Las manifestaciones populares contra el TLC, realizadas el 23 y 24 de octubre, reiteraron lo que ya es usual en tales jornadas de movilización ciudadana en Costa Rica: son espacios de educación y participación cívica; dotados de una gran riqueza expresiva y estética; libérrimos, pluralistas y multicolores. El martes 24, de regreso en bus tras la marcha, un hondureño a mi lado me lo comentaba. Lo hacía con la discreción esperable en un extranjero que no querría ser pillado participando en algo así. Su comentario expresaba admiración ante el sentido lúdico y artístico que impregnaba aquel acto político de carácter masivo. Logré así aquilatar mejor el valor democrático de estas manifestaciones de protesta popular.

Ni el gobierno ni la mayoría de los medios más poderosos vieron nada de esto. Algún telenoticiario lo percibió lejanamente. La Nación, en particular, parece tan solo haber visto jóvenes encapuchados, según ellos apertrechados con “bombas molotov” y jalando carretillos cargados de piedras. Al cabo, dos fantasmas han sido agitados desde ese y otros de los medios oligárquicos: la juventud y los sindicatos. Sobre estos últimos, La Nación ha recurrido recientemente a un refrito acerca de presuntas declaraciones incendiarias y subversivas de algunos de sus dirigentes. Ante esto, se rasgan las vestiduras y convocan a la guerra santa contra la “subversión sindical”.

Y lo hacen después de que la Sala Constitucional subvirtió todo el orden normativo aprobando la reelección presidencial. Después de que los propios medios –bajo liderazgo de La Nación– se afanaron durante toda la campaña electoral en un ejercicio impúdico de manipulación de encuestas y subversión de la voluntad popular. Y después de que el propio Tribunal de Elecciones alcahueteó desvergonzadamente todas las irregularidades denunciadas en las pasadas elecciones sin dar una sola respuesta seria ni convincente. Y en medio –justo durante estas semanas– de un proceso de “debate” legislativo del TLC que es tan solo un show mal fraguado y una burla descarada a la inteligencia del pueblo costarricense. Los medios poderosos, junto con el gobierno de los Arias y las cúpulas empresariales, fantasean con la amenaza sindical, mientras fingen no enterarse de la forma como ha sido subvertido todo el edificio de la institucionalidad democrática en Costa Rica. Desde luego, “no se enteran” porque son involucrados directos –y directos responsables– en este proceso de deslegitimación institucional.

El otro fantasma que asusta a estos dueños del poder, es la gente joven. Sacar fotografías de chicos y chicas con la cara cubierta e insinuar que tenían intenciones violentas, ha sido tan solo la cereza del pastel. La cosa queda mejor ilustrada si hacemos referencia a la experiencia vivida por mis amigos y amigas del Movimiento Estudiantil Alternativo. Se trata de un grupo de gente en cuyo corazón late –vital y energético– lo mejor de la historia de este país, y en cuya sensibilidad e inteligencia sobrevive la esperanza de un mundo distinto y más humano. En la adolescencia o veinteañeros ¡Y qué agallas, qué entusiasmo y desinterés, qué creatividad y sentido crítico, qué amor por su patria! El caso es que a estas personas jóvenes les saturaban sus celulares de mensajes; les bloqueaban los correos electrónicos; les vigilaban su lugar de reuniones; les perseguían en auto por la calle…
¿Subversivos los chicos y chicas del Movimiento Estudiantil Alternativo? Tal cosa parecen creer sus hostigadores, que de seguro tan solo son asalariados del poder. Su actuar responde a la misma lógica de La Nación y del gobierno en sus afanes por ensuciar la participación juvenil en las jornadas anti-TLC. Bueno, digo yo, que si amar a su país y aspirar a una sociedad mejor es subversión, deseable resulta entonces que la subversión sea epidemia. Mas, desde luego, la capacidad para soñar y alimentar ilusiones y, sobre todo, la capacidad para trabajar bajo el ímpetu de ese sueño, es algo que horroriza a los poderosos. Estos han hecho un mundo a la medida de su avaricia. Y quisieran que la juventud acepte sumisa ese mundo de pesadilla que le ofrecen. Es la edad peligrosa. Por eso le temen a la gente joven e intentan satanizarla. Por eso, además, le ofrecen estupidez de paquete, en un millón de triqueñuelas mercantiles, para manipularla y someterla; adormecer su sensibilidad y embotar su inteligencia; y, en fin, robarle su ilusión.

Mala noticia para las momias y los sepulcros blanqueados. El corazón y la inteligencia de la juventud de Costa Rica gozan de excelente salud. Sienten –más que simplemente conocen– la historia de su país, y por eso lo aman. Sienten –más que simplemente cuantifican– los sufrimientos de su pueblo, y por eso luchan. Estudian y trabajan, y, de vuelta, trabajan y estudian, sin apenas cansarse. Chicos de pelo largo y jeans raídos. Chicas de blusa corta y ombligo al aire. Chicos y chicas de mochila y canción. Irreverentemente vitales; por las aceras desparraman litros de hormonas y en las piernas les pica el cosquilleo del baile. Y además, qué carajo, ¡Cómo aman a su país!
A la gente joven de Costa Rica, muchas gracias. Y, en particular, a mis amigos y amigas del Movimiento Estudiantil Alternativo mi homenaje y reconocimiento. Ustedes me han hecho sentir veinteañero de nuevo.

Fuente: http://www.tribunademocratica.com/2006/11/la_edad_peligrosa.html

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