Nuevamente el domingo 19 de noviembre del 2006, los (llamados) peruanos y peruanas volveremos a las urnas electorales para emitir nuestro voto, por aquellos o aquellas que creemos o nos hacen creer que es el más “capaz” para gobernar una región, provincia o distrito. El más “capaz” o el mejor candidato es sólo un imaginario auto fabricado por quienes pretenden apoderarse del Poder Regional/ Municipal. Los candidatos para lograr el imaginario “capaz”, el “mejor” o el “mal menor“ no dudan (ni han dudado) a acudir a todo tipo de propaganda periodística escrita, hablada o chismografía. La pretensión de llegar al poder regional o municipal es sólo servirse del pueblo y no servir al pueblo; para confirmar esta versión sólo tenemos que mirar el pasado histórico de nuestros gobernantes que actuaron con toda impunidad y demagogia.

Las ofertas electorales de los (las) candidatos están de lejos de la objetividad y seriedad con los que deberían presentarlo a la sociedad civil; la mayoría de esas ofertas no cuentan con un proyecto realista y que señale al mismo tiempo su fuente financiamiento. Es así que la mayoría obras o actividades que ofertan los candidatos están fuera realidad que no podrán ser cumplidas; unos por no contar con financiamiento y otros por estar desfasados incoherentes fuera de la realidad ni compatibles ni cultural ni ambientalmente.

Es así que la mayoría de acciones y obras a ejecutarse en los próximos cuatro años, no contribuirán entre otros, a mejorar la calidad de vida, mejorar a calidad de la educación y la calidad ambiental en las diferentes regiones del Perú. Por consiguiente tender a la erradicación del hambre y la pobreza como uno de los objetivos del milenio contemplado en los Objetivos del Desarrollo del Milenio es igualmente ignorada por muchos candidatos, o simplemente no consideradas prioritarias.

Pero no sólo eso, sino ocurre lo más atípico, olvidan al sector más potencial que son los pueblos indígenas/ comunidades campesinas, nativas o las poblaciones de los sectores urbano marginales que en su gran mayoría viven de la actividad agropecuaria. Los candidatos/ candidatas siguen pensando que están el la colonia por las que debe pensarse por ellos (considerándolos como menores de edad o como seres inferiores) por las que piensan que deben pensarse por ellos y servirse de sus votos para hacer totalmente lo contrario.

Más no es solamente de servirse de los votos, sino mas que todo empoderarse en el poder, unos por medio de las acciones clientelistas y tanto que los otros piensan que deben gobernar las regiones y las municipalidades familias enteras como ocurre en el actual proceso eleccionario: como vemos en las diversas tiendas políticas a hermanos, esposas, compadrazgos unos para esconder su pasado y otros para monopolizar su poderío. Actitudes totalmente diferentes a los que se desearía de una democracia moderna; o totalmente distantes de lo que fuera el ejercicio de poder en el pasado histórico de los lupaqas, qollas, pakajaqui entre otras etnias del altiplano o lo que fuera el estado confederado del TawaIntiSuyo.

Toda vez, que estos partidos políticos y sus lacayos están lejos de entender la cosmovisión de nuestros pueblos, me refiero a que el mundo criollo-blancoide nunca entenderá las prácticas de usos y costumbres del sistema ayllu. Donde, no existe “líder” (compartido por conyugue, hermanos, compadrazgos), sino existen líderes. Y todos tienen la responsabilidad de ser líder, porque, el ser líder se ejerce por turno y rotación. Aún cuando no sepa hablar español o leer no importa. Cada integrante del ayllu/comunidad al recibir el cargo como nuevo líder recibe el “chicote” (una suerte de vara de mando con una correa hecha de cuero de llama andina) como señal de mando al que todos/das están obligados a respetar por espacio de un año o más. Esta, no es la democracia que practica el Estado-criollo, sino es una “participación comunitaria con identidad”, porque todos consensuan, todos/das las respetan y ayudan a ser líder “al aprendiz” y todos/das se identifican con su nueva autoridad (“Tatay o Mamay”; señor o señora).

El identificarse con la autoridad o asumir el liderazgo no sólo es un imaginario casual, sino es la práctica de “solidaridad y reciprocidad” dentro del ayllu decidida y asumida por consenso, no están escritos en los códigos occidentales sino está basada en acuerdo consensuado de la comunidad/ayllu. Además, la práctica de “reciprocidad y solidaridad” se manifiesta en el ayni, la mink´a, apthapi, achocalla, waki, qulla, entre otras formas dentro del sistema de ayllu. Donde todos están obligados de recibir y dar y de compartir lo recibido con los otros (en fiestas andinas ritualizadas en diversas formas producto de haber recibido los frutos de la pachamama y reverencia por el mismo y de solidaridad con sus semejantes, es decir con los otros/tras miembros de la comunidad).

Las prácticas de participación comunitaria con identidad, traducidas en la solidaridad y reciprocidad es sólo una expresión de convivencia de la mejor manera posible, que significa el “buen vivir” SUMA KAMAÑA (aymara) o SUMAQ KAUSAY (quechua) expresiones intrínsecamente ligados a la filosofía de vida armoniosa entre lo humano y la naturaleza del mundo uro, quechua y aymara. Todas estas prácticas, están incrustadas en nuestros habitus por ser los herederos y guardianes del rico patrimonio cultural, natural e intelectual. Sistema en las que se tiende a revalorar, reinventar y reaprender de la historia milenaria (sistema ayllu) “para hacer mejor las cosas que se sabemos hacer para estas y futuras generaciones”. Pero de ninguna forma, estas acciones significan retroceso al pasado u quedarse estancados en el presente repudiando la modernidad, sino se trata de tomar de la modernidad lo mejor para mejorar las actividades tradicionales que los Pueblos Indígenas lo hemos venido haciendo a la luz del pasado.

Lo más importante de este tipo de gobierno del pasado que aún se practica dentro de los Pueblos Indígenas/ comunidades campesinas o nativas no existe la posibilidad de corrupción, nepotismo o robo, porque no hay que robar sólo el ejercicio de poder por “turno y rotación”.

Este, es el escenario de la actual coyuntura electoral en la Región Puno y del resto del Perú. En la mayoría de propuestas electorales están ausentes temas como la propuesta del actual gobierno de turno sobre municipalización de la Educación, el tema el Tratado de Libre Comercio -TLC-, solución a los problemas básicos como la salud, electricidad/agua, medios productivos que contribuyan a abatir el hambre y la pobreza.

Sin embargo, sobran las propuestas demagógicas para ganar votos. Al igual que en el pasado, el principal objetivo de los gobiernos criollo y los gobiernos locales hacer juego de los mismos para servirse del pueblo, usar a los electores como peones de manipulación política para favorecer los intereses de la “casta gobernante”. Pero que el Pueblo sigue y seguirá siendo olvidado, engañado, explotado y asesinado por las políticas clasistas y racistas de los neoliberales. Ellos tienen todas las armas e instrumentos legales necesario para quedar en la impunidad.

Dentro de este contexto, la política económica del APRA y los gobiernos regionales y municipales que resulten ganadores el próximo 19 de agosto seguirá estando al servicio de la sociedad dominante, de las empresas transnacionales, particularmente al servicio de las empresas mineras que si bien ofrecen trabajos con silicosis y salarios de hambre, mientras asegura planillas de sueldos dorados para los burócratas. En tanto que las comunidades indígenas, dueñas legítimas de esos recursos naturales siguen y seguiremos siendo las más pobres. Donde no tenemos ni tendremos sueldos, vacaciones, jubilación, sino asegurar sólo la muerte lenta. Entonces la política, económica y ambiental del Perú, ignora al campesino/indígena/indio; es decir, el gobierno como dueño del Estado está sólo al servicio de las empresas transnacionales.

Por consiguiente, las elecciones Regionales y Municipales en el Perú que deberían ser una esperanza de Desarrollo, es sólo un proceso de empoderamiento de corrupción, impunidad y continuar con lo mismo de siempre, antes que dar solución, entre otros, a los graves problemas de mejorar la dignidad de vida, mejorar la calidad ambiental a través de la creación de fuentes de empleo. Sobre todo garantizar a los pueblos y comunidades rurales la soberanía sobre sus tierras y territorios, y hacer realidad la libre determinación para que estos pueblos puedan escoger libremente su destino político. En virtud de ese derecho planificar libremente su desarrollo económico, social, ambiental y cultural.

– Fortunato Escobar es directivo de Corporación para Infra Estructura Socio Económica y Transformación Agropecuaria (CCISETA) y del Consejo Indio de Sudamérica (CISA) entidad consultiva ante Consejo Económico y Social -ECOSOC- de la Naciones Unidas www.cciseta.org
www.puebloindio.org

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