje soez y machista e incitaban al odio, a la intolerancia y atentaban contra la paz pública.

Mientras D’abuisson señalaba uno a uno los nombres de los desestabilizadores, sus cuerpos, salvajemente asesinados, iban apareciendo en la periferia de la ciudad con señales de tortura. Estos hechos eran denunciados en su homilía dominical por el Arzobispo Oscar Arnulfo Romero quien denunciaba el accionar de los Escuadrones de la Muerte y la incapacidad o complicidad gubernamental para detener la matanza.

Así desde diferente tribuna Monseñor Romero pasa a ser un estorbo par los planes del Mayor y sus seguidores y patrocinadores. Según informó la Comisión de la verdad y ha sido señalado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, el
lugarteniente del Mayor, el Capitán Alvaro Saravia, reconocido conspirador y lugar teniente de D’abuisson, recibió órdenes del Mayor para que planificara los detalles para la ejecución del Arzobispo, la idea era que la muerte de Monseñor Romero promoviera un levantamiento popular desorganizado de tal manera que facilitara a los grupos armados de paramilitares, realizar actividades de exterminio a la que se sumarían necesariamente las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad, de esta manera, contener de una vez por todas una guerra civil organizada que se veía inminente.
Durante el año de 1980, los Escuadrones de la muerte se mantuvieron accionando libremente, la muerte de Monseñor nunca fue investigada a fondo, por el contrario, se realizaron innumerables esfuerzos por evitarla.

Se han realizado en algunas cortes de los Estados Unidos, juicios contra militares que hoy residen en ese país y que han sido señalados ser responsables de graves crímenes de guerra y de lesa humanidad. Alvaro Saravia fue encontrado responsable de ejecutar órdenes del Mayor D’abuisson y dirigir el magnicidio de Monseñor Romero.

Roberto D’Aubuisson colaboró en torturas en el cuartel de la Guardia Nacional, desapareció presos políticos que se encontraban detenidos en ese cuerpo de seguridad, posteriormente, dirigió grupos de exterminio y como fundador del Partido ARENA, difamó, amenazó, acusó y denigró a cientos de personas, que posteriormente, fueron victimas del destierro, la desaparición forzada, la detención ilegal, la tortura y la muerte.

Al menos hasta su muerte, fue un fanático del exterminio de los comunistas, estuvo ligado a personalidades económicamente poderosas. Durante su vida pública nunca realizó llamados a la paz, a la tolerancia o al entendimiento democrático. Para él las únicas fuerzas vivas eran las dueñas del capital y el ejército que les defendía, nunca propugnó por un diálogo ni por una concertación ampliada, todo lo contrario.

El hecho de que no se haya seguido directamente un proceso penal en contra de D’abuisson para determinar su responsabilidad al menos en el asesinato de Monseñor Romero no lo deja libre de culpas, ya ha sido señalado como el juez que inició las primeras investigaciones sufrió un atentado y amenazas contra su vida lo cual le obligó a salir del país, uno de los pocos testigos del caso fue asesinado y otro juez también fue amenazado. La Comisión de la Verdad que fue concebida como una instancia para investigar graves crímenes ocurridos en el marco del conflicto armado y señalar responsabilidades, señaló la responsabilidad de D’abuisson en el crimen de Monseñor Romero, también la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha recomendado al gobierno realizar investigaciones y ha facilitado mucha información sobre la participación del Mayor. Además se deben de considerar principios de Derecho internacional básicos para la promoción de la Paz y los derechos Humanos en donde se establece de que “el hecho de que en el derecho interno no se haya impuesto pena alguna por un acto que constituya delito de derecho internacional, no exime de responsabilidad en derecho internacional de quien lo haya cometido (delitos contra la paz, delitos de guerra o delitos contra la humanidad entre los cuales se encuentran: el asesinato, el exterminio… y otros actos inhumanos cometidos contra población civil, o las persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos)”.
Diputados de ARENA y del PCN, promueven ahora una iniciativa para nombrar a Roberto D’abuisson como hijo meritísimo de El Salvador, distinción otorgada a ciudadanos y ciudadanas distinguidas por sus servicios (humanistas) prestados a la patria. El único servicio que D’abuisson dio, se lo ha dado a un grupo de privilegiados empresarios, banqueros y terratenientes que le emplearon para reponerse de las expropiaciones que realizara el gobierno de la Democracia Cristiana a finales de los años 70’s y a principios de los 80’s,. El único lugar en la historia de El Salvador que tiene Roberto D’abuisson es haber sido un fanático anticomunista, responsable —junto con otros— de un odio exacerbado que se tradujo en terror, dolor y muerte para miles de salvadoreños y salvadoreñas.

Hay que anteponer la decencia, el honor, el respeto, la tolerancia y el amor al prójimo como principios humanistas con los cuales se puede y debe servir a la patria. La ignominia, el terror el odio y el crimen no pueden ser premiados si nos queremos seguir llamando civilizados y respetuosos de la vida y la dignidad humana.

San Salvador, catorce de febrero del dos mil siete.