Cuando el rey de España Don Juan Carlos de Borbón y demás hierbas visitó Guatemala al final de la década de los setentas, el brindis del opíparo ágape palaciego giró en torno al día de la hispanidad, efemérides que se celebraba en la ocasión de marras. Todos los presentes aplaudieron a rabiar al terminar de sorber el espumoso líquido. El rey aplaudió porque sí sabe historia; los demás, aplaudieron porque la desconocen en su crudeza, porque no se han preocupado de encajar lo que los hispanos hicieron en esta subAmérica.

Es difícil entender la inmensa brecha entre ricos y pobres y su correspondiente jerarquización que se han consolidado en este país aunque es más cuesta arriba tratar de comprender por qué no podemos sacudirnos esa cultura de súbdito que nos caracteriza y que mamamos, cultivamos, practicamos y transmitimos.

Tenemos fiestas de independencia, de revoluciones, de muchos colores y con héroes de a montón. Y desfiles y trompetas y tambores y masa que se solaza sin entender el fondo de tanta “pompa y circunstancia”. A nuestros jóvenes y niños no les decimos la verdad de lo que pasó. Yo les repetí, año a año a mis patojos, que luego de Cristóbal Colón vinieron Cortez, Alvarado, Pedrarias Dávila, Francisco Pizarro, Núñez de Balboa; cada uno de ellos al frente de sendas gavillas de aventureros incultos y codiciosos, que se dedicaron a saquear, a expoliar y a destruir a ¿nuestros antepasados? y su provecta y ancestral cultura.

Y aún así, ignorantes de la historia que somos, seguimos dedicando un día del año a la celebración del 12 de octubre. ¿Día de la raza?, ¿cuál raza? ¿Día de la hispanidad? Lo instituyó el fascista Franco, otro que sí conocía de historia.

Hoy miércoles se cumplen 514 años del descubrimiento de América. Si no les dieran feriado a los niños en la escuela, la fecha probablemente pasaría desapercibida. Los patojos felices por el asueto. Nosotros, ladinos y mayas, seguramente que no aprovecharemos el día para empezar a establecer lazos de interculturalidad entre nosotros. Seguiremos sin atinarle a que, aunque no lo sepamos, somos una clase en sí y que debemos empezar la ruta hacia convertirnos en una clase para sí.

Nuevos vientos, sin embargo, empiezan a soplar e hinchar las velas de la nave de los marginados, timoneada por la subversión indígena portadora de una cosmovisión distinta de la occidental e inspirada en el guevarismo redentor. Más temprano que tarde, estas corrientes de pensamiento y acción convergerán para dar a luz a un enriquecedor “mestizaje”, característica actual muy propia de los movimientos sociales de toda la región latinoamericana.

Así que ya no más días de la raza, ni de la hispanidad. En varios lugares al 12 de octubre se le ha rebautizado como el Día de la Resistencia de los Pueblos Originarios y el apelativo encaja en el oscuro pasado, en el endeble presente y en el ignoto futuro de Latinoamérica. Desde el norte hasta el sur, los pueblos indígenas reivindican sus ancestrales derechos sobre estos territorios y su aprovechamiento racional. Saltan en fiera defensa de sus recursos naturales, de sus lenguas, su autodeterminación, el ambiente y sus identidades culturales.

Hasta hace unos cuantos años, las elites políticas y económicas locales y regionales se dedicaron a exaltar el esplendor indígena del pasado mediante festivales y exposiciones que rompían records de asistencia, pero que menospreciaban a los indios vivos y los confinaban al inguatismo y al folclorismo.

El 12 de octubre debe servir, de ahora en adelante, para visibilizar a los pueblos indígenas e impulsar el inicio del fin de la exclusión social, política, económica y cultural y la extrema pobreza que han padecido durante estos largos 514 años. El 12 de octubre debe dejar de ser el tradicional y vacuo día de la raza y convertirse en una jornada de lucha y reivindicación de los pueblos indígenas.

Así como Cristóbal Colón nunca supo que había arribado a un nuevo continente, así las elites globalizadas ignoran que las sociedades subamericanas están cambiando para siempre en su interior y que las expectativas y demandas de los pueblos indígenas en pos de su inclusión en un modelo futuro de sus naciones se están articulando y convirtiendo en bandera de todos los excluidos del mundo.

J. Santos Coy – Analista invitado de Incidencia Democrática.

Fuente: Incidencia Democrática (Guatemala)
http://www.i-dem.org

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