América Central, junto a Colombia y Perú, se está convirtiendo en el último reducto de apoyo político, casi incondicional, que le queda al aislado gobierno de Estados Unidos. En el último par de años, en nuestra América Latina y sus venas abiertas, se han producido elecciones en distintos países, cada una con sus propias características, aunque con elementos en común. Por un lado, ante el sonoro fracaso del modelo neoliberal y el agotamiento de los distintos gobiernos de derechas, y por el otro ante la emergencia de candidatos provenientes de variopintas expresiones de las izquierdas, con bastantes posibilidades de triunfo o, por lo menos, de cimbrar y conmocionar el sistema político de sus respectivos países.

Desde la exitosa intromisión directa, exitosa y sin ninguna sutileza, producida en el proceso electoral, por los primos del norte (como se estila decir en México), pasando por la crisis del sistema político bi partidario de la otrora tan estable y civilizada Costa Rica (al extremo que las fuerzas conservadoras, luego del tan estruendoso fracaso en el Uruguay de los setenta, reeditaron el tan provinciano mote de la “Suiza de América”), en el que en medio de acusaciones por graves irregularidades, logró el triunfo el desgastado Premio Nóbel de la Paz, Óscar Arias; hasta el semi colapso en que cayó el sistema político mexicano, luego del tan cuestionado triunfo de la derecha, en desmedro del declarado triunfador: Andrés Manuel López Obrador.

A Ollanta Humala parece haberle afectado una especie de intoxicación, producida por demasiada exposición a la izquierda chavista, la que a pesar del reiterado desmarque de última hora que intentara, parece haberle significado la derrota electoral. En una muestra de los malabares que está dispuesta a realizar la derecha, del tipo del excelente literato y repulsivo político Mario Vargas Llosa, a la que no le importó el trago amargo que significa Allan García, a quien denostaron y ridiculizaron durante años, para luego encumbrarlo de nuevo a la presidencia en Perú, en una segunda vuelta en que el objetivo real era: evitar el triunfo de Humala.

Todavía hace falta ver cuál será el desenlace, el próximo 5 de noviembre, en la tan cercana y querida Nicaragua (tan “amargamente dulce”), en la que hasta ahora han resultado infructuosos los permanentes esfuerzos del embajador de Estados Unidos, para alinear a las distintas fuerzas de derecha alrededor de una sola candidatura, que permita evitar así el triunfo de Daniel Ortega y los sandinistas.

Por su parte el Presidente Lula, que buscará la reelección este 1 de octubre, ha estado gobernando entre luces y sombras. Lula ha demostrado capacidad política para hacerse relativamente aceptable para el gran poder económico brasilero, y a su vez promover limitadas pero importantes políticas de beneficio social. Brasil se ha convertido en una de las economías emergentes más importantes del mundo; junto a China e India, incluso han llegado a generar desequilibrios en el mercado de varios recursos naturales, entre ellos los energéticos. En contraste a su enorme riqueza, Brasil es el segundo país más desigual de América Latina, sólo después de Guatemala.

Los malabares que Lula ha realizado para mantener el equilibrio le han producido un distanciamiento de importantes grupos sociales que fueron su base natural, como el movimiento de los Sin Tierra. En estas elecciones son tres opciones de diferentes matices de izquierdas las que tienen posibilidades de triunfo. De ellas a Lula se le identifica como al más moderado, pero a pesar de los graves errores de varios miembros de su Partido del Trabajo, que se han inmiscuido en actos de corrupción, Lula no ha perdido su carisma y cuenta con importantísimo apoyo popular y parece encaminado a una segura victoria electoral este domingo, la que, según muchos, podría darse en primera vuelta.

En todo caso América Central, junto a Colombia y Perú, se está convirtiendo en el último reducto de apoyo político, casi incondicional, que le queda al aislado gobierno de Estados Unidos. Por esa razón lo que pase en las elecciones de Ecuador se reviste de tanta importancia. Para el Presidente Bush y los halcones que le soportan, no estaría nada mal hacerse de un triángulo de apoyo soportado por Álvaro Uribe en Colombia y Allán García, en Perú, escenario en el que Ecuador estaría designado a proveer la tercera pata de apoyo.

Por todo esto en Ecuador parece estar preparado el tinglado para otro dramático proceso electoral, que se celebrará este 15 de octubre, en el que un candidato de izquierdas, Rafael Correa, candidato de Alianza País, está emergiendo del limbo, como antes lo hizo Humala. La tendencia que está promoviendo las izquierdas, es promover una Asamblea Nacional Constituyente, para profundizar la democracia.

En Ecuador ya está el antecedente del ¡Qué se vayan todos!, que sacó casi corriendo, al más puro estilo Piquetero argentino, al coronel Lucio Gutiérrez, el 20 de abril de 2005. Júbilo popular causó la salida del poder de Gutiérrez, a quien en sus primeros momentos se le identificó como un candidato de izquierda y llegó al poder con amplio respaldo de sectores populares y pueblos indígenas; pero que a poco de tomar posesión mostró el cobre.

Unos dos años antes de su salida el diputado ecuatoriano Nela Martínez sentenció: “Señor presidente Gutiérrez: La gloria tiene su precio y la traición también”. La premonitoria frase se originaba en que, ya en el poder, el Coronel Gutiérrez se auto declaró como amigo (el mejor, según él), del Presidente Bush e íntimo de Álvaro Uribe. Demostrando su consecuencia con este alineamiento se dedicó a apoyar el Plan Colombia, para lo cual dispuso de jóvenes soldados ecuatorianos a los que mandó a militarizar la frontera; por supuesto la embajadora de Estados Unidos, Kristie Kenney, tuvo la posibilidad de ejercer con entera libertad su intervencionismo. Apoyó sin restricciones el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y en el colmo de la sumisión a los organismos financieros internacionales, en Ecuador se le acusó de firmar, sin haberla leído, una Carta de Intención con el FMI.

Frente al inicio de una insurrección popular en contra de Gutiérrez, ya que el pueblo ecuatoriano mantenía incluso cercado el Palacio de Gobierno, ejército ecuatoriano le retiró su apoyo y el pequeño dictador tuvo que salir exiliado hacia Panamá. Por su parte el Congreso Nacional de Ecuador le dio posesión de Presidente Constitucional al cardiólogo Alfredo Palacio.

Consolidar a un candidato de derechas en Ecuador, a Estados Unidos le proporcionaría el soporte perfecto al desarrollo de un Tratado de Libre Comercio sub regional y al Plan Colombia, además de contribuir a colocar una barrera geográfica al Presidente Hugo Chávez, y a Estados Unidos le daría el acceso al control, de recursos estratégicos, incluyendo el petróleo.

– Enrique Álvarez : Director de Incidencia Democrática.

Fuente: Incidencia Democrática (Guatemala)
http://www.i-dem.org