Parece que Humala no ganó en el Perú, pero sí lo hizo en Estados Unido. Por lo menos es lo que se puede deducir de la lectura de los editoriales de la prensa limeña, las declaraciones de los empresarios y la cara de las autoridades del gobierno. Íbamos tan bien con un presidente de Estados Unidos que gozaba de una mayoría parlamentaria cómoda, y que aparte de hacer la guerra de Irak y Afganistán, poner muros contra los inmigrantes, poner al mundo al borde del conflicto atómico, apoyar a Israel en todas sus trapacerías, intervenir en asuntos internos de otros países, bloquear a Cuba contra el 99% de las Naciones Unidas, perseguir a los gays, proscribir a Darwin en los colegios, etc., tenía la enorme ventaja de promover tratados de libre comercio. Ya el 2004, Toledo había dicho sagazmente que la reelección de Bush podía ser peligrosa para la paz mundial, pero era conveniente para el Perú, porque requeriría buscar aliados al sur de continente y para eso estábamos nosotros. O sea que lo que era malo para el mundo, resultaba bueno para el Perú. En eso todavía estamos.

En cualquier otra época, García se hubiera felicitado por tener un interlocutor más próximo en el congreso gringo, si se entiende que eso de la social democracia aprista tiene algún sentido, y habría trasladado la culpa de apostar todas las fichas a un Bush cada vez más estupidizado, a Toledo y su desesperación entreguista, esa que recordaba alguna vez Mauricio Mulder anotando que traicionamos a Brasil en la OMC, a Venezuela y Bolivia en la CAN, a Ecuador y a Colombia en la negociación del propio TLC, con la meta de conseguir, primero que nadie, el segundo TLC sudamericano, al lado de Chile, que aquí se imaginaba como una especie de graduación en el favor de los dueños del mundo. Pero en Toledo esto de lustrabotas era una profesión y una inclinación natural. Lo curioso es como García, ha venido a demostrar tan rápidamente que no tiene ninguna independencia de los grupos dominantes locales y de su batería de prensa, aún en las posiciones en las que cualquiera con menos de dos dedos de frente se da cuenta que lo están empujando a una piscina sin agua.

Era tonto visitar a Bush en la víspera de su derrota y acompañarlo a hacer una declaración a favor de la política contra la que iban a votar los norteamericanos. Pero García fue como bonzo a acompañarlo en su hora más trágica. Y es aún más bruto insistir en presionar al vencido para que apure la presentación de un documento que está fuera de toda prioridad en la negociación de republicanos y demócratas, cuando se sabe que un acuerdo mucho más importante para ellos, como es el de Vietnam, ha quedado relegado, porque la nueva mayoría quiere revisar lo actuado en los últimos años, incluidos los tratos de comercio. A lo que se exponen es a que el tratado sea directamente rechazado o puesto en el limbo, porque llegó en el momento inoportuno. Pero no hay quién los convenza. Sin duda, eso de la última batalla y de no echarse atrás y ser optimistas hasta el último momento, refleja una negativa de nuestros empresarios y nuestra prensa bushista a aceptar la realidad y trabajar con ella. Y de ahí viene que el presidente debe irse a Washington, el Consejo de Ministros instalarse en la embajada, el Congreso, la CONFIEP, mientras más sea el número de viajeros, más se van a conmover los legisladores de Estados Unidos y en una de esas se abre la ventana de oportunidad y metemos dentro nuestro TLC. Y todo porque se ha creado una emergencia, una situación inesperada, no ven que nadie podía calcular la victoria demócrata y no ven que estos no son nada de confianza , como sí lo son los rudos de George W. Bush

Una “nueva estrategia” se le ha llamado al sancochado. Y es que nadie puede aplicar estrategias, ni nuevas, ni viejas, cuando cerró su participación en el juego. Y eso es lo que hicieron entre diciembre y junio los fanáticos del TLC, apuntalados en el último paso por un APRA, que había anunciado revisión, y votó en bloque el mamotreto de Toledo. No hay estrategia posible si todo depende de la otra parte. Sólo hacer llamadas, visitas, declaraciones y encomendarse a todos los santos. Y como será el enredo, que hace tres días De Soto había anunciado su propia “estrategia”, que era buscar que Estados Unidos acepte complementar el TLC con cartas de compromiso (side letters) en las que se aclararía la cuestión laboral, ambiental y otros. Y dijo que esto tenía 20% de posibilidades. Porque el otro 80% iba para una reapertura de negociaciones y nuevo plazo.

¿Cuánto por ciento de probabilidad podría tener la “nueva estrategia” de García, la CONFIEP y Aldo M., de enviar ministros y todo lo que se pueda para INSISTIR EN Eashingto? Cero por ciento.

– Raúl Wiener http://rwiener.blogspot.com/