El presidente de Estados Unidos firmó una disposición que permite la tortura a los sospechados de “terrorismo” y niega a los detenidos la posibilidad de un habeas corpus. Washington se parece cada vez más a una novela del gran escritor checo.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, firmó una nueva ley que permite endurecer los interrogatorios a presuntos terroristas, y autoriza el uso de pruebas obtenidas por medios coercitivos. De la misma forma, la norma no obliga a los detenidos a adoptar la defensa de un abogado y, lo que es aún peor, impide explícitamente la presentación ante la justicia de recursos de hábeas corpus para intentar revocar su arresto o cuestionar las condiciones de su detención.

La medida adoptada por Bush viola claramente el tratado de Ginebra que garantiza los derechos básicos de las personas detenidas. Asimismo, admite la presencia de prácticas que grupos de defensa de derechos humanos consideran cercanas a la tortura, como la privación de sueño y la hipotermia inducida.

Lo único que pretende el presidente de EEUU es que el mundo entre en un estado de guerra permanente. Esto funciona como una perfecta excusa para justificar la presencia de bases secretas en todo el mundo, hecho que ya fue admitido por el propio mandatario. Igualmente, la ley sirve para otorgar marco legal a las ya sistemáticas torturas a las que son sometidos los presos “sospechosos de acciones terroristas” tal como las que se suceden cotidianamente en la cárcel de Guantánamo, y que fueran retratadas en numerosas fotografías tomadas por divertidos Marines.

Las nuevas normas antiterroristas de Bush, recuerdan al libro “El Proceso” de Franz Kafka, publicado el 1925, y que fue una precisa premonición de lo que sería el nazismo, 15 años después. En la novela, el personaje central, Joseph K, es perseguido y oprimido en todas sus dimensiones por un sistema ubicuo que pretende enjuiciarlo sin causa aparente. Finalmente, luego de transitar los eternos pasillos de la burocracia en los que es despojado de todos sus derechos, el personaje es arrojado a la muerte.

Bush pretende ser “la ley” del mundo, arrogándose el derecho de juzgar a las personas por fuera de las normas internacionales vigentes y acordadas por todos los países del mundo. Pretende convertirse en ese sistema ubicuo kafkiano, que persigue a los seres humanos hasta la muerte, y sin causa aparente.

Prueba de esto es que a partir de la nueva ley se amplía el concepto de “combatientes enemigos” a cualquier persona que ofrezca apoyo financiero y material a “grupos terroristas”. Esto significa, lisa y llanamente, que cualquier ser humano considerado enemigo por Washington, y al que pueda probársele un vínculo endeble con el “terrorismo” puede ser juzgado en tribunales militares, y sujeto a interrogatorios violentos.

Así lo piensa Bill Goodman, director de asuntos legales del Centro para los Derechos Constitucionales, quien señalo que la definición de “combatientes enemigos” significaría que “casi todos los que se opongan al presidente o al Gobierno (de EE UU) podrían ser encarcelados indefinidamente. Este proyecto de ley es una burla al imperio de la ley”.

Hace algunos meses, Estados Unidos vinculó al presidente de Venezuela, Hugo Chávez con la organización armada Hezbollah. ¿Podría el mandatario, entonces, entrar dentro de la categoría de “combatientes enemigos”? ¿No debería la familia Bush ser considerada como “combatiente enemiga”, debido a sus probados vínculos financieros con Bin Laden, el supuesto autor intelectual de los atentados a las Torres Gemelas”?

Las respuestas pueden encontrarse dentro del doble discurso de Bush, cuyo único objetivo en su “cruzada antiterrorista” es hacerse con los recursos económicos del mundo, y perseguir a todos aquellos que se oponen a los intereses de Washington. Sobrada prueba de esto es Irak, donde las principales empresas concesionarias del petróleo son de capitales estadounidenses, y lugar donde, según un estudio conocido días atrás, murieron más de 600 mil personas desde el comienzo de la guerra y a causa de ella. Para Bush, estas muertes sólo representan “daños colaterales”.

Volviendo a la nueva ley antiterrorismo, es imperante retomar el punto que prohíbe a los detenidos la presentación de un habeas corpus para cuestionar su detención.

El hábeas corpus fue sancionado por primera vez en la Carta Magna, en Inglaterra, en el 1215. Significa en latín “que tengas tu cuerpo” para exponer. Es el derecho del ciudadano detenido a comparecer inmediata y públicamente ante un juez o tribunal para que éste resuelva si su arresto fue o no legal, y si debe alzarse.
Se trata, de esta forma, de un derecho básico que les es negado a los sospechosos de “terrorismo”. En este sentido, el senador republicano Arlen Specter, presidente del comité de asuntos judiciales de la Cámara Alta y compañero de partido del presidente Bush, afirmó que la ley hará “retroceder 900 años” el estatuto jurídico de Estados Unidos.

Asimismo, varias asociaciones de defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional (AI); la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU) o la asociación Human Rights Watch, condenaron firmemente las medidas adoptadas por el presidente de Estados Unidos.

En un comunicado desde su sede en Londres, AI consideró que esos procedimientos “que socavan los principios básicos de la Justicia, están creando un clima en el que se producirán más violaciones de los derechos humanos`” También aclaró que “la única forma de garantizar la seguridad a todo el mundo y la reparación a las víctimas del terrorismo es mediante la aplicación de una justicia auténtica”.

José Miguel Vivanco, director para las Américas de la organización de derechos humanos Human Rights Watch explicó en declaraciones publicadas en la BBC que “lo que intentan es redefinir la tortura, permitiendo técnicas cuestionables como la privación de sueño o poniendo a la gente en lugares muy fríos por horas”.

Por su parte, el presidente Bush, secundado por el vicepresidente, Dick Cheney, el jefe del Pentágono Donald Rumsfeld, afirmó que la norma contribuirá a “garantizar la seguridad del país” y “ayudará a salvar vidas”. “Es poco frecuente que un presidente firme un proyecto sabiendo que salvará vidas de estadounidenses. Yo tengo ese privilegio esta mañana”, agregó.

No se entiende bien cómo una ley que favorece las torturas y despoja a las personas detenidas de sus derechos básicos pueda ayudar a salvar vidas. De la misma forma, tampoco se entiende cómo un presidente tan preocupado por la vida de los seres humanos fomenta las muertes en Irak con la presencia de su ejército, y apoya, por ejemplo, acciones unilaterales como la del estado de Israel frente al pueblo del Líbano.

Lo único que sí se logra entender, y que es un mecanismo recurrente en los últimos años, es que el presidente Bush sigue otorgándose potestades que lo acercan cada vez más a ser ese sistema omnipotente prefigurado por Kafka. También, es posible observar cómo, para el mandatario estadounidense, la humanidad es cada vez más parecida a su personaje, Joseph K.

Fuente: Agencia Periodística del MERCOSUR (APM), Mar del Plata / Argentina
http://www.prensamercosur.com.ar

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