Son más de doscientas mil víctimas que reclaman, desde sus frías moradas, justicia .Hace unos días el Juzgado Quinto resolvió dar trámite a la orden de captura internacional girada por la Real Audiencia Española contra Oscar Mejía Víctores, Pedro Arredondo, Germán Chupina Barahona, Benedicto Lucas, y Anibal Guevara. Más de 20 años tuvieron que transcurrir para que los responsables de crímenes tan deleznables pudieran estar hoy en el banquillo de los acusados, y faltan muchos otros, la lista es larga, pero la justicia en países como Guatemala, es aún más tardada.

Quienes “desconocen” o mejor dicho pretenden obviar de la historia de este país la perversidad con la que unos cuantos lo manejaban, se llenan la boca de patriotismo y alegan que se está violando la soberanía del país, de que es inaceptable la injerencia de otros países en asuntos internos, etcétera, etc.

Muchos de ellos son ya de avanzada edad, en la época del terror en el país, eran jóvenes, en que momento de esa etapa vigorosa de su juventud levantaron sus voces para exigir que Guatemala fuera libre de las políticas de terror implementadas por Estados Unidos, por ejemplo. O en qué momento manifestaron su repudio e indignación siquiera por lo brutal de las acciones de los hoy acusados.

Pero bien, el motivo de esta reflexión es poner también sobre la mesa, una realidad, quizá también producto de la llamada desarticulación que la sociedad sufrió a raíz de la guerra vivida en el país.

Después de que se conoce sobre la decisión del Juzgado Quinto, fue realmente un grupo pequeño que manifestó su beneplácito por tan acertada decisión y su insatisfacción porque Ríos Montt, otro militar acusado de genocidio, no estuviera incluido en la lista de capturas.

Somos un país pequeño con un vasto escenario de organizaciones de Derechos Humanos, muchas de estas organizaciones surgidas de las condiciones terribles que la guerra dejaba durante y tras de sí, organizaciones de viudas, de huérfanos, de familiares de personas detenidas y/o desaparecidas y de otras naturalezas.

En este momento tan importante, de gran significado para la Justicia, lo que se puede apreciar también es una gran debilidad de nuestra sociedad y especialmente de las organizaciones de derechos humanos desplegadas a lo largo y ancho del país.

Si bien es cierto se conocieron de algunos comunicados que circularon entre diferentes directorios electrónicos, en éstos, vimos las direcciones de los de siempre y es necesario trascender de éstos espacios reducidos y dar un salto a la sociedad, no estar conformes con que estas detenciones queden en noticia, en las portadas de los diarios.

Es necesario hacer la reflexión y asumir, que nos estamos perdiendo en agendas propias, en agendas dictadas desde fuera, si bien paliando o contribuyendo en determinadas situaciones, pero al fin y al cabo, camisas de fuerza. Nos hemos acomodado.

Hemos olvidado por esa situación, que la necesidad por la que las organizaciones de derechos humanos surgen tiene una raíz común, un fin común, la lucha en el fondo es la misma, por lo tanto es necesario acuerpar los procesos, las acciones, tener una articulación real de agendas, de demandas, de luchas, ir más allá de la reacción, de responder a las coyunturas, pero claro también saber aprovecharlas y mostrar la fuerza, la fortaleza y cambiar la visión errónea que se tiene de las organizaciones.

Si bien, son otras las condiciones, existen experiencias en países como Argentina, Chile; que reflejan al menos unidad por parte de las diferentes organizaciones cuando se trata de demandas en materia de justicia por los crímenes de sus gobiernos dictatoriales durante la década de los ochenta.

Un buen ejemplo es Argentina, donde las Abuelas, las Madres de la Plaza de Mayo, los Hijos y otros, unifican sus luchas y sus demandas son conocidas, trascienden más allá de sus fronteras y son vistas con enorme respeto.

Ambos son países con pérdidas humanas que no son ni la tercera parte de las que Guatemala tuvo.

Quizás lo que también hace falta en el caso de Guatemala, es una mejor estrategia de comunicación que haga trascender y visibilizar los procesos, las acciones llevadas a cabo. Acompañado claro, también de agendas que confluyan en un horizonte común: la Justicia.

Son más de doscientas mil las víctimas, que reclaman desde sus frías moradas, Justicia, esa que no se consigue con una remuneración simbólica hacía sus familiares.

Por cierto, del Programa Nacional de Resarcimiento, nada se conoció respecto al tema, así también de diferentes dirigentes de quienes se esperaba mucho más de lo observado.

– Dania M. Rodríguez Martínez es analista asociada de Incidencia Democrática.

Fuente: Incidencia Democrática (Guatemala)
http://www.i-dem.org